lunes, 14 de noviembre de 2005

Notas para una aventura, la primera que escribo para Castillo de Falkenstein.

Mientras los personajes desayunan en un café de Viena, un autómata fabricado con brillantes piezas de bronce y mecanismos de relojería entrará y se acercará hasta ellos. Va elegantemente vestido y su rostro metálico está congelado en una mueca sonriente. Se llevará las manos a la cabeza, la desenroscará y la dejará sobre la mesa, para después salir corriendo calle abajo. La cabeza despegará sus labios por primera vez y dirá: tic tac tic tac... . Pasados unos segundos estallará, destrozando el local y a todo aquel que no haya hecho caso de la evidente advertencia y haya huído antes.

Si los jugadores investigan este extraño atentado descubrirán varios signos sospechosos, algunos relacionados con lo ocurrido y otros puede que no: la desaparición reciente de varias cajas con equipo y maquinaria del ejército, extraña actividad anarquista en algunos barrios de la periferia, la proximidad de un importante baile de máscaras en honor a varios embajadores, signos de presencia dragonil en los cielos y sobre todo la llegada a la ciudad de un equipo de investigadores de la Agencia de Detectives Shackleton, curiosamente muy similares en número y apariencia a los personajes... .

¿Quién está detrás del intento de asesinato? ¿Habrán sido confundidos los jugadores con otras personas? ¿Se trata de una amenaza o de una cortina de humo para apartarles de lo que realmente está ocurriendo? ¿Quién ha podido crear un autómata tan perfeccionado y a qué uso estará destinado? Estas son las claves de una aventura que acaba de empezar.

1 comentarios:

  1. Ha sido el mayordomo, seguro! jajaja
    Fuera de bromas, interesante argumento.

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