jueves, 14 de mayo de 2015


En 1925 el explorador inglés Percy Harrison Fawcett, su hijo y un amigo desaparecieron en la selva de Brasil mientras iban en busca de una misteriosa ciudad perdida, bautizada por el propio Fawcett como "Z". Desde entonces otras muchas expediciones han intentado averiguar qué fue de ellos y localizar sus restos, sin éxito. Tampoco se ha encontrado rastro alguno de la ciudad, quizá porque siempre perteneció al brumoso territorio de la leyenda.

A finales el siglo XIX y principios del XX el mundo aún era un lugar misterioso. Se viajaba en condiciones precarias, con mapas imprecisos y sin saber qué escondería el siguiente desfiladero o el siguiente recodo en la jungla. Desde Angkor Wat a Machu Picchu, pasando por el Gran Zimbaue, vestigios de antiguas civilizaciones eran descubiertos en los cinco continentes y desafiaban lo que los historiadores creían saber.

Percy Fawcett no era un aficionado, ni mucho menos. Miembro de la Royal Geographical Society, coronel de artillería, cartógrafo, arqueólogo, su amigo Arthur Conan Doyle se inspiró en sus increíbles narraciones sobre sus hallazgos en Bolivia para escribir su novela El Mundo Perdido. Para cuando emprendió la búsqueda de Z ya llevaba a sus espaldas siete expediciones a lo largo y ancho de Sudamérica. Es probable que fuese en alguno de esos viajes cuando entró en contacto con las historias locales sobre ruinas ciclópeas ocultas en la selva. Se dice que fue H. Rider Haggard, también íntimo suyo, el que encendió definitivamente su curiosidad al regalarle una estatuilla negra con extrañas inscripciones procedente de Brasil.

Las palabras de los nativos y algunas vagas menciones en textos de la Biblioteca Nacional de Rio de Janeiro fueron suficientes para alimentar la obsesión de Fawcett durante casi veinte años. Sólo el estallido de la I Guerra Mundial, en la que combatió, supondría un breve paréntesis en su búsqueda. Sería en 1925 cuando finalmente decidiría internarse en el Mato Grosso, acompañado por su hijo mayor Jack y un amigo de éste. El pequeño grupo se enfrentaría a un terreno a menudo impracticable, enfermedades, insectos y tribus hostiles. Las cartas que enviaba por medio de mensajeros nativos a su mujer y a los periódicos que le financiaban fueron su único contacto con el exterior hasta que tras un esperanzador último mensaje ("no debes temer ningún fracaso") su pista se desvaneció.

Con el tiempo muchos siguieron los pasos de Fawcett, haciendo caso omiso de su expresa voluntad de que nadie fuese a buscarle. Hubo rumores que le situaron como prisionero de los indios, casado con una princesa local o muerto y con sus huesos convertidos en poderosos fetiches. Las tradiciones orales de las tribus de la zona del Río Xingú hablan de los tres hombres blancos que partieron hacia el oeste y nunca regresaron. Entrando ya en el terreno de lo fantástico, la afición del explorador por el ocultismo ha llevado a algunos a especular con que encontrase lo que buscaba en realidad: una milenaria ciudad, en un valle escondido o tras un acceso secreto a la Tierra Hueca, quizá todavía habitada por descendientes de los atlantes, y decidiese quedarse allí para siempre. Nunca lo sabremos.



2 comentarios:

  1. Interesante documento ¿para cuándo la partida? No he podido evitar acordarme de la malograda serie The River, que tenía un planteamiento muy interesante pero una ejecución forzada por el recurso de "grabación encontrada".

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  2. The River me encantó, que gran serie y que lastima que fuera cancelada. Tenía muchísimo potencial para hacer grandes cosas.

    Este articulo es una excelente semilla de partida, y de hecho se puede usar fácilmente junto alguna otra partida que tenga lugar en la selva de sudamerica. Como por ejemplo los pozos de Bendal-Dolum que viene en el suplemento "El terror que vino de las estrellas".

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