miércoles, 3 de octubre de 2018


El año es 1827 y el policía fluvial John Marlott se topa con una escena espantosa mientras realiza una detención junto al Támesis: un cadáver formado por las partes recompuestas y cosidas de al menos siete niños descansa en la orilla. A partir de ese momento, descubrir al perturbado cirujano que ha llevado a cabo esa macabra obra será su única tarea. En el proceso tendrá que enfrentarse a los intereses políticos de las altas esferas, las peligrosas calles de Londres y a las malas pasadas que le juegue su mente torturada por la enfermedad y la culpa.

The Frankenstein Chronicles es una serie británica protagonizada por Sean Bean que comenzó a emitirse en 2015 y que consta de dos temporadas, de momento. De manera muy similar a lo que se vería después en la más reciente Taboo, de Tom Hardy, el Londres previo a la época victoriana que nos encontramos aquí no tiene nada de elegante ni refinado. Sus calles oscuras y embarradas, sus habitantes violentos y sin escrúpulos… no es de extrañar que los crímenes sean sórdidos y no haya ningún Sherlock Holmes dispuesto a investigarlos. Sólo un inspector de a pie, tan humano y maltratado por la vida como aquellos a los que sigue.

La trama, una revisión de la creación de la novela Frankenstein o el moderno Prometeo por parte de Mary Shelley, parece recordar a Penny Dreadful y su mezcla de realidad y ficción, pero la coincidencia sólo es superficial. La intención en esta ocasión es volver a imaginar las fuentes de inspiración de la autora, convirtiéndolas en la excusa para una investigación policial.

Si hay algo destacable en esta serie es la recreación de la atmósfera londinense de la primera mitad del s. XIX. Engastada dentro de ella nos encontramos la perfecta interpretación de Sean Bean. El atormentado Marlott se mueve de forma convincente por morgues, callejones mal iluminados, bancales y casas que se desmoronan. La tensión y la amenaza son palpables, a veces surgiendo del cañón de una pistola y otras de las palabras afiladas de un ministro.

En resumen, una elección más que recomendable para todos los aficionados a los crímenes (casi) victorianos y el género fantástico. Se puede sacar muchas ideas para nuestras propias historias de época, en especial para dotarlas de un realismo sucio que a menudo nos hace falta. Un punto de vista más crudo, alejado tanto de Jane Austen como de Conan Doyle.

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