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Néboa, donde existen los monstruos

El cuerpo sin vida de una joven aparece junto al mar en el primer día de carnaval. Sobre su rostro, una máscara de madera representando a un animal. Pero no es la primera: lo mismo ocurrió en Néboa en 1919 y en 1989. Todos saben lo que pasará a continuación, el asesino seguirá matando hasta llegar a la quinta víctima, y entonces se desvanecerá sin dejar rastro... a no ser que la teniente Mónica Ortiz, enviada a la isla para resolver el caso, pueda detenerle.

Néboa es una grata sorpresa dentro de las series de ficción españolas. A primera vista remite a la saga de El guardián invisible de Dolores Redondo y a Broadchurch, ambas historias en las que la aparición de un cadáver en un paraje remoto propicia la llegada de un investigador ajeno al lugar, dispuesto a poner patas arriba todos sus secretos. Un planteamiento clásico que nos invita a ser nosotros mismos ese detective e ir descubriendo tanto el escenario como las costumbres locales, y por supuesto las relaciones interpersonales que lo enmarañan y enturbian todo.

La elección de Galicia y en concreto el entroido, su particular carnaval, me parecen un acierto. Los parajes cubiertos de niebla, el entorno cerrado de la isla, el aire de ritual pagano que impregna cada rincón... da la sensación de que nos hemos trasladado muy lejos y nos asomamos por una pequeña ventana a contemplar algo ancestral. Y el Urco, como encarnación del ser bestial y mitológico, está ahí para reforzar esa atmósfera.

El Urco es una criatura del folclore gallego, un perro negro monstruoso cargado de cadenas que surge del mar para aterrorizar los pueblos costeros. A veces golpea con su enorme cuerpo los botes de los pescadores mientras nada hacia tierra, y a su llamada acuden otros perros, hasta formar una jauría que supone un presagio de muerte para cualquiera que se tope con ella. Se pueden adivinar por esta descripción las influencias de otras leyendas, desde la Santa Compaña a la cacería salvaje del norte de Europa. En Néboa es el nombre que los habitantes dan al asesino que lleva cien años atormentándoles.

Lovecraft estaría muy cómodo paseando por esos bosques, seguramente también Sherlock Holmes, que se vería persiguiendo otro sabueso de los Baskerville. Hay algo de Innsmouth aquí, pero en su parte más terrorífica, la que nos revela los oscuros recovecos de la maldad humana. Tras la máscara de madera del Urco no hay dioses primigenios ni nada sobrenatural, solo la voluntad de matar por el placer de hacerlo. Eso es lo que da más miedo del trabajo de la teniente Ortiz, que a medida que vayamos tirando de la madeja con ella, lo que saldrá de las profundidades será cercano, tangible y más peligroso que cualquier leyenda.

No puedo terminar sin mencionar que me ha gustado (y me ha sorprendido) tanto la calidad de la puesta en escena y la fotografía como el trabajo de los actores. Suelo rehuir bastante las series españolas porque la forma de declamar los textos que tienen muchos me saca totalmente de la ficción, pero aquí Emma Suárez e Isabel Naveira, junto con el resto del reparto, bordan sus papeles. Sentir que estás "ahí" y que te atrapen capítulo a capítulo con interpretaciones intensas y dramáticas es todo un lujo. Ojalá más series así.

"Los monstruos no existen... el Urco, sí".

1 comentario:

  1. Que curiosidad... una buena crítica y una buena crítica a una serie española... y ambientada en Galicia.

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