miércoles, 15 de marzo de 2006

Cuando escribes historias, en especial aquellas que van a jugarse, siempre surgen las mismas dudas: ¿será original? ¿Será interesante? ¿Serán las escenas principales emocionantes? Es difícil ser objetivo con el trabajo propio, y más cuando intentas provocar una reacción fuerte en los que leen, o en este caso interpretan, la aventura.

¿Qué hace a una escena emocionante? No hay una receta mágica, pero sí se pueden enumerar algunas cosas que influyen en el resultado final. Para empezar, lo que causa emoción no es sólo lo que ocurre, sino el motivo que hay detrás. La persecución de los minis en "The Italian Job" no es simplemente una carrera, sino una huida trepidante después de robar varios millones en oro de un furgon blindado. Escapar por las calles de Turín ya no sólo supone esquivar el tráfico, sino la culminación de meses de trabajo y la realización de un plan perfecto. De la misma forma, en "Heat" el tiroteo no impresiona por la cantidad de balas disparadas, sino por la situación, las personas involucradas, la rivalidad entre atracadores y policías, y como no, la incertidumbre de si los delincuentes (con los que siempre es fácil identificarse) se llevarán o no el botín.

Aparte del motivo, que podríamos denominar la "personalidad" de la escena, hay otros elementos que ayudan a hacerla más cercana o más vívida. Por un lado, si es esperada o inesperada: el enfrentamiento final de Bruce Lee con el líder de la organización criminal en "Operación Dragón" es previsible pero no por ello deja de ser interesante. Al revés, al verlo llegar, sabiendo lo que sabemos del malvado Han, la tensión se incrementa hasta llegar a su punto máximo en la sala de los espejos. Y ahí tenemos dos claves más, ir adelantando información y añadir detalles excepcionales. El contrincante más duro de Lee no puede ser un luchador cualquiera, es un maestro de kung fu manco, con una mano de metal intercambiable, que intentará confundirle con su reflejo en un laberinto de cristal. Y para saber lo peligroso que es, tenemos que haberle visto antes en acción, normalmente contra protagonistas secundarios, en este caso el karateka afroamericano Williams.

Pero como decíamos, también tiene que existir una parte inesperada, porque la sorpresa juega un papel importante. Intuir que va a ocurrir algo pero no saber muy bien qué provoca un estado de ánimo propicio para la emoción. Las películas de terror explotan continuamente ese recurso, a veces exagerando. Hacer volar la imaginación sobre qué tipo de monstruo se esconde en el sótano o qué criatura acecha por los pasillos de la Nostromo (en "Alien, el octavo pasajero") resulta bien si no abusamos de ello. Aun así es necesario ir preparando al espectador, lector o jugadores, para que sepan que hay algo extraño en marcha. No sabemos nada de Norman Bates cuando empieza "Psicosis", pero el desenlace final se ha estado gestando poco a poco, hasta dejarnos clavados en el sitio cuando llega.

La emoción en su forma más clásica puede ser acción, como la pelea de Indiana Jones contra los alemanes sobre el blindado en "La Última Cruzada". Puede ser un reto, como Aragorn enfrentándose a los orcos en Amon Hen, o toda la Compañía resistiendo el asedio en Moria, lo que nos lleva a otros ingredientes como el heroísmo y la situación extrema. Estos elementos, y muchos más que seguramente me dejaré en el tintero, hacen que una escena sea emocionante.

1 comentarios:

  1. Yo creo que una escena es emocionante cuando tu eres el único protagonista de la escena o probablemente todo el peso de la trama recae sobre ti. Que una sesión termine desenlazandose gracias a ti hace que la partida te parezca mas emocionante. Creo que eso hace las cosas mas emocionantes.

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