18 feb. 2020

18.2.20
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Es un arquetipo recurrente en cine y televisión: una persona con autismo, niño o adulto, que hace cálculos imposibles de memoria, tiene en su cabeza datos enciclopédicos, o si la situación lo requiere, es más letal que un ninja. Porque todo el mundo sabe que un autista es eso, un ser superdotado, quizá un poco callado y de trato distante, pero capaz de llevar a cabo proezas sobrehumanas… ¿o no?

Este es un tema complejo de tratar y que puede resultar un campo de minas, por lo que me gustaría dejar claro que esta es una reflexión personal.

La culpa de la distorsión de la imagen de las personas con autismo, Asperger o de quienes sufren trastornos mentales en general, la tiene en gran medida Hollywood. La fábrica de sueños es también una planta de procesado en la que todo se ve reducido a su forma más simple. Los guionistas han asumido que los espectadores no pueden entender argumentos muy complejos, así que todo se explica recurriendo a tópicos y estereotipos. Hay una fórmula, mejor dicho una apisonadora de conceptos, que rebaja e iguala, sin dejar que haya matices. Todas las personas de Oriente Medio son terroristas, todos los latinoamericanos están en bandas o son narcos, las chicas asiáticas tienen que tener un mechón azul o morado en el pelo, todos los autistas son genios de comportamiento extraño.

Quizá se pueda rastrear el nacimiento de esta idea hasta Rain Man, la película más famosa en la que alguien con autismo tiene habilidades especiales. Dustin Hoffman ganó un Oscar por su interpretación de un savant, dando notoriedad a un síndrome que en la realidad no es la norma, sino la excepción. De los muchos millones de personas con trastorno del espectro autista, solo unas pocas han demostrado esas capacidades. Sin embargo para los guionistas eso no importa.

En Mercury Rising, un niño descifra un código secreto del gobierno solo con verlo. En Chocolate, la protagonista aprende artes marciales viendo películas en televisión. En El contable Ben Affleck es meticuloso con los libros… y además un asesino implacable, entrenado desde pequeño. Para rizar el rizo, en Rose Red la niña protagonista no solo es autista sino que tiene poderes telepáticos y telequinéticos.

Por no hablar de los estereotipos conductuales. Las personas con autismo, en especial los niños, son representados con miradas perdidas, sin capacidad de reírse o de expresarse, cuando en realidad aún no lo saben hacer de una manera apropiada al contexto. El autista encerrado en sí mismo es un mito, más bien hablaríamos del autista protegido en sí mismo del aluvión de información que no puede procesar. Esto se relaciona con otro mito, el de su falta de interés en relacionarse. Muchas personas con Asperger están deseando conocer gente, pero no lo saben hacer adecuadamente.

Ningún estereotipo es bueno, pero el hollywoodiense en concreto es doblemente perjudicial, porque dificulta la integración de personas con necesidades de apoyo que ya se encuentran con obstáculos enormes al salir al exterior. Todo el mundo espera que un autista sea como el infame Sheldon, de Big Bang Theory, a medias entre la genialidad y el recurso cómico, quizá algo difícil de tratar pero no tan diferente al final. Esta obsesión por simplificar llega hasta el punto de que se llama “autista” a personajes y actitudes que no tienen nada que ver. La doctora Brennan de la serie Bones, el personaje de Ryan Gosling en Drive o el de Ewan McGregor en La pesca del salmón en Yemen pueden ser introvertidos o tener una manera de relacionarse diferente, pero eso no los convierte en autistas. Sin embargo para la industria es útil mostrarlos así porque están convencidos de que el público lo entiende todo mejor con etiquetas, por simples y arbitrarias que sean.

Superhéroe o caricatura, el autista distorsionado de la ficción sigue apareciendo una y otra vez en nuestras pantallas, y no parece que vayamos a lograr superarlo en breve. La buena noticia es que hay creadores (nosotros mismos, llegado el caso) que son conscientes de que los trastornos mentales y del neurodesarrollo —autismo, esquizofrenia, depresión…—  son algo más serio que un arquetipo trillado. Y que más allá de la idealización o la romantización, se puede presentar a quienes los padecen como personas corrientes que se enfrentan a los retos particulares de su día a día, tratando de encajar y vivir su vida lo mejor posible. Y en el fondo eso es lo que deseamos todos.



(El 18 de febrero es el Día Internacional del Síndrome de Asperger).

2 comentarios:

  1. Un artículo que invita a la reflexión como espectador.
    La representación de personas no normativas (quién lo es) parece una hoja de doble filo envenenado y oxidado, visibilización contra, al fin y al cabo, parodización. De todo el espectro humano el hombre medio es el único que no existe de forma real.
    En este sentido, ¿qué opinión tienes de películas como "Campeones"? En ella también se juega con el estereotipo y sin embargo son bien recibidas desde el tercer sector. Personalmente creo que tiene ideas y formas muy positivas, pero es cierto que el ser una película/comedia hace/obliga a que se tire del cliché a menudo. Es decir, al final estás contando una historia que tiene que ser interesante dentro del género que tocas ¿dónde está el equilibrio?

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    1. No hay nadie que se libre de poder ser representado como un cliché. En mi opinión la clave está en el respeto, se puede hacer humor inteligente mostrando todo tipo de realidades si el autor se toma el trabajo de conocerlas y entenderlas. Si no empleas ese tiempo puedes acabar como Big Bang Theory, donde al final el personaje de Sheldon es una caricatura de lo que se ve en los primeros capítulos. Cuando un guionista no se toma en serio el personaje al que trata y solo lo quiere como excusa para el chiste fácil, es donde surge el problema. El mejor ejercicio para saberlo es preguntarse ¿en qué público ha pensado el autor al escribir esto? ¿Quién va a disfrutar de esta historia, quién se va a reír (sanamente) con ella? Nuestra aspiración debe ser que todos lo hagan, incluídos los implicados.

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