26 mar. 2019

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Aquaman es una de las veinte películas más taquilleras de la historia y la de más éxito del universo DC, superando ampliamente a Wonder Woman o La Liga de la Justicia. Por eso mismo resulta sorprendente lo endeble que resulta su guión, lleno de tópicos, con escenas que comienzan o acaban con una explosión y diálogos huecos repetidos por actores poco convencidos. Durante casi dos horas y media, el director James Wan conduce a Jason Momoa y Amber Heard por una montaña rusa, lanzándoles un enemigo tras otro, tratando de convencernos de que lo que vemos en pantalla es algo más que la misma historia de siempre, adornada con neones y trajes brillantes. Pero eso sí, bajo el agua.

Si despojamos a Aquaman su estética recargada y su parafernalia, en el fondo sólo nos encontraremos a un viejo conocido: el viaje del héroe. Los guionistas han decidido repetir una fórmula de éxito y lo hacen tan al pie de la letra que dejan poco lugar a la sorpresa. En los quince primeros minutos se presentan todos los elementos que se van a usar más adelante: la madre supuestamente muerta, el villano que desea vengarse por una afrenta del pasado, el objeto legendario que hay que recuperar, los territorios peligrosos de los que nadie ha vuelto, el monstruo mitológico al que todos temen. Como todos sabemos, si un personaje secundario dice "es imposible, nadie lo ha logrado jamás", es una señal inequívoca de que nuestro héroe lo hará. Imaginemos eso multiplicado varias veces.



En el fondo dar todas esas pistas de lo que va a ocurrir no es algo negativo en sí mismo, porque al espectador le gusta anticiparse y unir las piezas del puzzle por su cuenta. Lo malo es no ser capaz de innovar (o no querer), teniendo medios y oportunidad. ¿De verdad vamos a ver una vez más cómo un héroe que no desea serlo madura y asume su lugar, descubriendo su verdadero poder por el camino? Al menos en esta ocasión nos saltamos la infancia del protagonista… ah no, que hay flashbacks.

Otro buen ejemplo de oportunidad desaprovechada es la madre de Aquaman, a la que nunca vemos morir. Así que como somos veteranos en esto, imaginamos que no se la comieron en la Fosa, como todos dicen. Se ve venir, por tanto, un guionista que quiera salirse un poco del esquema trillado, haría algo con peso narrativo y emocional con eso. Algo que nos de en la nariz y nos haga pensar que no somos tan listos. ¿Qué pasaría si ella hubiese involucionado al vivir entre monstruos, volviéndose la reina de la Fosa y convirtiéndose en un enemigo más para el protagonista? Devolverla a su estado humano, si es posible, sería un reto más. ¿Y si no hay manera y la única alternativa que queda es matarla? El conflicto siempre es más interesante que la solución fácil… en este caso, que Atlanna haya estado escondida viviendo a lo Robinson Crusoe en una isla del centro de la Tierra.



Pero asumir riesgos puede que sea pedir demasiado a unos guionistas a los que no se les ocurre otro tipo de transición que explosiones, cuanto más grandes mejor. Uno pierde la cuenta del número de veces que algo vuela por los aires, interrumpiendo a los personajes. Quizá sea mejor así, si tenemos en cuenta que los diálogos suenan forzados y aportan poco o nada. Si la película fuese muda y nos limitásemos a seguir a Aquaman y Mera por los diferentes escenarios, lo entenderíamos todo y la información que echaríamos en falta sería mínima. Por otra parte, esa escasez verbal hace que Jason Momoa pierda una gran oportunidad de crecer como personaje carismático, superando sus gruñidos y su hostilidad inicial. Incluso en los momentos más trascendentes, cuando uno piensa que el personaje ha evolucionado y va a asumir un rol más maduro, lo mejor que obtenemos es un "que te den".

Personalmente creo que no han logrado crear ningún personaje memorable, no por falta de tiempo, sino porque no ha habido intención seria de desarrollarlos. Los secundarios son meras siluetas de cartón, arquetipos como "la compañera" (con relación romántica apresurada incluida), "el sabio", "el antagonista" con motivaciones muy básicas, que no importa demasiado si vienen o van. Ni siquiera el propio Aquaman tiene un pasado que nos permita empatizar con él. Para colmo una de sus acciones más relevantes es negarse a ayudar a un enemigo caído, cosa que chirría en un superhéroe y resulta difícil de justificar. La solución fácil habría sido hacer que tenga que optar por salvar a un marinero inocente o al mercenario atrapado, no soltarle un "búscate la vida" a sangre fría, dándonos a entender que en algunos casos está justificado hacer de juez y jurado, y condenar a muerte a alguien. La reflexión personal que él saca sobre ese episodio, a posteriori, tampoco llega a ninguna parte. Probablemente la interrumpió alguna explosión.



No todo es malo en Aquaman, hay que reconocerlo. Algunas escenas son espectaculares, como el tsunami avanzando en paralelo a la camioneta del protagonista, como una amenaza de dimensiones titánicas de la que no se puede huir. Para los fans de Lovecraft, la ciudad perdida en el desierto y los "profundos" que habitan la fosa son un regalo para la vista. Pero lo mediocre supera por goleada. Algunas son elecciones de producción difíciles de entender, como los diseños de las armaduras de los soldados, una ciencia ficción de plástico que no encaja con la estética general de Atlantis. Otra la banda sonora, que mezcla estilos, a veces dentro de la misma secuencia, un ejemplo claro en la persecución por los tejados de Mera. ¿Y por qué en un mundo en el que es de dominio público que existen los superhéroes, se ridiculiza en televisión al profesor que teoriza sobre los atlantes? ¿Acaso es lo más raro que han visto en todos esos años?

Como punto final, habría que hacer una reflexión sobre por qué a pesar de todo esto, Aquaman ha sido capaz de recaudar más de 1000 millones de dólares. El tirón de Jason Momoa y la expectación interminable por las películas de superhéroes son la explicación más fácil. Los carruseles de escenas de acción sin trasfondo tienen tirón. Y no es algo nuevo, a lo largo de estos años, películas pésimas han batido un record tras otro de taquilla. Star Wars es especialista en vomitar entregas mediocres, pero bien publicitadas, lo mismo que la saga de Jurassic World, pésima pero rentable. Si el bombardeo mediático es suficiente, cualquier cosa pasa por una obra de arte, o como mínimo, atrae al público a las salas. Como conclusión, las cosas no pintan bien para aquellos que esperen algo más de su experiencia cinematográfica. Los grandes estudios no van a ver necesidad de mejorar sus guiones si cualquier cosa factura cifras astronómicas. Sólo cuando los números no son los esperados, como en el caso de Los Últimos Jedi, porque Disney ya no se conforma con menos de 2000 millones de dólares en sus grandes franquicias. Lo dicho, las películas de fantasía, ciencia ficción o superhéroes de calidad, no están ni se las espera pronto.


2 comentarios:

  1. Le veo alicaído Frankenrol, apenas hay un par de ironías... No se deje derrotar por "la industria" del entretenimiento...
    "Si el bombardeo mediático es suficiente, cualquier cosa pasa por una obra de arte" Pues si, una gigantesca porción del coste total del cine es la publicidad (y comprar críticos, entre eso que se gasta en publicidad)
    Siempre nos quedarán las coproducciones checheno-filipinas.

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