jueves, 30 de junio de 2005

A finales de los 60 y principios de los 70, Charlton Heston protagonizó varias películas que se han convertido en clásicos de la ciencia ficción, como "El Último Hombre Vivo", "Soylent Green" o "El Planeta de los Simios". Ésta última es con total seguridad la mejor de las tres y ha servido de referente para muchos trabajos posteriores. En 2001 Tim Burton realizó un "remake" (por mucho que él lo negase) que no le llegaba ni a la planta del pie de un chimpancé, demostrando una vez más que los presupuestos millonarios y la última tecnología no garantizan un buen resultado.

Hay muchos aspectos que hacen excepcional "El Planeta de los Simios", aparte de la originalidad de argumento. En primer lugar el trabajo de los actores, que queda patente sobre todo en la calidad de los diálogos. Al principio sorprende un poco que Heston y sus compañeros astronautas hagan esas reflexiones sobre su mundo, la civilización que han dejado atrás o sus motivaciones personales. Quizá porque hoy en día estamos acostumbrados a cháchara de relleno o recursos cómicos, cuando no se sustituye todo por acción pura y dura. En 1968 la preocupación por los derechos civiles o la amenaza de guerra nuclear provocaban que los guiones llevasen una importante carga social y de reflexión, algo que en el cine "de entretenimiento" actual no existe ni de lejos.

La trama se desarrolla con mucha maestría, cada secuencia incluye un nuevo descubrimiento, se presentan lugares y personajes que hacen avanzar la narración y mantienen al espectador en vilo. Así se va llegando a los momentos cumbre en los que se producen las revelaciones o los enfrentamientos más importantes, que hacen que la historia dé un giro en una u otra dirección. Mis escenas preferidas, aunque hay muchas más, son el espectacular aterrizaje de la nave espacial en el lago en los primeros minutos y aquella en la que Taylor recupera el habla y grita a los simios: "¡Quítame tus sucias manos de encima, mono asqueroso!".

Se podría pensar que los efectos especiales y en concreto el espectacular maquillaje también marcan la diferencia, y es cierto, pero su mayor mérito es dar credibilidad a las criaturas y la sociedad simia. En las secuelas posteriores a pesar de contar con los mismos o mejores medios ese "gancho" se ha perdido, quizá por meterse en complejidades innecesarias.

Lo curioso de todo esto es que la idea original era representar una civilización en la que los grandes primates estaban muy avanzados tecnológicamente, al nivel humano del s.XX, tal y como se narraba en el libro de Pierre Boulle, pero limitiaciones de presupuesto sólo permitieron crear el poblado que conocemos, más primitivo. En mi opinión fue un acierto ya que la brutalidad de los monos y sus supersticiones son reflejo distorsionado pero muy fiel de nuestra propia sociedad.

Creo que no es necesario decir nada del final, uno de los mejores, si no el mejor, del cine de todos los tiempos. Han pasado prácticamente cuarenta años y no ha perdido la capacidad de sorprender. Además, por desgracia, su mensaje de advertencia sigue estando tan vigente como el primer día.

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