jueves, 28 de abril de 2011

Después de que la noticia del cierre de la última fábrica de máquinas de escribir circulase por todo internet, se han sucedido los artículos en defensa de estos artilugios, los homenajes lacrimógenos, los desmentidos (al parecer las máquinas eléctricas gozan de buena salud) y las declaraciones de escritores que afirman que nunca ha habido ni habrá nada mejor. Supongo que al igual que ocurre con las Polaroid, las Vespas, los Minis antiguos y en nuestro caso con la caja roja de D&D, la nostalgia es un valor en alza capaz de levantar a los muertos. Me pregunto si se habrán vendido muchas máquinas de segunda mano en eBay desde el anuncio. Apuesto a que sí. Es una paradoja pero da la sensación de que mirar hacia atrás con añoranza es otra forma de reivindicarse como diferente y "moderno". Repetiremos que cualquier tiempo pasado fue mejor y cómo se ha perdido el espíritu original de las cosas... eso sí, twitteándolo desde nuestro iPhone.

Mi máquina de escribir, la primera y la única, fue una Olivetti Lettera 42. No era un trasto muy agraciado, le faltaba el aire de órgano de iglesia o de araña negra a vapor de las Underwood. Con su diseño compacto de teclas de plástico blanco ni siquiera serviría para hacer una de esas customizaciones steampunk que están tan de moda ahora. Su único punto fuerte era una funda con asa, gracias a la cual se podía llevar a cualquier parte con facilidad, siempre que tuvieses un brazo fuerte. Más que Angela Lansbury en Se ha escrito un crimen, al ver la Olivetti me venían a la mente filas y filas de oficinistas  atrapados por el tedio, repitiendo una y otra vez como una invocación primigenia las palabras ASDF! JKLÑ!.

Por entonces era muy optimista, o más bien muy inocente, así que con el fin de dominar aquel cacharro compré un libro de mecanografía. No sirvió de mucho, las teclas tenían vida propia y la dolorosa costumbre de atrapar mis dedos entre ellas. Me apunté a unas clases, de esas que se dan con una pantalla luminosa, cintas de casette y una voz mecánica que repite dónde tienes que pulsar con tono de campo de concentración o de programa de lavado de cerebro de la CIA. Para mi sorpresa surtió efecto y mis manos empezaron a bailar sobre el teclado al son que yo marcaba. Todo un logro que no mejoró demasiado mi relación con la Olivetti.

Reconozco que no me motivaba mucho escribir en aquel cajón metálico lleno de palancas y rodillos. Me desesperaba la imprecisión del retorno de carro, que el trabajo de una hora quedase emborronado por un último e inoportuno error y el aspecto tosco del resultado final. La letra estampada no tenía para mí un romanticismo especial, no se parecía a la de un libro, sino más bien al soso formulario de un burócrata. Sin embargo era la única herramienta que me acercaba a la profesionalidad, con ella mi trabajo ya no quedaba relegado a cuadernos escritos a boli, era más serio, o al menos eso creía yo. Lo seguí intentando y escribí uno de mis primeros módulos, concretamente de Cyberpunk 2020, a golpe de tecla. Al descubrirlo años después en una vieja carpeta sentí una pequeña punzada de orgullo y puede que fuese en ese momento cuando me reconcilié con la máquina infernal. Quién sabe dónde estará ahora.

El relevo de la Olivetti fue un Amstrad PCW 8256, un procesador de textos arcaico con el que me entendí mejor y en el que escribí relatos, artículos y más módulos, esta vez de género fantástico y horror sobrenatural... pero esa ya es otra historia.

3 comentarios:

  1. Yo no recuerdo de qué marca era la primera máquina de escribir que usé. Era una que mi padre había comprado hacía muchos años, antes de que naciera yo, una de éstas "portátiles". Pesaría sólo cuatro o cinco kilogramos ;-)

    Recuerdo claramente lo que dices de los dedos entre las teclas :-) Creo que aún tengo cicatrices en los dedos de aquellos años. También hice un curso de mecanografía, y ha sido una de las mejores cosas que he hecho nunca.

    Nunca me gustó el tacto de las máquinas de escribir. Eran duras como piedras. Sin embargo, años después cayó en mis manos un teclado "Model M" de IBM, y durante mucho tiempo fui feliz con él. Luego me fui a vivir con mi novia, que lo "baneó" por ruidoso. Parece que estar tecleando furiosamente a las doce de la noche, generando el mismo ruido que una estampida de ñues, no es agradable para los que comparten habitación contigo.

    Ahora está criando polvo en algún sitio de casa de mi madre, donde posiblemente también esté la primera máquina de escribir. A lo mejor hablan de mí y del tiempo que pasamos juntos. Espero que digan cosas buenas :-)

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  2. ¡¡¡Ains!!! Que manera de empezar el dia mas revaivalero. :)))

    No me acuerdo del número, pero si, tambíen tenia por casa en mi juventud muy joven una Olivetti Lettera loquesea. Y esa funda con asa, y los dedos en las intersecciones...

    ¡¡¡Y ese teclado IBM!!! que arrastré por todos los pcs que pude en el trabajo. Que gozada de tecleo...

    En fins... :))) venga va, siglo XXI...

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  3. Tengo en casa una Underwood, por desgracia estropeada (¿quién las arreglará hoy en día?) y me maravilla el mecanismo, en el sentido más estricto, mecánico, y no puedo más que pensar en que sin duda no quiero volver a esos tiempos, pero, un ordenador no tiene ninguna clase.
    XD

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