sábado, 3 de junio de 2006

Inspirado por este post de Soraya y la película El Violín Rojo.

La extraña trayectoria del violín Creville comienza en 1719 en el taller de Antonio Stradivari en Cremona. Entonces no tenía ese nombre, era uno más de los intrumentos musicales que salía de las manos del genial luthier. Como en todas sus piezas, no había una explicación clara a su particular sonido. Quizá el tipo de madera, el adhesivo usado, la forma o ensamblado de sus partes, o todo combinado. Pero a pesar de ser una obra de arte, todavía no había nada sobrenatural en él.

Según la historia oficial, el violín permaneció con la familia Stradivari hasta que a la muerte del maestro, fue vendido por sus hijos al músico francés Jean de Creville. Éste lo llevó consigo hasta París, como regalo para el que entonces era su hijo menor, Jacques, que aprendió a tocarlo y lo convirtió en su compañero inseparable. Ya en la adolescencia el joven Creville siguió los pasos de su padre actuando en varias ciudades de Francia, siendo aclamado en todas ellas.

Fue durante una de estas giras, en el año 1789, cuando le sorprendió la Revolución Francesa. Jacques tomó rápidamente la ruta hacia la capital, preocupado por su familia. En su viaje se vió inmerso en la insurrección campesina conocida como "el Gran Miedo": las propiedades de los nobles eran quemadas como protesta por el abusivo trato. Lo que ocurrió a partir de ese momento es parte de la leyenda. Unos dicen que al ver una casa señorial ardiendo, Jacques se desvió para socorrer a la gente atrapada en su interior, otros que se había refugiado en ella y quedó aislado con el resto de habitantes cuando se declaró el incendio. Lo único cierto es que por los pueblos de la zona corrió rápidamente un rumor: todos decían haber visto a un violinista con parte de su cuerpo abrasado tocando una música que "hacía bailar a las llamas".

La noticia se extendió en la carretera hacia París y los detalles se acumulaban, se hablaba de que tocaba de forma endiablada a pesar de que su brazo izquierdo y parte de su cara estaban irreconocibles. Se le describía llevando una levita de color rojo oscuro manchada de hollín, aunque lo más comentado era su violín. Conservaba parte del característico tono Stradivarius, pero ennegrecido y con el barniz resquebrajado por el calor, parecía que hubiese atravesado el Infierno.

Mientras, en la ciudad la familia Creville pasaba dificultades. Debido a su relación con la nobleza se habían convertido en blanco de los revolucionarios más radicales. Tras varias amenazas y enfrentamientos, una noche alguien lanzó teas ardiendo a través de las ventanas de su casa. Nadie en el vecindario acudió a socorrerles y pronto se vieron arrinconados por el fuego y el humo en el piso superior. Jean de Creville comenzó a escuchar entonces una pieza para violín que ensayaba con su hijo cuando era niño. Primero le llegó como un eco distante y luego cada vez más fuerte, deformándose, transformándos en una melodía furiosa que parecía hacer girar las lenguas de llamas, creando un túnel entre ellas. Sin dudarlo Jean condujo a su mujer y a su hija a través del espacio creado, logrando llegar a la calle. Momentos después todo se derrumbaba a sus espaldas. Antes de que la multitud de curiosos se dispersase, alguien tendió a Creville un paquete y desapareció.

Tras ese suceso Jean de Creville reunió dinero para viajar a Inglaterra, labrándose luego una sólida reputación como músico, a pesar de su avanzada edad. En sus actuaciones siempre llevaba una vieja levita roja y negra, con los bordes chamuscados, pero usaba un violín corriente. De su hijo Jacques nunca más volvió a saberse nada.

El violín Creville reapareció una sola vez, en 1831. Nicolás Paganini visitaba Londres para su debut cuando antes de comenzar su primera actuación alguien le ofreció un instrumento de extraño aspecto, quemado pero todavía con un sonido perfecto. El maestro se negó, aunque se dice que llegó a tocarlo en privado. Quedó tan impresionado que desde entonces su gusto por los Stradivarius se transformó en obsesión. No hay noticias del Creville desde entonces, aunque varios concertistas cautivados por su historia han seguido su pista por toda Europa.

En el juego
Este instrumento musical protege a quien lo lleve de cualquier tipo de fuego, siempre y cuando esté tocando en el momento de enfrentarse a las llamas.

Adicionalmente, un poder aún más restringido es accesible si el portador es capaz de tocar el Capricho Nº24 de Paganini con él. No sólo no le afectará el fuego sino que podrá dominarlo y se considerará a todos los efectos un fuego mágico. El grado de control dependerá de la habilidad con la que el músico ejecute la pieza, permitiéndole desde extinguirlo hasta darle proporciones monstruosas.

El director de juego puede otorgar poderes adicionales como invocar elementales del fuego, expulsar demonios o abrir un portal a los reinos infernales, pero siempre deberían ser acordes al virtuosismo del personaje que lo tenga en sus manos.

2 comentarios:

  1. Me encanta este artefacto, (aunque hubiera preferido que fuese un Clarinete.....) y que su poder esté relacionado con la habilidad del instrumentista....

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  2. Nunca se me había ocurrido utilizar mi instrumento como inspiración para las partidas de rol, pero suena genial.
    Por cierto, me gustó mucho la historia del violín rojo. XD

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