lunes, 27 de octubre de 2014

Algunas personas sólo quieren ver el mundo arder. Y otras disfrutan imaginando cómo sobrevivir en las cenizas del post-apocalipsis. Desde Mad Max a The Walking Dead, sin olvidar juegos de rol como Twilight 2000 o cómics como Crossed, mucho se ha rodado y escrito sobre este tema. Las situaciones límite, vengan provocadas por una guerra nuclear, una pandemia o una invasión zombi, tienen un extraño atractivo. Enfrentarse a bandas de saqueadores, buscar agua y comida, equiparse, atrincherarse, huir a toda velocidad a través de autopistas infestadas de cadáveres y radiación. Para muchos, un plan perfecto.

El post-apocalipsis tiene mucho de reto y rompecabezas, solo que en este caso las piezas, bien ordenadas, deciden si sobrevivimos hasta el día siguiente. El tablero de juego son los restos de una civilización que conocemos bien, y ese es otro punto de interés. Calles vacías, edificios abandonados, centros comerciales desiertos. ¿Qué es lo que quedará el día después? ¿Qué elegiremos para defendernos? Quizá decidamos robar una tienda de deporte para hacernos con una ballesta, hagamos acopio de latas de conserva en un supermercado o puenteemos un coche y huyamos hasta las montañas. En todo caso, alguien puede haber pensado lo mismo que nosotros. ¿Nos enfrentaremos a otros supervivientes o nos uniremos a ellos? En un escenario de este tipo, las malas decisiones pueden tener consecuencias catastróficas y las amenazas surgir justo al doblar la esquina.

En Mad Max se trataba de bandas de saqueadores motorizados, en las películas de George A. Romero, las imparables hordas de no-muertos. Lo cierto es que los seres humanos pueden ser tan terroríficos o más que los zombis. Unos y otros verán a los supervivientes como un objetivo con el que acabar. Los protagonistas de las películas del género suelen solucionarlo de forma lógica, al menos para un estadounidense: armándose hasta los dientes para repeler los ataques con una lluvia de plomo. En otros lugares del mundo habría que optar, es de suponer, por soluciones intermedias como las armas cuerpo a cuerpo.

El futuro después del desastre global pasa a menudo por establecer un plan y ceñirse a él. El viaje hacia un lugar mejor es siempre un clásico, ya sea un refugio en las montañas o una isla no contaminada en medio del océano. Una granja en la que atrincherarse y esperar a que las cosas mejoren es otra de las alternativas más populares. Pero por muy lejos que estemos, nada nos garantiza que la muerte y la violencia no vayan a llamar en cualquier momento a nuestra puerta. ¿Cómo de sólidas serán entonces nuestras defensas? Y aunque podamos resistir ¿volverán las cosas a ser como antes alguna vez?

Puede que el fin del mundo nos seduzca porque su sombra asoma de cuando en cuando sobre nuestras cabezas, como una espada de Damocles. Sabemos, quizá de forma inconsciente, que el entramado de nuestra civilización es tan débil que un empujón cualquiera puede hacer que se tambalee. Una llamarada solar puede apagar las comunicaciones de todo el globo y causar el caos total; un nuevo virus extender la muerte y el pánico a lo largo y ancho de los continentes. La guerra, la muerte y la enfermedad nunca han dejado de golpear al ser humano y no van a dejar de hacerlo. Sólo hay que elegir qué nos llevará a la siguiente Edad Oscura, porque más pronto o más tarde, allí estaremos... Empieza a prepararte.

2 comentarios:

  1. XD
    Escaba tu propio bunker, rellenalo de armas y comida y prepárate para lo peor.
    Hay cosas que nunca pasan de moda... la clave es si merece la pena vivir para eso.
    En mi opinión en caso de apocalipsis, sobrevivirían los ejercitos, tienen recursos y disciplina... el tema es ¿durante cuantos años se mantendrían sin convertirse en si mismos en un gobierno militar fieles al "mandato democrático"?

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