miércoles, 8 de agosto de 2012


Edgar Allan Poe, investigador privado. Uno junta esas palabras y parece inevitable ¿por qué no iba a dedicarse a resolver crímenes el mayor maestro en imaginarlos? Castle, la serie de televisión en la que un autor de novelas policíacas -llamado precisamente Richard Edgar Castle en honor a su ídolo- ayuda a la policía con sus casos, ya lo vaticinaba. Su capítulo piloto también era una premonición de lo que nos propone El enigma del cuervo: un asesino toma la obra de un escritor, en este caso Poe, como inspiración para sus atrocidades. El genio de Baltimore tendrá que unir sus fuerzas con un inspector adelantado a su tiempo para evitar que los cadáveres se acumulen. Antes de que pueda impedirlo la amenaza se volverá mucho más personal.

A partir de aquí, aviso de spoilers.

El enigma del cuervo es una película bien hecha, ambientada de forma impecable e interpretada de manera correcta por John Cusack, un actor que siempre resulta convincente en lo que hace. Tiene el tono adecuado y las situaciones truculentas que todos esperamos: el péndulo, un enterramiento en vida y la máscara de la Muerte Roja, entre otras. Tiene a un Poe atormentado por todo lo que se le ha escapado o no ha podido conseguir en esta vida. Lo tiene todo... pero quizá lo que le falte sea una base sólida, un verdadero espíritu para unir esos elementos y construir con ellos una historia que interese y enganche al espectador. El enigma... no es aburrida en absoluto, sus 110 minutos no se hacen pesados, pero hay que reconocer que al final resultan algo previsibles. No hay tantos actores ni subtramas como para que no podamos intuir quién está moviendo los hilos. Su desarrollo es muy convencional, mismos trucos se han usado ya anteriormente en cine y televisión, a menudo con mejores resultados.

Es una lástima que no se haya aprovechado más a un icono del género como Edgar Allan Poe, con toda su leyenda negra y los rumores que le rodean, empezando por su muerte, que nunca ha sido explicada del todo, su implicación en el asesinato de Mary Rogers o el significado oculto de La narración de Arthur Gordon Pym. Los guionistas han optado aquí por no complicar las cosas y tejer una intriga "de manual" en la que todos los pasos están marcados y el desenlace se ve venir a kilómetros. Llegados a cierto punto incluso los asesinatos pasan a un segundo plano. Cuando un emparedamiento resulta soso y la aparición de la Muerte Roja es un mero episodio de transición hay que replantearse qué es lo que se pretende contar y si se está haciendo correctamente.

Uno de los mayores problemas es que Poe no tiene un antagonista real al que enfrentarse. El asesino carece del carisma necesario para que exista un enfrentamiento convincente, básicamente porque sus apariciones son escasas y muy neutras, sin dejar ninguna huella de su personalidad. En la versión de Sherlock Holmes de Guy Ritchie, por poner un ejemplo reciente, Lord Blackwood impone su presencia casi desde el primer minuto, misterioso, poderoso, seguro de sí mismo. No necesita esconderse en las sombras, todo lo contrario, lleva a cabo sus crímenes a la vista de todos. En El enigma del cuervo los guionistas eligen convertir la trama en un ejercicio detectivesco de lo más básico, lo que hace imposible mostrar al villano hasta el último segundo. En mi opinión se pierde más que lo que se gana, prolongar un suspense que no es tal.

Con un enfoque más directo en el que no se temiese mostrar al asesino, o al menos sus acciones, se podría erigir una figura oscura, tan anónima como Jack El Destripador o el John Doe de Seven y que sobrecogiese con su misma crueldad. Las descripciones de los relatos de Poe lo permiten: el péndulo es brutal, el emparedamiento cruel y agónico, el enterramiento en vida (uno real, en una fosa a varios metros de profundidad, no casi a ras de suelo como aparece en la película), horriblemente angustioso. A esta cinta le falta un personaje despiadado y maquiavélico que no dude en ponerse la máscara de la Muerte Roja y llevar el pánico y la desolación a la fiesta donde se le espera. Alguien a quien temer y que justifique por sí solo la caza.

Todo ello si quisiésemos respetar la estructura que nos propone la película, que tampoco es necesariamente la mejor opción. Al fin y al cabo la trama es un gran cliché, la opción más comercial y "vendible". El recurso del autor contra sus creaciones es el más trivial de todos: Lovecraft descubriendo que los horrores primigenios son reales, Bram Stoker conociendo en persona a Drácula... es algo casi natural y más propio de una novela barata de terror. Es difícil creer que no hay material para algo más profundo en la biografía de Poe, un hombre que tuvo enemigos acérrimos a lo largo de su vida e incluso después de su muerte, al que la oscuridad y el infortunio persiguieron de cerca y que acumuló más enigmas en torno a su persona que cualquiera que anuncie el título.

En conclusión, El enigma del cuervo aprueba pero de manera muy justa. Puro cine de verano sin complicaciones que dejará a los aficionados esperando "algo más".

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