miércoles, 5 de noviembre de 2014

Elige una regla de tu juego preferido, o mejor del tuyo propio. Pregúntate si se creó para que los jugadores se diviertan o por el contrario les pone trabas. Si respondes lo segundo, considera si debe existir, al menos tal y como está concebida ahora. Reescribe si es necesario. Repite el proceso para todas las demás.

El motor de un juego de rol no son las tiradas de dados ni las fórmulas matemáticas, sino su capacidad para entretener. Los jugadores piden cosas muy simples a un reglamento: coherencia, flexibilidad y por encima de todo, que favorezca la diversión.

Un sistema siempre debería estar al servicio de los que van a utilizarlo, y no al revés. El dilema a la hora de diseñar no está entre simple o detallado, real o irreal, sino si vamos a lograr que aquellos que lo usen pasen un buen rato.


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