jueves, 30 de octubre de 2014


Los moteles americanos son un escenario recurrente en las películas de terror. Psicosis, Identidad, Habitación Sin Salida o Reeker, por citar algunas, transcurren en estos modestos  -y a menudo sórdidos- alojamientos al borde de la carretera. Construcciones de una o dos plantas en medio del desierto, poco más que una hilera de habitaciones separadas por finos tabiques, suelen compartir detalles como la máquina de hielo que es mejor no visitar de madrugada y el encargado de aspecto sospechoso que hojea una revista con desgana o mira la televisión.

Un cartel de neón parpadeante invita a acercarse al incauto que recorre la vieja Ruta 66. Puede haber muchos motivos para pasar la noche en un motel, ya sea la falta de presupuesto, ganas de conocer la América profunda, una avería en el motor o que la oscuridad se nos haya echado encima y estemos demasiado cansados para seguir.

Plano del Motel Bates - Metropolis Magazine 
No es difícil adivinar por qué son lugares tan queridos en el subgénero cinematográfico de los psychokillers. Sus principales rasgos, además de las precarias instalaciones, son el aislamiento y la ausencia total de seguridad. Las puertas, situadas a pocos pasos del aparcamiento, son accesibles para cualquiera. El asesino de turno no suele tener demasiados problemas en echarlas abajo, o si es más sutil, en colarse por la también clásica ventana trasera del baño. Para cuando la patrulla de policía más cercana llegue a las inmediaciones, las manchas de sangre de la moqueta se habrán secado hace mucho.

Tendidos en la cama, incómoda y chirriante, la madrugada se nos antojará plagada de sonidos extraños que nos impedirán conciliar el sueño. Televisores a todo volumen, alguna pareja cariñosa, e incluso, con mala suerte, golpes y gritos que nos harán sospechar que se está cometiendo un crimen. Salir a investigar será, por supuesto, nuestra sentencia de muerte.

Postal vintage - The Museum of the San Fernando Valley
Cabezas cortadas enterradas en el hielo, un reguero de sangre tras el mostrador de recepción, extrañas siluetas que se adivinan más allá de la zona iluminada por las farolas. Lo que antes era sólo una sospecha se convertirá en una terrorífica certidumbre. Dejaremos todo atrás y correremos a la desesperada hasta nuestro coche. Allí descubriremos que nos hemos olvidado las llaves en la habitación o peor aún, que alguien ha arrancado los cables de motor. ¿Y ahora qué? ¿Regresar y atrincherarnos esperando el amanecer o tratar de pedir ayuda? Naturalmente los móviles no tendrán cobertura y los teléfonos fijos no darán linea.

Explorar la vieja casa del encargado -si es que la hay- no traerá nada bueno, lo sabemos, pero puede que sea nuestra única oportunidad de hacer una llamada de socorro o encontrar un vehículo que funcione. En esa construcción siniestra no faltarán más hallazgos macabros, quizá una cámara frigorífica en la que cuelguen despiezados antiguos huéspedes, una colección de taxidermia humana o un plató para rodar snuff movies. Sin pretenderlo nos habremos metido en la boca del lobo, los siguientes candidatos a formar parte de aquel horror...

flickr: Bradley Fulton

1 comentarios:

  1. Ricky Amatulo (usuario de Motel Maldito)31 de octubre de 2014, 13:55

    La Biblia en el cajón junto con unas fotos inquietantes marcando algún pasaje...
    Los americanos han generado muchos iconos pop modernos, las cosas como son (quien no quiere comerse un grasiento desayuno en una cafetería de carretera?
    Has puesto el dedo en el interruptor!! Muy bueno!

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