taller de escritura

Cómo escribir mejores diálogos... y de regalo una foto de Keanu Reeves


Keanu Reeves también hace comedias románticas, es algo que está ahí y debemos afrontar. Pensemos en un lugar feliz, sigamos adelante y superemos el trauma. No todo van a ser tiroteos coreografiados y asesinatos de ninjas con lápices, aunque no estaría mal. Una de las últimas películas del bueno de Keanu se llama La boda de mi ex y tiene algunos de los diálogos más forzados que he escuchado en mucho tiempo. De ahí surge la idea para este artículo, de la pregunta con la que todo escritor se topa en algún momento: ¿qué convierte un diálogo de ficción en un buen diálogo?

He insistido en "de ficción" por un motivo. Suele haber una tendencia a considerar un buen diálogo como el más realista, suponiendo que eso es lo mejor, que los personajes hablen como lo haríamos nosotros. Grave error. Los diálogos reales están llenos de repeticiones, imprecisiones, frases que no terminan, interlocutores que se pisan los unos a los otros e hilos que van surgiendo y no van a ninguna parte. A veces un diálogo de la calle casi no puede llegar siquiera a catalogarse como comunicación. Por el contrario, un diálogo de ficción cumple un papel dentro de una trama y por tanto debe tener sentido claro y una intención. El autor además debe escribirlo siendo consciente siempre que ambos hablantes se están dirigiendo en realidad a un tercero, el lector/espectador.

En una novela, guion o aventura, el diálogo transmite información, que puede ser sobre la propia trama, sobre su trasfondo o sobre los personajes. Lograrlo de forma natural, sin que parezca que estamos sermoneando al lector, es todo un arte. En un diálogo mal escrito se nota que hay demasiados datos en el aire, que se están dejando ahí para que nosotros nos enteremos. A menudo, para redondear, estos intercambios ocurren con la figura de "el nuevo" al que los protagonistas más veteranos explican qué está pasando, cómo y por qué. En Origen, de Christopher Nolan, el paseo con charla que Cobb y los demás le dan a Ariadne es un ejemplo tan claro que chirría. Hay que elegir muy bien qué contar y qué mostrar, sobre todo si nuestro medio es audiovisual.

El punto medio del diálogo ideal es una cuerda floja en la que nosotros, como autores, fingimos que no hay lector/espectador y todo es perfectamente natural, mientras usamos recursos de habla tan artificiales que en la vida real nos mirarán como marcianos. Por tanto, debemos centrarnos. Las normas básicas para un diálogo se pueden resumir así:

  • Un diálogo debe ser claro, conciso y aportar información. El lector está esperando enterarse de algo nuevo y debemos dárselo. Hablar por hablar no es una opción. No es necesario desvelar un giro de la trama cada vez, es suficiente con que sepamos algo nuevo de los interlocutores, de dónde están o de sus motivaciones.
  • Un diálogo debe sonar natural. Incluso en la ficción, las largas parrafadas sin interrupciones resultarán extrañas. El habla suele ser un intercambio corto y directo. Omitiremos las redundancias y procuraremos que no haya cabos sueltos, a no ser que nuestro protagonista sea un desastre y queramos recalcarlo así, de forma balbuceante y atropellada.
  • Un diálogo debe ser único. Un buen ejercicio es pensar si nuestras frases son tan buenas como para que sean recordadas después, sin chocar con el punto anterior. Cada conversación no puede ser un soneto de Shakespeare, pero sí puede dar la impresión de que es algo valioso y relevante entre los protagonistas.


Y como colofón, la última norma sería que puedes saltarte todas las anteriores si sirve para caracterizar o enfatizar algo, ya sea la situación, los personajes, el lugar o la época. Incluso la caricatura y la exageración son perfectamente válidas.

En nuestra vida cotidiana nadie se detiene a contar historias como en las películas de Quentin Tarantino, pero no cambiaríamos por nada a Vincent Vega explicándonos cómo se llama a la hamburguesa de cuarto de libra con queso en París en Pulp Fiction, o los dilemas de cafetería de los atracadores de Reservoir Dogs. Tampoco es natural la forma en la que se expresan los personajes de Wes Anderson, pero su aire de teatro de marionetas es parte de su estilo y es lo que hace especial su obra. En el otro extremo, podemos tratar de emular a la serie The Wire y ser hiperrealistas en la forma en la que se expresan los delincuentes de nuestra novela, pero solo si dominamos el terreno. Con el diálogo ocurre como con muchas otras cosas, menos es más, y a menudo lo que "parece real" funciona mejor que la verdad.

7 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo.
    Ya se quejaba un autor clásico (no recuerdo su nombre, y ni siquiera si era griego o latino, la verdad) que para escuchar diálogos de mercado prefería ir al mercado, y no al teatro.
    Por supuesto, se podría argumentar que si el diálogo tiene lugar en un mercado, y sobre todo en función del tono y la intención de la escena u obra, podría tener todo el sentido del mundo.

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    1. Además hay que ser muy bueno para escribir diálogos "de la calle" genuinos. Se nota mucho cuando un autor usa una jerga que no es la suya habitual. Yo intento como mínimo que suenen creíbles, que ya es todo un reto.

      Un saludo.

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  2. "Hay elegir muy bien qué contar", te faltó ahí un "que", ¿no?

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    1. Corregido. ¡Gracias, Mr demonio!

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    2. Keanu ha hecho cosas... cosas nazis... :D

      Me parece crucial lo que dices, un diálogo realista no es un diálogo real. Lo importante es que el diálogo trasmita y conduzca por la historia, no que la frene o te saque de ella. Es evidente que nadie habla o habló nunca como en cualquier obra de teatro del cpt. Shakespeare, y eso no quita que esos diálogos sean magníficos. Que en Cyrano de Bergerac se hable en verso... no dificulta la narración sino que la empuja por dónde y cómo debe. Todas las normas, como dices, se resumen en que no hay normas... aunque las haya.

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  3. "Tengo una idea diferente de elegancia. No me visto como un petimetre, pero mi moral es impecable. Nunca aparezco en público con la consciencia sucia, el honor manchado, escrúpulos raídos o sin lavarme. Siempre estoy inmaculadamente limpio, adornado con franqueza e independencia. Puede que no tenga una figura elegante, pero mantengo mi alma erecta."
    :D

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  4. Y luego está que los actores sepan decir el texto. No hay que olvidarse que un mal diálogo mejora con un buen actor y que un mal actor se carga cualquier texto por bueno que sea.

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