sábado, 28 de mayo de 2005

El Voivoda es la figura que planea omnipresente sobre toda la ciudad, se menciona en casi cada tertulia e incluso lo usan las madres para asustar a los niños que no quieren irse a dormir. Mitad personaje real, mitad figura mítica, pocos lo han visto en persona y los que lo han hecho acrecientan la leyenda con sus testimonios.

Alto y extremadamente delgado, aparentemente no ha envejecido ni un solo día desde que se estableció en su palacio-torre. Su rostro pálido y su nariz prominente le dan el aire de un pájaro de presa, y para acentuar el parecido lleva el pelo rubio peinado hacia atrás. Nunca se desprende de su armadura de escamas y muchos han comparado el reflejo del metal negro con el de las alas de un gigantesco cuervo. No lleva armas pero de su cinturón cuelgan siempre los Guantes Emplumados, dos guanteletes de cuero recubiertos de plumas negras cuyos dedos terminan en afiladas garras. Casi tan legendarios como él, se dice que albergan una gran fuerza y que aquel que los lleve en batalla se volverá invencible.

Aunque se desconoce su lugar de origen, se sabe que el Voivoda Negro llegó a estas costas en un barco procedente del Este, en el que viajaba junto con una compañía de guerreros exiliados. Rápidamente pusieron paz en la región expulsando a bandidos y merodeadores y viendo el potencial del oleum, establecieron un activo comercio con los reinos del Norte. La prosperidad hizo que Midnord creciera hasta llegar a lo que es hoy. De aquellos antiguos guerreros ya no queda nadie, algunos murieron y otros volvieron a su país de origen. Sólo su líder, el Voivoda, sigue manejando con puño de hierro los asuntos tanto políticos como comerciales de la ciudad.

Las gentes del lugar lo temen pero lo respetan. La clase alta, que es la que habitualmente lo trata, se queja de su autoritarismo y de la nula capacidad de decisión que les deja. Últimamente se han extendido los rumores sobre una posible revuelta para instaurar un gobernador civil elegido públicamente, pero nadie cree que los ricos comerciantes e industriales quieran arriesgar su pellejo en un proyecto con tantas posibilidades de fracaso.

El Voivoda Negro sigue protegiendo la ciudad e impone más respeto a sus enemigos que las murallas o las máquinas de guerra. Mientras sea así, su figura seguirá recortándose en lo alto de la torre todos los atardeceres, como dueño y señor de sus dominios.

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