domingo, 1 de mayo de 2005

Puede que no hayamos conseguido escapar de la ciudad, o simplemente que todo el mundo esté infestado de zombis y no haya ningún lugar a donde ir. El final de nuestras aventuras puede ser descubrir que como Charlton Heston en The Omega Man, somos los últimos hombres vivos sobre la Tierra. Es poco probable que no haya ningún superviviente más, pero si el siguiente grupo está a 300 kilómetros es como si no existiese.

En este caso la única alternativa es elegir un lugar en el que establecerse, iniciando una nueva vida, por precaria que sea. El sitio que escojamos tiene que cumplir unas condiciones básicas: en primer lugar tener un acceso directo (o próximo) a agua potable y un lugar de aprovisionamiento en los alrededores. Para salir del paso podemos ocupar provisionalmente un piso cercano a un centro comercial, que iremos visitando de vez en cuando. Después de equiparnos, podemos dejar ese y buscar un lugar no demasiado grande, que sea defendible y que nos permita tener varias rutas de escape. Un pequeño bloque de pisos en la ciudad es una buena opción, sobre todo si tiene pocas plantas que se puedan limpiar de zombis rápidamente y sin riesgos.

Las granjas en el campo no son seguras, no sólo por los muertos vivientes, que pueden acosarnos en todas direcciones, sino por los saqueadores. Las películas han popularizado también la idea de construir una empalizada para mantener alejados a los asaltantes, pero son construcciones que se tarda demasiado en levantar, son muy vulnerables al fuego y habitualmente defenderlas es una tarea condenada al fracaso. Una gran ciudad en la que seamos anónimos y tengamos bastantes recursos a mano siempre será mejor.

Un buen ejemplo de comunicad post-apocalíptica aparece en The Ultimate Warrior de Yul Brynner. Como en la película, hay que procurar ser autosuficientes cultivando pequeños huertos en las terrazas y manteniendo recolectores de agua de lluvia. Los saqueos de la ciudad terminarán por dar muy pocos frutos y no se puede vivir eternamente de comida enlatada.

Debemos esperar también todo tipo de visitas, así que una vez bloqueadas las entradas y salidas con barricadas, hay que hacer recuento de armas y municiones. Más adelante pensaremos dónde conseguir más, hasta disponer de un pequeño arsenal con el que resistir un posible asedio, humano o no-humano.

Si tenemos éxito y nuestro refugio se transforma en una verdadera colonia, cuando la invasión zombi se estabilice probablemente recibiremos todo tipo de visitas, desde otros supervivientes hasta nómadas, pasando por mercenarios, piratas de autopista, profetas del fin del mundo con sus seguidores, soldados, comerciantes, saqueadores... . En algunos casos será mejor ocultarse y no dar señales de vida, en otros no habrá más remedio que luchar o parlamentar.

Habrá peticiones para unirse al grupo, y ahí debe evaluarse cuántos somos y si se puede mantener una boca más. Hay que pensar en el futuro y no rechazar a todo el mundo, porque con suficientes manos para trabajar podría conquistarse más terreno, en vez de un bloque de pisos tener dos, luego tres, más tarde un barrio entero... . El objetivo final podría ser convertir nuestra ciudad en una "zona libre" sin zombis. Como final de la campaña sería perfecto.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada