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Semillas de Aventuras: Ultramar, el azul más valioso que el oro



Sar-e Sang es un remoto asentamiento en el norte de Afganistán, en la actual provincia de Badakhshan, una tierra de estrechos y escarpados valles. Los antiguos griegos denominaban Bactria a aquella región, y podría haber pasado desapercibida para la humanidad si no fuese por una particularidad: era el único lugar del mundo donde se podía extraer el lapislázuli, la hermosa piedra azul que adornó desde las máscaras que acompañaban en la otra vida a los faraones hasta los manuscritos de los monjes del medievo.

A lo largo de la historia
Según los expertos, las minas de Sar-e Sang llevan en activo desde hace más de 6000 años, sin que el trabajo en ellas haya dejado nunca de ser peligroso y precario. Los hombres que se aventuran en el interior de los pozos polvorientos y mal iluminados se juegan la vida ahora de la misma forma que lo hacían sus antepasados hace siglos, expuestos a los derrumbes y a despeñarse por un mal tropiezo en los angostos senderos de las laderas. Cuando el preciado mineral era arrancado al fin de las profundidades todavía le quedaba muchos meses de viaje, a veces años, a través de la Ruta de la Seda. Miles de kilómetros a hombros de porteadores, en mula o caravana, atravesando peligrosos pasos de montaña, desiertos y mares. El último tramo podía conducir el cargamento a lugares tan dispares como la antigua Mesopotamia, la India, China, Egipto, Roma o la Venecia del Renacimiento.

El motivo de la popularidad del lapislázuli es su vivo color azul, que en la antigüedad no tenía rival y combinaba bien con el oro y la plata. De hecho se dice que fueron sus brillos naturales, causados por la pirita que suele acompañarla y que remiten al cielo estrellado, los que hicieron pensar a los egipcios que se trataba de una piedra mágica. Se han encontrado docenas de amuletos tallados en ella para ahuyentar el mal de ojo, además de incrustaciones decorativas en lugares tan emblemáticos como la máscara funeraria de Tutankamón. Según cuenta la leyenda, la propia Cleopatra usaba su polvo como maquillaje.



Incluso el famoso azul de la Puerta de Ishtar se dice que simula al lapislázuli, por su conexión con la diosa sumeria Inanna y su viaje al inframundo ataviada con un collar y un cetro adornados con esa piedra. Otras apariciones significativas de la gema a lo largo de los siglos son las tumbas reales de Ur; como pigmento, haciendo destacar el manto de Cristo en La última cena de Leonardo; o en la colección imperial de huevos de Fabergé, por mencionar algunos. Los budistas la reverenciaban como uno de sus siete tesoros. Los romanos la usaban como talismán y pensaban que era un potente afrodisíaco. Casi dos mil años más tarde, William Butler Yeats escribiría:


En tumbas de oro y lapislázuli
cadáveres de santos y santas exudan
aceite milagroso, fragancia de violeta.

Pero bajo pesados montones de arcilla pisoteada
yacen los cuerpos de los vampiros henchidos de sangre;
sanguinolentas sus mortajas, sus labios húmedos.



El azul ultramar
Desde su descubrimiento, una de las obsesiones de aquellos que entraban en contacto con el lapislázuli era fijar su espectacular color, para poder utilizarlo en pinturas y frescos. Sin embargo resultaba un proceso frustrante, ya que la piedra molida y diluida pierde su tonalidad y se vuelve grisácea. Habría que esperar hasta el siglo XIII para que la fórmula llegase a perfeccionarse, y tras un laborioso filtrado y lavado, se obtuviese el azul ultramarino. Este pigmento, cuyo nombre significa “de más allá del mar”, reconociendo su lejano origen, no solo conservaba toda la belleza de la gema sino que, una vez aplicado sobre el lienzo, se mantenía vivo e inalterable.

Pero la única fuente de tal belleza seguía estando al otro lado del mundo, así que el azul ultramar o “ultramarino verdadero” llegó a costar más que el oro. Los artistas de renombre acordaban en sus contratos la cantidad que sus mecenas les permitirían usar, y se reservaba para los detalles de personajes clave de las obras, como la Virgen María o Jesús. Su valor era tal que algunos trataban de engañar a sus patrones sustituyendo este azul por el obtenido de la azurita, proveniente de Francia y más abundante. Después lo vendían por su cuenta y se embolsaban la diferencia. Por desgracia la azurita tiende a volverse verde con el paso del tiempo, así que el engaño tenía los días contados.



A principios del siglo XIX la escasez de lapislázuli y por tanto del azul ultramar provocó que se ofreciese una recompensa de varios miles de francos a cualquiera que pudiese crear una versión sintética. No tardaron en aparecer no uno, sino dos ganadores, con fórmulas diferentes para lograr un azul tan perfecto que opacaba al natural… al menos en apariencia. La demanda de la piedra afgana cayó, al igual que su precio, aunque hay quien sigue defendiendo que su sustituto de laboratorio es demasiado uniforme y que son las ligeras imperfecciones del ultramar original las que lo hacen especial y distintivo. Sea como sea, las minas siguen en activo y la gema continúa estando demandada, aunque ahora sus usos se centran más en la joyería y ornamentaciones de todo tipo.

Resulta curioso pensar que una piedra semipreciosa y un color han conectado desde hace miles de años a diferentes pueblos y culturas. Y lo más sorprendente de todo, siempre extrayéndose del mismo lugar del planeta y siempre evocando magia, belleza, superstición y mito.

Semillas de aventuras
Existen muchas aventuras posibles con el lapislázuli como centro, tantas como periodos históricos nos apetezca visitar. También merece la pena tenerlo presente cuando diseñemos los tesoros de nuestras campañas: una piedra o un pigmento (lo mismo que telas, resinas y otras materias primas exóticas) pueden ser de más valor que el oro o las joyas.

Una primera aventura, o una campaña entera, puede transcurrir en la ruta que une las minas del remoto Afganistán con el Mediterráneo y Europa. Los jugadores serían contratados para proteger un cargamento de lapislázuli, teniendo que enfrentarse a emboscadas de bandidos, conspiraciones de comerciantes rivales, territorios en guerra, piratas codiciosos, y quizá, al final de su viaje, a la traición de su propio patrón, que decide intentar asesinarles para ahorrarse su costoso sueldo. Si nuestra ambientación incluye elementos de fantasía, parte de esas amenazas pueden ser también monstruos y criaturas mitológicas. Personalmente me gusta más un enfoque puramente histórico, que lleve a los protagonistas a través de los diferentes pueblos y culturas del momento y ruta elegidos.

El Antiguo Egipto es otro escenario espectacular y poco explorado en el rol. La trama en este caso puede estar ambientada durante el efímero reinado de Tutankamón. Un médico del faraón puede contactar con el grupo de aventureros para hacerles un encargo atípico: recuperar el brazalete preferido del joven monarca, que se perdió, o fue sustraído, en uno de sus últimos viajes a Karnak. La joya muestra un enorme escarabajo de lapislázuli y desde su desaparición las enfermedades de Tut se han agravado. Si logran dar con él, quizá sus poderes protectores y curativos le devuelvan la salud. Las indagaciones de los protagonistas pueden destapar una conspiración sacerdotal para debilitar al faraón antes de intentar asesinarle, poniendo fin a su dinastía.

Dando la vuelta al concepto del robo, otra posible aventura puede transcurrir en la Florencia del Renacimiento, donde se corre la voz sobre la existencia de una nueva fórmula que proporciona el azul más vívido que jamás se haya empleado en una pintura. Un amigo de los jugadores solicita su ayuda para colarse de noche en el taller de uno de los artistas protegidos por la familia Pazzi, eludiendo a la guardia, y hacerse con la receta. Con ello espera realizar una obra tan espectacular y única que le gane el favor de Lorenzo de Médici, el mayor mecenas de la ciudad. La tarea no será tan sencilla como parece, ya que otras familias florentinas también están buscando lo mismo, aunque por motivos más simples: aquel que consiga sintetizar el mejor azul ultramar tendrá una fuente de dinero, y por tanto de poder, casi inagotable. Pero, ¿es real la fórmula o solo una treta publicitaria más de un artista ambicioso?


Ya para terminar, no puedo cerrar este artículo sin mencionar que existen dados de rol fabricados en lapislázuli, por si a alguien le sobra el dinero y quiere hacer sus tiradas con mucho más estilo y misticismo…



METALLIC DICE GAMES:
Engraved Lapis Lazuli: Full-Sized 16mm Polyhedral Dice Set


Imagen de Portada: Enric Caujapé en Pixabay

6 comentarios:

  1. Genial artículo, gracias.

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  2. Es curioso que Egipto este poco explotado en los juegos de rol, al menos hasta donde llega mi radar.

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  3. Los dados son preciosos, pero 82$ supera con creces mi concepción de lo que es un capricho.

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  4. ¡¡Buenísimo!! Como siempre, hay otros mundos, etc...

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  5. Vaya, un módulo de "La Ruta de la Seda" que nunca fue. Una pena. Yo también prefiero el enfoque histórico porque creo que la fantasía está sobreexplotada y la realidad es lo suficientemente fantástica.

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