miércoles, 8 de diciembre de 2004

Al margen de cómo pueda ser de fiel la película "Troya" a la obra de Homero, me interesa hablar aquí de un aspecto que tiene relación con los comentarios anteriores: su representación del combate.

Con la intención de mostrar a Aquiles como el mejor guerrero de la antigüedad, el director nos muestra su estilo de lucha, que es rápido, dinámico, "aéreo" incluso muchas veces. ¿Es realista? Naturalmente que no. Históricamente sólo han sobrevivido aquellas armas y disciplinas realmente efectivas, es decir, lo que fuese más letal. Los giros y volteretas son visualmente impactantes pero nada más. "Troya" es el equivalente estadounidense a las películas medievales de lucha de Hong Kong. Sin embargo hay que reconocerle un mérito, lograr mantener el interés y darle ritmo a la acción, convirtiendo una carnicería en algo estético.

El combate real entre Hector y Aquiles, o entre dos gladiadores para tener referentes históricos, sería una lucha más sangriente y menos agradable de ver. Poniéndonos en situación, pertrechados con espada y escudo en la arena, ¿qué opciones tendríamos? Para seguir vivos tendríamos que mantener la distancia y cubrirnos, reaccionando a los posibles movimientos ofensivos del contrario, buscar un hueco en su guardia y atacar, exponiéndonos lo menos posible. No habría sucesivos "ataques relámpago", ni saltos, ni giros de 360º, porque un contrincante experimentado se limitaría a esquivar o bloquear nuestros movimientos, dejándonos pasar, para luego apuñalarnos por un costado, cortarnos la pierna adelantada o desarmarnos seccionando nuestro antebrazo.

Veamos dos ejemplos modernos, la esgrima olímpica y el kendo. La esgrima es una técnica de lucha que funciona contra el mismo tipo de arma en un entorno controlado. A ese nivel, es similar a una coreografía cinematográfica. Quizá no esté todo pactado ni se piense tanto en el público, pero nadie defiende su vida. El kendo tiene un trasfondo mucho más práctico y se sigue concibiendo como una disciplina de combate, más que como un deporte. Como tal, mantiene un precepto básico: que un único golpe es decisivo. Nada de chocar los filos una y otra vez. Los contrincantes se estudian y en el momento oportuno cierran la distancia y asestan un mandoble, terrible incluso con espadas de bambú, así que ni imaginemos lo que sería con una katana.

Llevando estas enseñanzas al terreno del rol, ¿qué se puede aprender de "Troya" y qué del kendo? Por un lado, que la espectacularidad entretiene y mantiene el ritmo, haciendo vistosos los combates. Pero no tiene que estar reñido con cierto grado de realismo, que aportará tensión y hará a los jugadores ponerse en la piel de sus personajes, temiendo por su vida. Olvidemos la esgrima olímpica, aquí no se trata de marcar puntos, podemos hacer que sea una simulación pero también que ponga el corazón en un puño.

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