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Keyser Söze o cómo caracterizar un villano con unas pocas palabras

Sospechosos habituales (1995) es una película imprescindible, un thriller que consigue mantenernos pegados al asiento durante más de hora y media preguntándonos ¿quién es Keyser Söze? La respuesta no importa tanto como descubrir que tan solo con unas cuantas palabras y el relato de sus andanzas, hemos llegado a temerle y admirarle hasta convertirle en una figura mítica. Un villano construido en nuestra imaginación a base de rumores y medias verdades resulta más terrorífico e implacable que cualquiera al que hayamos visto en acción.

La historia de Söze resulta relevante para guionistas, escritores y especialmente para nosotros como másters de juegos de rol. Nuestros villanos a menudo son presentados antes de encontrarse con el grupo, se les menciona como antagonistas y adquieren ese estatus de forma automática... a veces quizá demasiado. Un gran villano solo puede serlo si los jugadores le otorgan de manera natural ese rango. No importa lo mucho que nos empeñemos en decir lo malo que es alguien si no logramos que ellos se lo crean. Es en ese momento es cuando debemos recordar el poder de la palabra y de las imágenes que podemos plantar con ellas en la mente de los que nos escuchan.

Si volvemos a los clásicos, ¿por qué temen los protagonistas de El señor de los anillos a los nazgûl? ¿Qué hace que Darth Vader adquiera su estatus icónico en Star Wars? Si lo pensamos con frialdad, tampoco a ellos les vemos hacer nada cruel o terrible en un primer momento. Hay descripciones previas, apariciones ominosas, una sensación de peligro que nos deja intrigados por lo que serán capaces... pero sus verdaderos momentos de acción no llegan hasta después. Uno de los mayores fallos de George Lucas y posteriores directores, en mi opinión, fue mostrar de forma demasiado evidente por qué debemos asustarnos de Vader, en vez de sugerirlo. El colmo de esto tiene lugar en Rogue One, cuando aparece finalmente en una escena, rodada de manera espectacular, pero que va en contra de todo el arquetipo construido en la trilogía original. No necesitamos ver a un enemigo de nivel 20 destrozar a una docena de contrincantes de nivel 1, ya sabemos que es capaz. Lo que es peor, al hacer que aparezca él en vez de sus subordinados, se trivializa y se da una imagen confusa sobre su rango y funciones. ¿Se dedica Vader entrar el primero en todos los asaltos a naves rebeldes?

Caracterizar a un villano debería seguir la norma básica de "menos es más". No hace falta que los personajes le vean llevando a cabo masacres con sus propias manos o mostrarle torturando a nadie. El verdadero temor debe estar en lo que no sabemos, pero se nos sugiere. Las pistas y rumores de atrocidades serán más impactantes que contemplar los propios crímenes en directo. En El silencio de los corderos el espeluznante historial de Hannibal Lecter se nos narra antes de que aparezca en pantalla (y durante toda la película solo le veremos 16 minutos escasos) pero se queda grabado a fuego. Es un monstruo, pero pasará mucho tiempo hasta que se muestre como tal. Y para entonces, con todos los detalles que nos han ido dejando caer, no podremos sino estremecernos ante el destino que les espera a sus carceleros.

Otro secreto es tomar lo que esperamos de un enemigo, subvertirlo y distorsionarlo, limitando la información. Podemos sugerir que es poderoso y lleva la muerte por donde pasa, pero sin dejar claro cómo lo logra. Los jugadores se sentirán confiados si tienen que enfrentarse a alguien a la manera convencional, con la espada o la magia, ya sea un ogro o un dragón. Pero si no saben a qué atenerse, empezarán a dudar de sus propias capacidades y de sus posibilidades para vencer. Pensemos en Moriarty, el archienemigo de Sherlock Holmes, o el Joker, siempre pisando los talones a Batman. No necesitan fuerza física ni recursos evidentes para posicionarse como antagonistas, los reconocemos como tales y asumimos que son peligrosos porque la leyenda de sus mentes retorcidas, brillantes e impredecibles les precede. De nuevo, unas pocas palabras marcan la diferencia.

2 comentarios:

  1. Una interesante recopilación (y reflexión), yo también prefiero a los malos que dan miedo de oídas.
    Lecter es un gran ejemplo, de lo bueno y lo malo (pelis), solo hay que ver sus continuaciones, conforme se hace explicito, se va volviendo vulgar. De hecho parte de la seducción que ejerce su personaje es que parece imposible imaginar que esa persona extremadamente refinada pueda ser también un monstruo sin piedad. Sin embargo un buen guión y desde luego una interpretación increíble, lo hacen espeluznantemente real.
    Lo que dices de Vader, estoy de acuerdo, creo que el problema es sobre todo de contexto, se lo coloca al nivel de un matón cualquiera. Qué el malo demuestre su poer, a priori no está mal, pero debe ser con cuentagotas, y totalmente justificado. Para mi es el problema de esa escena.
    En muchas series el malo actúa solo cuando han exterminado o están a punto de exterminar a sus esbirros, normalmente al final de la peli. Un caso paradigmático, a mi modo de ver, es Sauron, que en las pelis hace un recorrido inverso. Aparece para dar la vuelta a la batalla a mamporro limpio, y tras ser derrotado por Isildur (de chiripa, todo sea dicho) se vuelve ese todopoderoso y enigmático malo, ese Ojo que vigila, muchísimo más terrorífico.
    Sin olvidar Harry Potter y aquel que no puede ser nombrado, sin duda una "inspiración" en Lovecraft, a mi modo de ver, maestro en este campo. La creación de seres malignos a los que nunca acabas de ver hacer nada, pero que no puedes más que enloquecer con solo pensar en ello, es territorio Lovecraft.

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  2. Vaya, pues a mi la muestra de poderío de Vader en Rogue One era una escena esperada, me mola y me flipa ver ese derroche de poder sin entrar en si encajaba bien o mal.
    Creo que anticipar el poder a los pejotas es anticipar las posibles consecuencias si no buscan una debilidad.
    De todas formas la escena de Vader ya no recuerdo si era para los jugadores o para los personajes, creo que lo primero. Ahí toca ver como se maneja el metacanal.

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