lunes, 3 de noviembre de 2008

Nada de pensar, eso viene luego. Debes escribir tu primer borrador con el corazón. Reescribes con la cabeza. La clave para escribir es... ¡escribir, no pensar! - Descubriendo a Forrester


El bloqueo del escritor o "pánico a la hoja en blanco" es algo que sufren en un momento u otro todos los que se dedican a esto, incluso autores aparentemente inagotables como Stephen King, con más de 50 libros a sus espaldas. El temido bache en el proceso creativo puede aparecer por muchos motivos: estres, problemas personales, falta de confianza, una fecha de entrega que se acerca inexorablemente... . El resultado es el mismo, las horas pasan delante del ordenador con el procesador de textos abierto y sólo conseguimos unas cuantas frases que no nos convencen. Por si fuera poco, el bloqueo genera nervios y más bloqueo todavía.

Hace un año aproximadamente ya vimos algunos trucos y consejos para disparar nuestra creatividad y salir de ese pozo habitualmente autoimpuesto. Hoy abordaremos el tema desde un punto de vista menos convencional, haciendo un repaso a otras armas que podemos usar como último recurso, por si nada de lo anterior funciona.
  • La escritura libre: Esta técnica se utiliza a veces en los talleres de escritura para librar a los estudiantes de los prejuicios sobre su obra, en especial el de que todo aquello que salga de su pluma debe "estar bien" y tener el nivel de calidad que se han autoimpuesto. También es útil para romper el lastre del "no tengo nada que decir", demostrándoles que el cerebro nunca se queda sin material. Las normas básicas para esta técnica son escribir durante un tiempo determinado, no parar bajo ninguna circunstancia y no preocuparse por el argumento, el sentido de las frases o la ortografía. Durante los minutos que dure el ejercicio sólo hay que transcribir lo que se nos pase por la cabeza, sea ficción o reflexiones personales. Al terminar tendremos un bloque de texto en bruto (10 minutos escribiendo dan para mucho) que podremos releer para ver qué se puede sacar en claro y por qué extraños caminos nos ha llevado nuestra mente. No se trata de algo que podamos usar tal cual, sino un punto de partida para llegar otras cosas.

    Puede requerir un par de intentos sentirse cómodo en la escritura libre, sobre todo porque estamos muy encorsetados en la forma convencional de contar las cosas, en especial aquellos que se dedican (o quieren dedicarse) a ello de forma profesional. Es fácil ver el resultado como algo ridículo o un sinsentido, pero de la maraña de cosas que pongamos en el papel siempre saldrán diamantes en bruto que pueden devolvernos la confianza hacia nuestras capacidades creativas.

  • Anotar y reescribir sueños: Desde el principio de los tiempos el hombre ha soñado y se ha encontrado al despertar con extrañas historias que se van desvaneciendo poco a poco. Al final del día lo mas normal es que no tengamos ni idea de qué trataban... sólo sabemos que tuvimos un sueño. Como en el caso anterior, es otra muestra de que nuestro cerebro no está parado y de que aunque nos quejemos de que nuestra creatividad ha muerto, hay historias rondando bajo la superficie.

    La técnica de reescritura de sueños consiste en dejar un cuaderno junto a nuestra cama y anotar todos los días lo que recordemos de la noche anterior. A partir de ahí, con lo que tengamos, sea sólo la descripción de un lugar o una trama completa, intentaremos componer algo que tenga sentido. A menos elementos tardaremos más tiempo, pero en una semana deberíamos contar ya con unas cuantas "pistas" para trabajar. Una manera de hacerlo más interesante es verlo como juntar las piezas de un mensaje simbólico de nuestro subconsciente. Y si en algún momento pensamos que es una pérdida de tiempo... ¿no quedamos en que estábamos bloqueados?

  • Reescribir a los clásicos: Esta técnica aparece en "Descubriendo a Forrester", una película de Gus Van Sant protagonizada por Sean Connery sobre un famoso escritor encerrado en su ático de Nueva York. No creo que se originase en ella, pero resulta muy práctica y siempre la recomiendo. Consiste en tomar un texto que nos guste y comenzar a copiarlo, palabra por palabra (si, otra locura, pero recordemos que estamos bloqueados). Después de un rato, "tomando prestada" la voz de ese autor deberíamos encontrar la nuestra, primero dentro de la narración original y luego en una original nuestra. Los primeros intentos producirán algo similar a la fan-fiction, con personajes que no son nuestros diciendo frases nuevas, pero al final seremos capaces de crear de cero una historia.

    Una variante sería elegir un relato que NO nos guste, pero tenga algo por lo que merezca la pena rescatarlo, y reescribirlo corrigiendo esos "defectos".

    Otros usos de esta técnica son, por ejemplo, desintoxicarnos de un género determinado. Si llevamos mucho tiempo escribiendo aventuras de fantasía heroica quizá sea difícil pasar a las horror primigenio de Lovecraft. Adoptar su tono durante un rato copiando "El Horror de Dunwich", por ejemplo, puede ayudarnos. Por últimom sirve también para eliminar tics de escritura y ampliar nuestro estilo usando giros que normalmente no empleamos.

  • La técnica de la frase suelta: Esta técnica es casi un juego y está especialmente indicada para aquellos autores faltos de tiempo que compaginan escribir con un trabajo "alimenticio" y no pueden practicar ejercicios convencionales de taller de escritura. Lo primero es llevar siempre encima un bloc de notas y algo para escribir. Luego estableceremos una condición para escribir una frase en el bloc (sólo una, y que no tiene por qué tener relación con las anteriores). La condición puede ser tan simple como que el reloj marque la hora, que veamos pasar un coche rojo o escuchemos una palabra clave. La intención es forzarnos a anotar aquello que nos pase por la cabeza, que en un primer momento serán pensamientos triviales, pero a medida que despierte nuestra creatividad puede convertirse en el germen de una historia. Plantearlo como un juego y que esté limitado a una frase hará las cosas más fáciles. Poco a poco y con constancia nos encontraremos fuera del maldito bloqueo.

    Si mantenemos la costumbre, anotar frases sueltas se puede convertir incluso en una herramienta más de nuestro trabajo. El Commonplace Book de H.P. Lovecraft (PDF) es un buen ejemplo de cómo lo hacía nuestro querido genio de Providence.

4 comentarios:

  1. Como siempre, muy bueno. ¿No te tendrías que llevar una subvención del gobierno o algo?
    Un saludo y gracias por los consejos

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  2. Charles X, gracias a ti por pasarte por aquí, me alegro de que lo que escribo resulte útil. La subvención no estaría mal, pero hasta que no se cree el Ministerio de Asuntos Roleros no creo que sea posible. ;)

    Un saludo.

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  3. De las técnicas comentadas en este artículo yo he usado la de la escritura libre, que conocí gracias a "El gozo de escribir", y un diario onírico que llevé durante un tiempo.

    La primera técnica me resultó brutalmente efectiva. Puedes acabar con cantidades inmensas de materia prima para refinar más tarde.

    La reescritura de clásicos creo que nunca la he usado, pero me rio mucho con ella cuando la usan en la tira de El joven Lovecraft.

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  4. Otra de las técnicas que yo suelo usar es el periódico. Sí, el mismo. Cogéis la sección de sucesos, alguna reseña pequeñita en plan "roban en una tienda...", "encuentran un cuerpo sin vida en un descampado...", etc. y le poneis imaginación al asunto. ¿ Cómo llegó el cadáver allí?, ¿ un crimen pasional?, ¿ ajuste de cuentas?. No hace falta recrearse ni escribir un relato, es sólo contar.

    Un saludo, y muy buen blog. ;-)

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