El arte de mostrar poco


Este fin de semana vi una película llamada Antlers: Criatura oscura, por la que sentía cierto interés después de ver un tráiler relativamente perturbador. Aquí tengo que hacer dos reflexiones, la primera, no entiendo por qué no se ha traducido “antlers” por “astas”, imagino que para el experto en marketing de la distribuidora dejar la palabra inglesa resultaba más sugestivo... Pero no del todo, por lo que tuvo que añadir el subtítulo “criatura oscura”. Por si no quedaba bastante claro a través del propio tráiler o del póster. Si alguien llegaba a la sala de cine sin saber que iba a ver una película de terror con monstruo sería un milagro. Mi propuesta es que lo dejasen aún más claro y renombrasen la película como “Locas aventuras superdivertidas del hombre-ciervo del bosque”.

Mi segunda reflexión es más un aplauso para todos esos montadores de tráilers que saben extraer lo mejor de las películas y crear algo que a veces supera la fuente original. Los escasos minutos de Antlers que nos dejaron ver sugerían algo mucho más crudo y tenebroso que lo que resultó finalmente. Me hace pensar si se podría haber montado de otra manera, recortando algunas cosas y acentuando otras. En el fondo, la idea es la misma que la de este artículo: a veces menos es más, y mostrar poco resulta más efectivo que lanzarle a la cara al público todo el misterio.

Podría avisar de que este artículo contiene spoilers de la película, pero todo lo que voy a mencionar se sabe ya prácticamente desde el principio, así que la advertencia casi no es necesaria. La primera escena de Antlers pone todas las cartas sobre la mesa: amigos, hay monstruo. Como hemos visto los carteles (y somos muy listos) promocionales hasta podemos imaginarnos cómo es. A partir de ese punto viene una sucesión de minutos en los cuales estamos esperando a que los personajes descubran lo mismo que nosotros. Esa es una técnica válida, es suspense… pero se suponía que veníamos a ver una de terror ¿no? No entiendo cómo un director experimentado no cogió el guion y dijo, aquí hay que cortar cosas. Es mejor que el espectador imagine que puede estar pasando algo sobrenatural, no que lo sepa desde el principio. Y realmente eso se podría lograr metiendo la tijera a unos pocos minutos del metraje.

Si no sabemos que hay monstruo, o no estamos seguros de ello, las cosas que pasen por nuestra mente van a crear una imagen mucho más poderosa que cualquier efecto especial. No se trata siquiera de mostrar a la criatura como una sombra, sino de no enseñarla en absoluto. Eso nos deja con la incertidumbre ¿estamos viendo la obra de algo abominable salido de leyendas antiguas o es solo un loco que se disfraza como un ser mitológico? ¿La protagonista tiene razones para temer o está malinterpretando las señales? Hay muy buenos ejemplos de películas de terror en las cuales no hay más monstruo que lo que imaginan los protagonistas, pero los espectadores solo lo descubrimos al final, y la revelación es un mazazo mayor que el que pueda provocar cualquier ser de pesadilla.

Se trata de jugar con los dobles sentidos y que cada pista pueda interpretarse de dos maneras como mínimo, la  siniestra y la convencional. ¿Las heridas del niño las ha causado una criatura o son señales de maltrato? ¿Los restos de pelaje hallados en la valla son de un monstruo, de un animal o de alguien disfrazado? Eso conformará un puzle con resultados muy distintos, según nuestra predisposición. Quizá veamos con toda claridad que está pasando algo que desafía la razón humana, o puede que la explicación para nosotros sea mundana, simple violencia perpetrada por personas desequilibradas. O nos quedaremos sin saber qué decidir, pero atentos a la historia para saberlo al fin. Y ese es el mejor resultado.

Esta técnica se puede aplicar a cualquier escritura de ficción, ya sean guiones, novela, relatos cortos o aventuras de rol. Cada pizca de información que proporcionamos al lector/jugador forma parte de nuestros recursos dramáticos, y estos no son infinitos. Si queremos ser capaces de provocar golpes de efecto cuando realmente hacen falta, o simplemente mantener la atención hasta el final, no podemos apresurarnos ni desvelarlo todo en el primer acto. Sugerir siempre será más poderoso que mostrar y cualquier horror que puedan imaginar los espectadores será más terrible que la realidad.

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