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El laberinto perdido de Egipto



Heródoto, en el libro II de su Historia, describe un lugar misterioso y secreto de Egipto, un laberinto de tales dimensiones que hacía palidecer a las propias pirámides. Ese espectacular complejo funerario, compuesto por miles de estancias tanto sobre la superficie como bajo tierra, no ha sido visto ni hallado jamás. Las últimas investigaciones apuntan a que sus ruinas se encuentran sepultadas a ocho metros de profundidad frente a la pirámide de Hawara, construida por Amenemhat III. ¿Será este el final del enigma? ¿Se reduce todo a las palabras algo exageradas de un veterano cronista?

Pero veamos lo que decía Heródoto sobre el lugar:

"Decidieron también dejar en común un monumento conmemorativo suyo y, una vez tomada esa decisión, ordenaron la construcción de un laberinto, que se halla al sur del lago Meris, aproximadamente a la altura de la ciudad que se llama Cocodrilópolis; yo lo he visto personalmente y, desde luego, excede toda ponderación. En efecto, si se sacara la cuenta de las construcciones y obras de arte realizadas por los griegos, se vería que han supuesto menos esfuerzo y costo que este laberinto; y eso que tanto el templo de Éfeso como los de Samos son verdaderamente importantes. Ya las pirámides eran, sin duda, superiores a toda ponderación y cada una de ellas equiparable a muchas y aun grandes obras griegas, pero la verdad es que el laberinto supera, incluso, a las pirámides.

Tiene doce patios cubiertos, seis de ellos orientados hacia el norte y seis hacia el sur, todos contiguos, cuyas puertas se abren unas frente a otras, y rodeados por un mismo muro exterior. Dentro hay una doble serie de estancias —unas subterráneas y otras en un primer piso sobre las anteriores—, en un número de tres mil; mil quinientas en cada nivel. Pues bien, nosotros personalmente pudimos ver y recorrer las estancias del primer piso y de ellas hablamos por nuestras propias observaciones; de las subterráneas, en cambio, tuvimos que informarnos verbalmente, pues los egipcios encargados de ellas no quisieron enseñárnoslas bajo ningún concepto, aduciendo que allí se encontraban las tumbas de los reyes que ordenaron el inicio de las obras de este laberinto y las de los cocodrilos sagrados.

Por lo tanto, de las estancias de abajo hablamos por los datos que obtuvimos de oídas; en cambio, tuvimos ocasión de contemplar personalmente las de arriba, que exceden toda obra humana. En efecto, los accesos de sala a sala y el intrincado dédalo de pasadizos por los patios despertaban un desmedido asombro mientras se pasaba de un patio a las estancias, de las estancias a unos pórticos, de los pórticos a otras salas y de las estancias a otros patios.


El techo de todas esas construcciones es de piedra igual que las paredes; éstas, por su parte, están llenas de figuras esculpidas y cada patio se halla rodeado de columnas de piedra blanca perfectamente ensamblada. Contigua al chaflán en que acaba el laberinto se encuentra una pirámide de cuarenta brazas, en la que aparecen esculpidas figuras de grandes dimensiones; y hasta ella hay construido un camino subterráneo".


Otros historiadores de la antigüedad también constataron la existencia del laberinto, y Plinio el Viejo, por ejemplo, coincidía en varios puntos con la narración de Heródoto. Además, él llegaba a describir lo que el visitante se encontraría si lograba acceder a las zonas secretas del subsuelo:

"Pero antes hay habitaciones y salas altas en la puerta, desde donde descenderemos a través de noventa gradas; dentro hay columnas de pórfido, figuras de dioses, las imágenes de los reyes, efigies de monstruos. Algunos de los palacios tienen dispuesto, que al abrir las puertas, un ruido terrible como un trueno rompiese en el interior".


Es extraño que algo de tal magnitud haya desaparecido sin dejar rastro... o quizá no haya sido así. En 1888 la zona de Hawara fue excavada por el pionero de la arqueología William Flinders Petrie. Él y su equipo llegaron a unos dos metros y solo encontraron escombros, pero a pesar de ello el egiptólogo realizó un plano aproximado de cómo estimaba que sería la planta del "laberinto". Su distribución recuerda más a un templo o un palacio, lleno de columnas y salas ceremoniales, geométrico y para nada confuso de recorrer. En 2008, un estudio con georadar del mismo punto financiado por Louis de Cordier arrojó resultados prometedores: a más profundidad de la que llegó Petrie hay una serie de estructuras regulares, muros y estancias que podrían coincidir con su diseño. No cabe duda de que hay algo allí pero ¿es el laberinto del que hablaba Heródoto?

Podríamos poner en duda el término, y razonar que el historiador griego llamaba "laberinto" a un complejo con multitud de habitaciones, que podrían desbordar a un recién llegado, pero que no tendrían dificultad real y en las que a la larga sería imposible perderse. Al fin y al cabo solo habría que continuar en una dirección para llegar al extremo opuesto y por tanto a la salida. Sin embargo otro historiador clásico más, en este caso Estrabón, coincide en describir lo intrincado que era moverse por el lugar sin un guía que conociese la ruta. ¿Una verdadera trampa o un camino para iniciados?

Sea como sea, el espíritu aventurero nos hace desear que el "gran laberinto" siga escondido en alguna parte bajo las arenas del desierto, junto con la pirámide que le daba sombra. En sus oscuros pasadizos quizá solo queden momias polvorientas y vasijas rotas, o puede que haya trampas, tesoros y secretos, listos para colmar de riquezas al valiente. Los textos clásicos nos dan pistas geográficas que son tentadoras de seguir, como la mención al lago Meris, que puede ser tal o una confusión con otro cercano. La puerta queda abierta para quien desee adentrarse en otro de los múltiples enigmas de Egipto.

Plano original de William Flinders Petrie

1 comentario:

  1. Este me lo anoto de sitio al que quiero entrar antes d estirar la pata, después de la tumba del primer emperador. No tenía ni idea, y eso que Herodoto me encanta, es un tío muy "campechano", aunque supongo que pudo "enriquecer" algo sus textos, parece demasiado concreto para que se lo inventase.
    Ojala lo encuentren. Soy muy fan de la arqueología y me ha sorprendido esta entrada.

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