viernes, 28 de octubre de 2005

Hace tiempo que ya no evangelizo respecto al rol ni trato de convencer a nadie para jugar (al menos de forma tan obsesiva como hacía antes) porque prefiero que la curiosidad surja por sí misma. Alguien que llega por interés personal siempre disfrutará más que otro que esté allí por obligación o compromiso. La situación ideal es cuando varios conocidos, compañeros de trabajo o de universidad te preguntan si puedes organizarles una partida de iniciación, como me ocurrió a mi. Creo que junto con las jornadas, dirigiendo a grupos con poca o ninguna experiencia, es una de las mejores experiencias que uno puede tener.

De todas formas, por muchas razones, entre otras que algún conocido descubra este weblog, siempre vuelve a surgir la pregunta ¿qué es un juego de rol? ¿Va de "El Señor de los Anillos"? ¿Cómo se juega? ¿Se usan esos dados extraños? ¿Y quién gana? Esta última es muy común y me gusta responderla con la misma frase: en un juego de rol gana todo el mundo.

Cuando descubrí la "teoría de los juegos" me encontré con una clasificación que lo define muy bien: juegos de suma cero y juegos de suma "no cero". Los primeros son aquellos como el poker en los que la victoria está restringida a un solo jugador y ocurre a condición de que todos los demás pierdan. En los juegos de suma "no cero" o colaborativos, por el contrario, el resultado es más abierto y puede ocurrir que todos pierdan o todos ganen. El "dilema del prisionero" en el que un preso se plantea si delatar a un cómplice o colaborar y que la pena sea menor para los dos, es el ejemplo que se suele poner. Y los juegos de rol son un caso más claro todavía.

En un grupo típico idealmente el master siempre intentará dirigir lo mejor posible para crear una situación en la que los jugadores puedan "vivir" una buena aventura, aunque sea imaginaria. Y ellos interpretarán sus papeles no sólo buscando su beneficio personal sino tratando de que la historia avance y al final de la sesión el resultado sea positivo. No hay tanteo, ni marcador, ni nada que llevarse a casa excepto el propio entretenimiento. Eso es lo mejor de estos juegos.

Es curioso que la noción de que se pueda jugar a algo sin que haya ganador o perdedor resulte tan extraña para mucha gente. Me imagino que el pensamiento positivo y no competitivo choca frontalmente con la filosofía del parchís o el Monopoly. Por eso sigue pareciéndome interesante que el rol se conozca... y al final, pensándolo, resulta que sigo siendo tan evangelista como siempre.

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