miércoles, 20 de abril de 2005

Puede parecer raro, pero quizá los miles de zombis que se arrastran por las calles no sean el peor enemigo de un superviviente. La mayor amenaza puede venir de otros seres humanos, ya sean civiles, militares, equipos de rescate... .

Imaginemos una ciudad de 200.000 habitantes, en la que el 99.9% haya caído por la infección. Eso nos da un total de 200 personas sanas. Normalmente con el tiempo este número se irá reduciendo pero con toda seguridad los que queden se unirán en grupos, establecerán sus jerarquías y trazarán planes, igual que los jugadores. En ese momento, cualquier "no zombi" que se aproxime puede ser visto de dos formas: una ayuda en la lucha común contra los muertos vivientes o una amenaza. Este tipo de actitudes suele marcarlas el líder. Si él considera que los "nuevos" son solo más bocas que alimentar o potenciales ladrones, el grupo entero se volverá cerrado y hostil. A la inversa, un lider aperturista puede influir decisivamente para que sus seguidores vean a los recién llegados con buenos ojos. Por lo tanto, mejor no enemistarse con ninguno de ellos.

Los supervivientes amigables no supondrán ningún problema y tenderán a retirarse si son provocados, pero los hostiles se dividirán en dos tipos: activos y pasivos. Los pasivos serán aquellos que sólo reaccionarán si son atacados primero. Los activos por el contrario prepararán trampas y emboscadas, siguiendo la filosofía de disparar primero y preguntar después. En muchos casos lo harán para apoderarse de las armas o los víveres de los personajes, pero también pueden reaccionar así por puro miedo.

La recomendación por tanto es desconfiar de todo el mundo. Unirse a un grupo no garantiza un aumento de las probabilidades de sobrevivir, así que es preferible evitar el contacto si no es por motivos de fuerza mayor.

Al inicio de la invasión zombi también hay muchas probabilidades de que los jugadores se topen con fuerzas del orden o equipos de rescate. Pueden ser unidades del ejército para la guerra biológica, policías atrincherados en una comisaría o escuadrones de la muerte enviados a "sanear" una zona. La situación se puede resolver de muchas maneras: la mayoría pasan por ser desarmado y obedecer. Los policías querrán que los civiles permanezcan en segunda línea y encerrarán a los que consideren conflictivos. Si el encuentro es con militares será peor ya que el destino habitual será un campo de refugiados o una zona de cuarentena. También hay que tener en cuenta que en casos extremos los jugadores pueden ser atacados directamente y sin previo aviso, como "acción preventiva" por si están infectados.

En conclusión, una vez definido el grupo inicial los jugadores están solos en su lucha por salir adelante. Tienen que ser conscientes de que no pueden fiarse de nadie y que para sobrevivir deben valerse por sí mismos.

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