jueves, 5 de diciembre de 2013


Vía Arundel Militaria

A finales del siglo XIX los soldados coloniales necesitaban un arma personal fiable, capaz de realizar una serie de disparos con rapidez y potente como para detener en seco a un enemigo lanzado a la carga. La Pistola Lancaster nació como alternativa a los revólveres de la época, que todavía resultaban propensos a fallos, lentos de recargar y difíciles de mantener, en especial en lugares como junglas y desiertos.

La Lancaster reproducía el diseño de los clásicos "pimenteros": dos o cuatro cañones superpuestos que se accionaban sucesivamente al apretar el gatillo. Recargarla era tan sencillo como abrirlos y reemplazar los cartuchos, una ventaja tremenda sobre el sistema de avancarga o los tambores de revólver. Con tan pocos elementos móviles, el conjunto tenía una robustez envidiable incluso en las condiciones más duras.

Se fabricaron este tipo de pistolas en multitud de calibres, desde el pequeño .380" al .577, pero los más comunes eran los .450 Adams y .455 Webley habituales en otras armas de la época.

Tremendamente populares entre los soldados de la fuerza expedicionaria británica, las Lancaster se siguieron utilizando hasta llegar a la I Guerra Mundial, aunque para entonces ya existían pistolas como la Mauser C96 o revólveres como los Webley Mk. IV, de diseño y calidad probadas.


Vía Wolverine Supplies


1 comentarios:

  1. Estoy replanteándome lo del revolver, estas lancaster tienen mucha solera...

    ResponderEliminar