viernes, 25 de octubre de 2013


No hay mejor momento para un maratón nocturno de películas de terror que Halloween. A lo largo de estos días repasaremos algunos títulos, unos más conocidos, otros menos, que encajan a la perfección con el espíritu de esta siniestra celebración. Procuraré hacer la menor cantidad de spoilers posible al hablar de ellos. El primero es un telefilme de los 80, una de las pocas películas que sobrepasan el estigma de haber sido realizadas para la pequeña pantalla y quedan inmortalizadas como obras de culto: La Oscura Noche del Espantapájaros.

Bubba, un hombre con la mente de un niño, vive en un pequeño pueblo pasando los días en compañía de Marylee, su única amiga. Cuando la pequeña resulta herida en un accidente, los matones del pueblo no tardan en echarle la culpa y salir en su busca para lincharle. Por desgracia esta vez su disfraz de espantapájaros en un campo de maíz no le servirá para despistarles...

La Oscura Noche... se rodó a principios de los ochenta y aunque comparte algunos elementos con el género slasher que empezaba a hacer furor en aquella época, se nota que tanto el guionista como el director la concebían como algo más que una excusa para la casquería. Aquí no hay víctimas propicias en forma de adolescentes que pasaban casualmente por allí o lecciones de moralina barata. El asesino encapuchado tampoco es una máquina de matar sino más bien una presencia en las sombras, un elemento amenazador que incrementa la tensión y precipita a los protagonistas hacia su destino.

Hablando de ellos, a la mayoría los reconoceremos como secundarios de lujo de otros muchos trabajos, en especial a Charles Durning (El Golpe, Tarde de Perros), perfecto en su papel de perverso cartero, o a Larry Drake, que años después sería el despiadado Durant de Darkman. Si esta cinta destaca sobre otras es por su excelente labor dando forma y volviendo de carne y hueso tanto a los individuos más tiernos como a los más repulsivos.

Visualmente la película tiene sus limitaciones, probablemente por el medio para el que estaba destinada (el look brillante y colorista "para TV", terrible) y su bajo presupuesto. Aun así tiene imágenes difíciles de olvidar, como la mirada aterrorizada de Bubba desde el interior de la capucha de espantapájaros, o más adelante esa misma capucha, ya vacía y carente de humanidad. Otra escena que pone un nudo en el estómago es la del inocente gigante llevando en brazos a su amiga ensangrentada, en parte por lo que muestra y en parte porque intuimos las consecuencias que tendrá.

El mayor acierto de Frank De Felitta, el director, es dotar a todos los personajes de una verdadera dimensión humana, logrando que en pocos minutos lleguemos a odiar a algunos y sintamos lástima por otros. Este aspecto es en el que suelen flaquear la mayoría de títulos del género y aquí está conseguido gracias a un guión redondo y sin fisuras. El espectador se posiciona sin dudarlo a favor del más débil y espera que el destino, inexorable y sangriento, alcance a cada uno de los implicados en su asesinato.

Algo a tener en cuenta es que el espantapájaros no es un ángel vengador como El Cuervo o El Aparecido, sino la personificación de una fuerza trascendental, el ansia de justicia. La Oscura Noche del Espantapájaros se disfruta porque se ciñe a lo que a todos nos gusta creer: que al final el bien triunfa y los malos reciben su castigo, a ser posible a la medida de su villanía.

En resumen, un título ideal para aquellos a los que les guste el suspense y el terror a la vieja usanza.


0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada