martes, 13 de septiembre de 2005

Según la tradición, la Mandíbula (que en realidad es una dentadura postiza completa) fue creada por un artesano de la ciudad de Guanajuato (México) en 1897 para Miguel Hernández de León, un rico terrateniente local que había perdido varios de sus dientes en un accidente. Confeccionada en madera, marfil de hipopótamo y plata, fue moldeada con sumo cuidado para que encajase a la perfección en la boca de su dueño y las piezas se pulieron hasta dar una impresión total de realismo.

De León no pudo disfrutarla demasiado ya que tres años después murió ahogado en extrañas circunstancias. Su cadáver permaneció sumergido durante una semana en un pozo hasta que fue hallado por su sobrino. Al sacarlo se descubrió que la dentadura había adquirido un tono negruzco del que ya nunca pudo librarse, como tampoco del sobrenombre de Mandíbula de Difuntos que le dió la gente del lugar. A partir de ese momento se le pierde la pista, aunque se rumorea que pasó varias décadas como pisapapeles de un funcionario público sin ser reclamada por ningún familiar.

De forma algo macabra volvió a aparecer en 1972 en el espectáculo itinerante de ventriloquía de Gustavo Luna, que la usaba en un número cómico haciéndola castañetear, bailar sujeta con hilos y hablar con una voz ronca y profunda. Pero de nuevo la mala suerte se cruzó en su camino y Luna resultó herido de muerte en una pelea tras una actuación. Tendido en el suelo en un charco de sangre, todavía apretaba en su puño la Mandíbula cuando fue recogido por sus compañeros.

Su última dirección conocida es la destartalada capilla de un médico brujo de Nueva Orleans, donde llegó tras ser vendida a un anticuario de Texas, el cual enfermó gravemente antes de entregarla en pago de una antigua deuda. Los que la han visto dicen que permanece colgada en una pared junto con otros objetos de dudosa procedencia entre cruces, rosarios y velas. De vez en cuando parece agitarse como movida por el viento, pero no puede abrirse ya que la han cerrado con alambre.

Poderes
La Mandíbula de Difuntos, o "los Dientes", como la llaman los que la conocen, no atrae la mala suerte, sino que se podría decir que "es" la mala suerte en si misma. La dentadura se encuentra poseída desde el momento en el que su primer portador, Miguel Hernández, falleció y su alma abandonó su cuerpo. Fue entonces cuando un diablo burlón entró en el cadáver y se vió atraído por el objeto, en el que se refugió. La influencia que ejerce sobre su dueño y los que se encuentran a su alrededor es terrible, volviéndolos irascibles y violentos, a veces hasta el asesinato.

Debido a su contacto prolongado con ese diablillo y a la larga lista de fallecimientos que la rodean, la Mandíbula ha adquirido algunos poderes propios, que permanecerán aunque sea exorcizada. En primer lugar aquel que la sujete sentirá la presencia de espíritus o fantasmas como si fuera una persona "sensible" (con capacidades extrasensoriales). No podrá dar detalles sobre ellos pero sabrá si rondan por los alrededores. Aparte de eso, otra de sus habilidades, para aquellos que venzan la repugnancia, se manifestará cuando alguien se la ponga en la boca (algo que una persona con los dientes intactos no podrá hacer, evidentemente). El limo y el material enmohecido harán la experiencia bastante desagradable, pero los que lo logren podrán comunicarse con los difuntos sin necesidad de ningún ritual más. Hay que recordar que hablar con ellos no implica verlos, ni mucho menos invocarlos o dominarlos.

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