viernes, 6 de septiembre de 2013


Cuando M.K. se muda a la casa de campo de su excéntrico padre no puede imaginar que ese será el comienzo de una pequeña gran aventura: una que puede decidir el destino de todo el bosque.

La idea de una pequeña comunidad de seres que habitan en el bosque, invisibles a los ojos de los humanos, existe desde los cuentos de hadas victorianos y mucho tiempo atrás. Las narraciones sobre personificaciones de los espíritus de la naturaleza puede que sean de las más antiguas de la humanidad. La literatura y el cine nos ofrecen de vez en cuando variantes sobre estos mitos y ésta en concreto nos llega de la mano de William Joyce, autor del libro original Los Hombres Hoja. Joyce es más conocido por otros trabajos, como El Origen de los Guardianes, estrenada el año pasado y también basada en una saga de cuentos suyos.

Epic es una de esas historias en las que todo resulta familiar. No sólo por el tema, que remite directamente a Arthur y los Minimoys, FernGully o los Borrowers, sino por los personajes, lugares y situaciones, comunes al género de aventuras en sí mismo. A pesar de esa sensación de saber lo que va a pasar, o de haberlo visto ya en otra parte, el resultado final no deja de ser entretenido.

La mayor diferencia que existe entre esta historia, los minimoys de Luc Besson o los borrowers de Miyazaki quizá sea el enfoque, mucho más convencional, por no decir comercial. Dejando de lado los aspectos técnicos (la de Besson mezcla imagen real, la del estudio Ghibli es animación tradicional), Epic parece concebida como una película de gran estudio, un taquillazo de factura milimétrica para toda la familia, con un aspecto cuidado y un diseño impecable. Hay poco riesgo tanto en lo que se ve como en lo que se cuenta porque lo importante es que la aventura llegue al público de forma rápida y sin sorpresas.

Todos los personajes que cabría esperar están presentes: la protagonista como heroína inesperada y puente entre mundos; el chico rebelde, héroe también a su pesar; el guerrero experimentado que sirve como mentor y ejemplo; la pareja de secundarios cómicos... Incluso el villano es de corte clásico, pero efectivo en su papel. Libran las batallas, se enfrentan a los peligros que aparecen en su camino, todo según el manual. Por momentos surgen destellos de brillantez que por desgracia no se desarrollan suficiente, como el trasfondo de los hombres hoja y la sociedad en la que viven, sus enemigos, o las relaciones entre algunos personajes. En especial Ronin, el más "épico" de todos para mi gusto y que merecería una precuela por derecho propio.

Epic es visualmente rica y detallada, pero parece que se conforma con divertirnos durante una hora y media, ofreciendo tan solo una versión de Star Wars en miniatura y en el bosque. Y lo hace bien, pero es una lástima que no se atreva a ir más lejos para marcar la diferencia.

1 comentarios:

  1. A mí esta película me gustó mucho.

    (¡Comentario con muchos spoilers!)

    Sí, es derivativa como la que más. Sí, es totalmente predescible. Sí, abusan de las clásicas fórmulas de entretenimiento, como el comic relief y esperar hasta el último segundo para salvar el mundo... er... el bosque...

    Pero los personajes son coherentes y el mundo está muy bien desarrollado. Verdaderamente es un Mundo Secundario, y esos a mí me gustan mucho. Sabes que hay mucho más detrás de lo que te muestran en pantalla, y eso hace que el mundo se sienta vivo y complejo.

    A mi parecer no es necesario que expliquen todo. Y sí, te quedas con ganas de saber más de los hombres hoja, su sociedad y su relación con los Boggans. Pero creo que es parte del "juego". Imaginar las historias que han sucedido, y las que van a suceder (¿cómo va a cambiar su vida y su sociedad ahora que un par de humanos están de su lado?).

    Como nota, a mi novia no le gustó el final. Ella esperaba que la chica se quedara con los hombres hoja, y cuando no sucedió se decepcionó y sintió que la habían "engañado" creándole ciertas espectativas.

    A mí, por otro lado, me pareció un final lógico y satisfactorio (si bien bastante agridulce, si te pones a pensar un poco en los aspectos relativistas de la cuestión).

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