martes, 3 de mayo de 2005

En 1997 dos individuos fuertemente armados intentaron robar el Bank of America de North Hollywood en Los Ángeles. Fueron rápidamente descubiertos por la policía y todo habría terminado como cualquier otro atraco frustrado si no fuese porque ambos portaban un verdadero arsenal de armas automáticas y semiautomáticas y estaban cubiertos de blindaje antibalas de la cabeza a los pies.

En concreto iban equipados con tres fusiles de asalto AK47 con cargadores de tambor de 100 balas de munición perforante, un rifle automático Bushmaster del calibre .223, un Heckler & Koch semiautomático del calibre .308 y una Beretta de 9mm. La única parte del cuerpo que no llevaban protegida era la cabeza.

Al dárseles el alto, los sospechosos abrieron fuego contra los agentes, obligándoles a cubrirse y pedir refuerzos. En poco tiempo hubo casi 350 policías en la zona y se cortaron todas las calles próximas. Los atracadores mientras tanto continuaban disparando contra todo lo que se moviese. Uno de ellos usaba el coche de huida como cobertura mientras el otro maniobraba con él, aunque rápidamente fue evidente para los dos que las salidas habían sido bloqueadas. A pesar de ello no se rindieron. Las armas ligeras que llevaban los policías no conseguían perforar los chalecos antibalas y era difícil conseguir un buen disparo apuntado a la cabeza. Varios de los agentes incluso entraron en una tienda cercana en busca de armamento más pesado con el que hacerles frente.

Con la sensación de seguridad que le proporcionaba no haber recibido un rasguño en el tiroteo, uno de los atracadores pronto abandonó la protección del vehículo y caminó por la calle vaciando el cargador de su arma. Luego sacó una pistola y siguió disparando hasta que repentinamente cayó al suelo, probablemente alcanzado por una bala certera, aunque también se dice que pudo suicidarse. Toda la escena fue grabada por las cámaras de televisión.

El atracador superviviente consiguió escapar del cerco policial atravesando el parking de banco y condujo calle abajo hasta que las ruedas pinchadas le obligaron a detenerse. Entonces sacó varias armas del maletero e intentó robar un pickup que había sido abandonado por su dueño al oir los disparos. No consiguió ponerlo en marcha y en ese momento un coche de policía llegó a su altura. Viéndose rodeado de nuevo, abrió fuego y los agentes respondieron, hiriéndole mortalmente.

Aunque parezca mentira, aquella mañana sólo murieron los dos atracadores. En poco más de una hora, más de 1000 balas fueron disparadas, once policías y cinco civiles resultaron heridos y varios coches y edificios de la zona recibieron cientos de impactos. Se puede considerar casi un milagro que no hubiese más víctimas, pero gran parte del mérito hay que atribuírsela a los agentes que arriesgaron sus vidas para rescatar a compañeros y transeuntes que habían sido alcanzados.

Este suceso supuso un duro golpe para el Departamento de Policía de Los Ángeles, que a pesar del heroismo demostrado tuvo que plantearse seriamente la capacidad de respuesta de sus hombres ante condiciones de violencia extrema.

Como dato anecdótico, podría parecer que el tiroteo del atraco de "Heat", con Al Pacino y Robert De Niro, está inspirado en estos hechos, pero en realidad la película fue rodada dos años antes. Una vez más la realidad supera ampliamente a la ficción.

4 comentarios:

  1. fue un atraco de impresion fue una maravilla gracias a esta pagina por publicarlo

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  2. en este momento estoy viendo la pelicua 44 minutos que muestra lo del tiroteo, imnpresionante como aguantaban los chorros y policias

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  3. No veo por ningun lado el heroismo de la policia de los angeles pues.,en numero ellos sumaban 350 y casi no pueden con los delincuentes que solo sumaban 2

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  4. Yo no tengo ninguna duda de que fueron los policías los que demostraron valor aquel día. Que al final hubiese 350 agentes implicados no significa que estuviesen allí desde el principio, ni con los medios suficientes para detener a los atracadores.

    Los primeros policías que llegaron al banco eran patrulleros normales y corrientes que se encontraron con dos individuos que no sólo llevaban armas para intimidar, sino que esperaban un tiroteo: vestían protecciones de pies a cabeza y cargaban armas como para una pequeña guerra. Por si fuera poco disparaban indiscriminadamente con munición perforante, capaz de atravesar tanto el kevlar antibalas como los propios coches de la policía.

    A pesar de ello y de que los revólveres de .38 y las semiautomáticas de 9mm reglamentarias no atravesaban las placas de protección de los atracadores, los agentes se mantuvieron en sus posiciones, les retuvieron 20 minutos hasta la llegada de los SWAT y retiraron a los civiles heridos que pudieron.

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