miércoles, 23 de mayo de 2012

Quién me iba a decir que un día lo que menos me gustaría de una serie de fantasía medieval sería... la propia fantasía. Me estoy refiriendo a Juego de Tronos, que la Wikipedia se empeña en poner la etiqueta de high fantasy pero personalmente me parece un ejemplo claro de low fantasy. Y de la mejor, todo hay que decirlo.

Un pequeño dragón trepa por el hombro de Daenerys Targaryen y no puedo evitar fruncir el ceño. Con algo de reparo pregunto a aquellos de mis amigos que ya han visto capítulos de la segunda temporada si "ya ha habido magia". Me lo confirman, alguno con mi mismo gesto de poco entusiasmo. ¿Qué ocurre para que reneguemos de esta manera de una de las bases del género? La respuesta más evidente: que no hace falta.

Juego de Tronos se caracteriza por su realismo y su crudeza, no está ambientada en nuestra Edad Media pero tampoco está muy lejos de ella. De hecho la película Black Death (2010), también protagonizada por Sean Bean, podría ser prima hermana de esta serie sin demasiado esfuerzo. Aspecto, comportamiento, usos y costumbres, todo nos remite a un periodo histórico de nuestro mundo que nos resulta familiar. Esa cercanía convierte a sus gentes en personas antes que en personajes. Haciendo una comparación con la obra de Tolkien, si para los habitantes de la Tierra Media la magia y los monstruos son algo cotidiano, para los de Westeros forman parte de las leyendas, reminiscencias de un pasado que es más cuento y superstición que realidad. Se vive y se muere por el acero, más que por los extraños designios de los dioses o la magia.

La low fantasy es interesante por varios aspectos, en primer lugar la proximidad al lector, que puede empatizar con los protagonistas y ponerse en su lugar con mayor facilidad. Podemos sentirnos reflejados en ellos porque afrontan los reveses del destino sin la ayuda de espadas mágicas o dones especiales. Los entendemos mejor que a Aragorn o a Perseo de Furia de Titanes porque son de a pie, no héroes invulnerables. Nadie es intocable, y mucho menos con George R.R. Martin al mando.

El segundo factor es la forma en que beneficia a la credibilidad del mundo. La magia aporta color pero impone una distancia al lector/espectador que a veces es difícil de salvar. Es un recordatorio permanente de que ese lugar no es como ninguno en el que él haya estado o vaya a estar nunca. No se aplican las mismas reglas, lo que significa que en cualquier momento todo puede dar un vuelco sin que podamos preverlo o entenderlo. Si eliminamos la fantasía sacrificamos esa posibilidad permanente de sorpresa, en favor de un desarrollo más consistente... que depende del autor aprovechar. Habría que preguntarse si realmente echaremos en falta la parafernalia: ¿qué impone más respeto, una partida de orcos o un grupo de montañeses salvajes de camino al Nido de las Águilas? ¿Aportan algo relevante los primeros?

Por último está el desarrollo lógico de la trama. Ceñirse a lo "real" supone asumir que no hay eventos sobrenaturales, no esperamos la aparición de semidioses que impongan su caprichosa voluntad, ni tampoco nigromantes sacando de la manga el último y letal hechizo supremo, sólo interacciones entre personajes, simpatías, odios, traiciones. Al igual que en las obras de Shakespeare, encontramos a los actores sufriendo por temas universales, tan válidos hace 500 años como ahora: celos, ira, orgullo, honor. Motivaciones mucho más potentes porque en algún punto también han sido las nuestras.

Existen otros puntos fuertes en esta vertiente realista, quizá secundarios pero también relevantes. El principal  entre ellos que lo sobrenatural no se vuelve una excusa para adornar una historia insulsa o trillada, como puede ocurrir en Eragon o en mucha de la literatura juvenil actual. El enésimo drama adolescente queda más digerible si se sitúa en un reino lejano y se maquilla con poderes sobrenaturales, elegidos, profecías, etc. Y de rebote el autor consigue saltar de la estantería de novela rosa a la de "Fantasía / Ciencia Ficción", mucho más rentable hoy en día.

Entre los inconvenientes de optar por la low fantasy -porque no todo puede ser bueno-  es que da menos pie a la épica, en general. Como mínimo no pavimenta el camino hacia ella. El poder que se maneja es mucho menor y el sense of wonder pasa a depender de lo buenos que sean nuestros personajes, diálogos y trama en general. En ese sentido, sin trucos ni artificios a los recurrir, exige que el escritor sea mejor en su oficio y que la obra, como pasa en Juego de Tronos, tenga la fuerza para alzarse por sí misma.

8 comentarios:

  1. Yo creo que Canción de Hielo y Fuego más que ser novelas de fantasía al uso, recuperan un género que teníamos un poco olvidado, la novela de caballerías. Totalmente de acuerdo contigo.

    Felicidades por el blog, interesantísimo!. Te sigo leyendo.

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  2. La verdad es que si tiene mas de los periodos históricos de Bizancio y la guerra de las rosas, que de capa y espada, aun así y con su magia renaciendo, que normalmente la magia se esta muriendo en las novelas de fantasía épica, es muy bizantina

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  3. Doclusifer es normal que te parezca que el libro está impregnado de la guerra de las rosas, esa guerra civil inglesa que libraron las casas de Lancaster (rosa roja) y York (rosa blanca), representadas ambas por las casas Lannister y Stark respectivamente en la novela. George R.R. Martin es un estudioso de la historia medieval y ese en concreto es su periodo favorito.

    Por otra parte no he visto la serie pero sí he leído las novelas y me han encantado. Prefiero los escenarios "low fantasy" porque dan una perspectiva más cruda que otros con magos, dragones o dioses por cada dos páginas. Sin perder esa parte que diferencia a dicho mundo con la novela histórica o pseudohistórica.

    Saludos.

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  4. Pues me temo que a medida que van pasando los libros, sigue habiendo más magia presente ;). Sin embargo, tampoco es una magia al estilo bolas de fuego de D&D, sino una cosa bastante más sutil. Y tiene hasta su justificación, pero no digo más, que luego me dicen que hay spoilers :D.

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  5. Estoy bastante de acuerdo con todo lo que dices, salvo en el caso de LotR. ¿High-fantasy? Ni de lejos. Y lo de 'héroe invulnerable' no puede definir a Aragorn, con ese miedo a no estar a la altura de lo que se espera de él, debido al pasado de su ascendencia.

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  6. Temo discrepar al completo de su apreciación:

    1-Se parece enormemente a nuestra Edad media imaginada, si, pero además se parece a nuestra edad media mágica imaginada, dragones y magos, viejas leyendas...

    2-La magia es clave en la historia, de hecho el que no haya magia en el mundo de JDT está precisamente ligado a una época concreta de su historia, la gente ha olvidado el poder antiguo, las viejas costumbres y las viejas advertencias, pero la magia es el hilo conductor de la trama. Los dragones han vuelto, la magia cada vez es mas poderosa y en el norte... los caminantes legendarios dan cuenta de los vivos.
    Llega el invierno, el fuego y el hielo, la magia al fin y al cabo.

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  7. Bueno, lo cierto es que Shakespeare utilizó mucho y bien los elementos de la fantasía en sus historias, sin que ello enturbiara en lo más mínimo el magnífico retrato de las emociones humanas tan universal que logró en su obra. Hamlet, McBeth, El sueño de una noche de verano o La tempestad poseen todos ellos componentes de fantasía.

    Por otra parte, historias como Eragon no son malas porque hagan uso de la fantasía, son malas porque están confeccionadas a base de coser clichés agotados hace tiempo. Hay muchos autores de este tipo que se limitan a volver a escribir una historia que sigue, paso por paso, el camino del héroe de Joseph Campbell, y eso está más que visto a estas alturas.

    Afortunadamente, creo que sigue habiendo buenos autores, capaces de emplear los recursos de la fantasía de una forma original e inteligente. El problema es que por cada uno de estos hay un montón que sólo hacen más de lo mismo.

    Lo que nos hace falta es algo parecido al capítulo del Quijote en el que se separa el grano de la paja en materia de libros de caballerías. No hay por qué quemar libros (idea deplorable, por malos que sean los libros en cuestión), pero con el mismo criterio que los amigos del hidalgo se puede prescindir de la mayor parte de la producción literaria de fantasía, respetando aquellos que tienen verdadero valor. Que los hay, y siguen saliendo.

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  8. Me gusta el artículo. El problema es que hablar más implica tener que poner

    ***Posible Spoiler***

    A mí personalmente me gusta de esta saga el uso de la low fantasy por parte de el autor. Realmente sólo es low fantasy desde un punto de vista inicial. A medida que avanzan los libros es cierto que se sigue viendo un mundo similar al nuestro, pero con cosas que para un lector/rolero rechinan, te llaman la atención y le pones un nombre ya conocido... :)

    En cierto modo leí hace tiempo una entrevista con George RR Martin y él reconoce que está puesto a propósito, que ciertas cosas aparecen, pero son parte de la historia no son el fin mismo, sino un complemento necesario para la trama.

    Lo de que no hay épica, es discutible, para mi modo de ver hay incluso más. Porque son seres humanos, débiles y frágiles, por tanto sus sufrimientos/alegrías son más cercanas, más creíbles.

    Que un montaraz, consanguíneo de los reyes de Númenor, que vive varias vidas humanas, se pelee con un orco, está genial, pero no es cercano. Pero que The Hound luche contra Gregor, que recuerde todo el odio que fluye por sus venas y lo libere, que aproveche una oportunidad puesta a huevo para devolverle una afrenta a su hermano, dejándose arrastrar por toda la rabia que lo inunda, es humano, cercano, es plausible...

    Que Gregor sea la bestia malnacida que es, es lo que realmente nos podemos imaginar de una época que se tiene que parecer más a Los señores del acero y menos a Willow (me gustan las dos, pero son enfoques distintos).

    Canción de hielo y fuego, tira de un enfoque más adulto que LOTR. Lo de adulto lo digo porque los seres humanos se mueven por sentimientos que sí conocemos, odio, amor, ira, deseo, ...

    JRR Tolkien a mi modo de ver, definió a Aragorn como un humano perfecto imposible, platónicamente enamorado de una elfa inalcanzable, un amor tan puro y perfecto que sé que no es posible salvo en Romeo y Julieta de Shakespeare. Con esto no critico para nada ni a LOTR ni a Shakespeare, me he leído todos los libros de JRRT (en inglés tb) y Hamlet y Sueño de una noche de verano son mis preferidos de Shakespeare.

    Son acercamientos distintos para atraer a los lectores. Son correctos, pero distintos, cada escritor juega con sus cartas y las cartas de Canción quizá conectan con la edad que tengo, así como leer Sherlock con 8 años no me fue posible, Estudio en Escarlata a esa edad era una quimera, pero en cuanto cumplí los 12, me leí todo de un tirón.

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