lunes, 20 de junio de 2005

Cuando uno ve una película clásica de vampiros, se encuentra con muchos rituales y normas relacionados con ellos que las interpretaciones más modernas del mito han ignorado. Recibir permiso del habitante de una casa antes de entrar, la aversión a las cruces o a los ajos, el no poder cruzar agua corriente o no poder entrar en recintos sagrados son cosas que se han "olvidado", supongo que porque ya no se estilan.

Los únicos rasgos comunes entre los vampiros antiguos y los modernos son las formas en las que pueden ser muertos: con la luz del Sol, una estaca en el corazón o decapitándolos. Parece que ya ni siquiera dormir en ataudes de día es necesario. Restar vulnerabilidades a las criaturas de la noche es por un lado hacerlos más poderosos, transformándolos de seres demoníacos en trágicos héroes románticos. También los distancia de su origen medieval, eliminando elementos folclóricos y adaptándolos a nuestra vida urbana, en la que cada vez es más difícil encontrar una iglesia verdaderamente consagrada y poca gente lleva una cruz (y cree en ella).

Tal y como los pinta Ann Rice o el propio Francis Ford Coppola en "Drácula de Bram Stoker" los chupasangre ya no son cadáveres andantes de ropas ajadas y pútrido olor, sino caballeros de presencia elegante y exquisitos modales. ¿Es esto mejor o peor? ¿Se pierde la esencia del mito?

Quizá deberíamos plantearnos qué simboliza uno y otro tipo de vampiro. El de antes era el miedo a la muerte, a lo desconocido y al más allá, a ser atacado por fuerzas sobrenaturales y demoníacas. Ese vampiro medieval era una representación del Diablo y un heraldo de muerte, al que había que combatir con fe. Con el paso del tiempo y el desvanecimiento de las creencias religiosas, el vampiro ha pasado de provocar miedo a suscitar fascinación. Ya no es la muerte y la condenación, sino una promesa de vida eterna, más adecuada a las ansias hedonistas de nuestra era.

Estos enfoques no deberían ser opuestos sino complementarios, al igual que los rasgos que han caracterizado a los señores de la noche durante siglos. La aversión a los entornos sagrados, a las imágenes religiosas o al agua corriente son pequeños detalles que enriquecen la leyenda y no deberían ser pasados por alto. Quizá hacen al vampiro más vulnerable, pero también le dan otra entidad, ya no es un reflejo distorsionado de las pasiones y deseos humanos sino una criatura sobrenatural que obedece a reglas que no son de este mundo.

1 comentarios:

  1. En "Dracula" los aldeanos protegian sus casas con palos de rosa salvaje y fresno de montaña, ademas del ajo habitual. Quiza un entusiasta del tema vampirico lo conoce de sobra, pero desde mi perspectiva de victima casual es un detalle del que no he vuelto a oir hablar.

    No estoy en contra de modernizar o darle verosimilitud al mito. Tan solo me es curioso encontrar elementos ocultos en una obra sobre la que ha corrido tantisima tinta (cine, literatura o rol).

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