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Aventura: Bring me the Disco King (VII)


VISITANDO LA COMUNA STARCHILD
Si los protagonistas deciden seguir los pasos de Saint John y buscar la comuna Starchild, no les será difícil. Aunque se trata de un retiro al que se accede por invitación de otros miembros, su ubicación es un secreto a voces. Si interrogan a cualquiera de los que esperan ver al Duque o a sus contactos en los clubes que suelen frecuentar, les darán indicaciones aproximadas de dónde está. Pueden llegar en tren o autobús en poco más de una hora, pero la granja está en el interior del parque, así que su mejor opción es viajar en coche.

El parque estatal de Harriman tiene varias rutas de senderismo, zonas de acampada y siete lagos muy visitados los fines de semana. Para estar alejados de la vista de los curiosos, Saint John eligió uno de los bosques más espesos para ubicar su retiro. Se trata de una docena de cabañas de troncos, probablemente refugios para cazadores en sus inicios, que se han ampliado y a las que se han añadido otras nuevas. Hay varios espacios cultivados a modo de huertos, un pozo y cercados para ovejas y gallinas. Los habitantes de la comuna son autosuficientes y no necesitan bajar a la ciudad, salvo que exista algún problema médico. No hay teléfono ni ningún otro medio de comunicación con el exterior.

Actualmente viven en Starchild cincuenta personas, de las cuales diez son niños de entre cinco y doce años. Cuatro hombres y tres mujeres (ver fichas al final) actúan como representantes de Saint John cuando él no está, fingiendo que las decisiones se toman en grupo de forma consensuada. En realidad utilizan la manipulación y la persuasión para lograr que se haga lo que él quiere. También ejercen como vigilantes, disuadiendo a cualquiera que tenga tentaciones de marcharse y ocupándose de los familiares y amigos preocupados que llegan de cuando en cuando. Por ahora han conseguido evitar las denuncias a la policía, mostrando lo corriente de su trabajo y sus instalaciones, y dejando que los visitantes charlen con sus parientes y les reafirmen su voluntad de seguir allí.

El día a día de la comuna es muy simple, por la mañana se trabaja en los huertos, cosiendo ropa, llenando los tanques de agua o limpiando. Los niños reciben clase y a mediodía todos se reúnen para preparar la comida. Es por la tarde cuando los líderes se llevan a algunos de los adultos o niños más prometedores para tratar de despertar sus habilidades latentes, o potenciarlas si ya han salido a la luz. Este proceso se realiza en una cabaña alejada de las demás, y ocasionalmente en un claro del bosque, cuando los estallidos de energía pueden ser demasiado peligrosos.

Hay varias posibilidades para infiltrarse en Starchild, por una parte fingir que son personas que han oído hablar del lugar y han viajado para solicitar ser admitidos. No es una historia demasiado extraña, lo cierto es que ocurre un par de veces al mes. Los líderes de la comuna les llevaran a dar una vuelta por el recinto y les analizarán discretamente para ver si tienen algún poder que merezca la pena ser estudiado. No será así, y les devolverán cordialmente al punto de partida, alegando que de momento no hay camas para nuevos miembros. Si son hábiles, pueden alejarse del grupo y tratar de hablar con alguna de las personas que trabajan en los campos o en las casas. Ante la descripción de Irina y Miki, demostrarán nerviosismo y dirán que no saben nada. Si son persuadidos, contarán a los protagonistas que una madre y un hijo llegaron hace poco, pero ella estaba tan alterada que se la llevaron para encerrarla en la cabaña solitaria.

Si tratan de colarse sin que nadie les vea, de noche preferiblemente, deberán eludir a los líderes, que se turnan y hacen rondas por parejas hasta que se aseguran de que todo el mundo se ha ido a dormir. Si registran los alrededores, las pistas les acabarán conduciendo a la misma cabaña. Es la única que permanecerá con las luces apagadas de noche y la más sospechosa. En las demás solo encontrarán lo que cabría esperar, los dormitorios con literas para los residentes, una cocina, la despensa, almacenes de herramientas... todo muy convencional.

En la cabaña solitaria, sin embargo, los cristales están pintados de negro y tapados con papeles de periódico, y la puerta asegurada con un robusto candado. Si consiguen colarse sin hacer ruido, encontrarán varias mesas alargadas donde parece que se ha procesado algo recientemente. Inspeccionando el residuo negro que ha quedado en las rendijas, descubrirán que se trata de hielo negro molido hasta quedar reducido a polvo. Alguien ha estado llenando una gran cantidad de bolsas con él. En una pequeña habitación adyacente, un cristal separa una zona de observación de lo que parece una sala de interrogatorios... o de experimentos. Hay una mesa y dos sillas. En una de ellas, atada de pies y manos, hay una mujer rubia con el rostro demacrado, la piel blanca como el papel y el pelo empapado por el sudor. Se trata de Irina. Los líderes de la comuna han tratado de borrar de su cerebro el recuerdo de su hijo, pero ella se ha resistido durante días. El coste para su cuerpo y su mente ha sido demasiado. Al liberarla se derrumbará cayendo al suelo como un muñeco roto, los ojos vidriosos fijos en el techo. Está muerta.

El siguiente paso de la investigación está en sus manos: ¿intentarán enfrentarse a los líderes de la secta para arrancarles una confesión? ¿Ocultarán su presencia allí y seguirán a Saint John para tratar de averiguar dónde está Miki? ¿Buscarán pistas en la cabaña para resolver el enigma del hielo negro?


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