martes, 2 de febrero de 2016


Roy "Big Country" Cady es un matón desahuciado por el cáncer. En su último y accidentado trabajo conocerá a Rocky, una prostituta adolescente tan perdida como él. Juntos emprenderán la huida y se enfrentarán a los demonios que acechan tanto en su pasado como en su presente.

Cualquiera que haya visto True Detective reconocerá el nombre de su autor, Nic Pizzolatto. Antes de escribir una de las mejores series de los últimos años, el escritor de Nueva Orleans firmaba la que sería su primera y hasta el momento única novela: Galveston.

Galveston tiene algunos puntos en común con el mayor éxito de Pizzolatto, sobre todo su manera cruda y realista de describir los aspectos más sórdidos del estado en el que él mismo nació y creció. Sin embargo su trama se aleja de la clásica investigación policial para hacernos espectadores de todo lo contrario: el encuentro y la frágil alianza entre dos personajes del submundo criminal. Los aspectos místicos, filosóficos o sobrenaturales que se entretejían en la primera temporada de True Detective están aquí ausentes. Sólo queda la angustia de unos protagonistas al límite, que se saben perdedores y en el fondo casi se han resignado a serlo.

Quizá por ser una primera obra y por el género en el que se mueve, la novela peca de recurrir a algunos clichés, sobre todo en la caracterización de los personajes. Tampoco la trama es tremendamente original. Sin embargo a medida que uno pasa las páginas resulta más difícil desentenderse del destino de Roy y Rocky. Su odisea es carnal y humana, tan cercana que a veces resulta dolorosa. Sin grandes conspiraciones ni misterios que resolver, tan solo la crónica de una deriva emocional y vital, plagada de aspiraciones no cumplidas y sueños rotos, con la que cualquiera puede identificarse.

En conclusión, a pesar de sus tics Galveston merece la pena para todos los aficionados al neo-noir y confirma el buen hacer de Pizzolatto. Veremos qué nos depara en el futuro.

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