jueves, 18 de julio de 2013

Escribir sobre lo que uno conoce es un viejo consejo que se da a los autores que empiezan. No recuerdo dónde lo leí por primera vez, seguramente en alguno de los manuales de escritura a los que era tan aficionado hace años (y que para mi sorpresa sirvieron para algo). Siempre he tenido una relación de amor-odio con esa recomendación. ¿Escribir sobre lo que se conoce? ¿Qué persona corta de miras nos sugeriría eso? ¿No es preferible la libertad total, sin cortapisas? ¿No somos dueños los escritores de una desbordante fuente de maravillas que traducimos en palabras sin aparente esfuerzo?

Ironías aparte, si lo analizamos fríamente tiene su lógica, el conocimiento da fluidez y seguridad a la hora de escribir, algo de lo que siempre andamos escasos. Por mucho que nos cueste reconocerlo las experiencias de primera mano se filtran en el papel con una fuerza que es difícil dar a las creaciones de imaginación pura. Los lugares se construyen por sí solos en las páginas de nuestra historia, creíbles y llenos de detalles... porque hemos estado allí. Los personajes dejan de ser siluetas de cartón si se inspiran en gente con la que nos hemos cruzado en alguna ocasión.

La experiencia personal se puede sustituir por documentación, claro está. No se pueden vivir todas las experiencias del mundo, en todos los lugares y en todas las épocas. Habrá quien desee escribir sobre el Japón de los samuráis sin tener que esperar a una máquina del tiempo que le lleve allí. La magia de la literatura también es esa, su capacidad para transportar tanto al que lee como al que escribe a puntos distantes en tiempo y espacio, levantando mundos enteros en el proceso, si hace falta. Eso sí, unos buenos cimientos de realidad lo harán más fácil y el resultado será mucho más satisfactorio y duradero.

Hace un tiempo le hablaba a un amigo uno de mis proyectos, de esos que siempre tengo dando vueltas por mi cabeza tratando de encontrar su propia "voz". En concreto se trataba de Perros Salvajes, una historia que todavía no había decidido si sería un relato de género negro, una aventura autoconclusiva o ambos. Ambientada en un remoto lugar de Alabama, arrancaba con un grupo de matones de Las Vegas llegando al pueblo en su Cadillac Eldorado, en busca de un antiguo socio que había huido con algo que no le pertenecía. Después de escucharme con paciencia monacal, mi amigo hizo un comentario: ¿por qué Estados Unidos? ¿No tenía material más cercano y mejor aquí mismo, en nuestro país?

Un simple ejercicio de sustitución de nombres en la historia anterior produce una sensación curiosa. Cambiemos Alabama por Cádiz y los mafiosos de Las Vegas por traficantes de la periferia de Madrid. El tono de la historia pasa de una ficción casi cinematográfica a un realismo sucio, crudo, que no es ni mejor ni peor, simplemente diferente. Quizá en la expresión "cinematográfica" está la clave: ¿qué sabemos de Las Vegas, más allá de lo que hemos visto en películas y series de televisión? ¿Escribimos sobre una realidad que conocemos o sobre una versión pre-maquillada de esa realidad? Esta pregunta se puede extender a otros géneros, ¿es nuestra fantasía medieval una obra original o sólo un refrito de un refrito? ¿Conocemos algo concreto del medievo o peor aún, de la propia fantasía?

A pesar del tono tremendista, no hay que alarmarse. Como decíamos antes, no hace falta abrir una puerta al pasado, presente o futuro para escribir sobre él. Tolkien nunca pisó la Tierra Media y Dan Simmons jamás cruzó los teleyectores a la Hegemonía. Lo que no se puede negar es que "conocían" sus mundos, aunque fuese de otras maneras. Tolkien era filólogo, historiador, experto en sagas nórdicas... la base estaba ahí, haciendo funcionar y engrasando los engranajes del subconsciente del escritor.

Volviendo a la novela negra, en mi caso las anécdotas truculentas -robos, asesinatos, ajustes de cuentas- que he ido recopilando a lo largo de los años, muchas ocurridas a un tiro de piedra, parecen más vivas que mi Las Vegas idealizada. Como germen de historias tienen mucho más futuro que todas las novelas de Dashiell Hammett que pueda acumular, por lo que significan para mí. Si revisamos las estanterías del género en una librería al azar, se repite el mismo patrón: autores (¿por qué tantos del norte de Europa?) que usan como escenario sus países, ciudades o barrios, incluso a menudo a versiones de ellos mismos como protagonistas. Y tienen éxito, porque los lectores prefieren aquello que tenga una implicación, un sentimiento de fondo, algo que casi se pueda tocar, ficticio pero a la vez cotidiano, de carne y hueso.

En el fondo se trata de una fórmula tan sencilla como laboriosa de poner en práctica: escribir sobre lo que conocemos, o como mínimo, conocer a fondo aquello sobre lo que pretendamos escribir. Documentarnos e investigar para que aunque no podamos vivirlo de primera mano aún pueda intrigarnos, emocionarnos y arrastrarnos de la misma forma que nosotros queremos lograr con otros.

9 comentarios:

  1. Muy buen articulo, como bien dices a veces caemos en la tentación de escribir sobre sitios mil veces aparecidos en televisión o escritos sin haberlos visto nosotros mismos, no podemos evitar sentirnos atraidos por la luz como una polilla, pero debemos pararnos un instante y pensar que incluso a nuestro alrededor ocurren cosas tan fascinantes, aunque no las veamos, como las que pueden pasar en "Las Vegas".
    PD: Me ha hecho gracia que pongas Cadiz jejeje.

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  2. ¿Esto significa que podremos disfrutar de esa historia? :)

    Un saludo.

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  3. Gracias a todos. Lo cercano siempre parece demasiado trivial o conocido como para escribir sobre ello. Sin embargo es la fuente de inspiración más natural para cualquier autor y seguramente la mejor.

    Espero poder publicar la historia/aventura pronto.

    Un saludo.

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  4. Una de las cosas curiosas del amado/denostado Pérez-Reverte, y que además ha tenido un éxito bastante notable, es retomar el siglo de oro español, tan mancillado políticamente por los idearios nacionalistas (Todos los idearios) y que ha hecho que se vea con vergüenza retomar cualquier hecho histórico del terruño si no es para politizar sobre él, mientras nos conformamos una y otra vez con los ejercicios onanistas anglosajones, que no son ni más brillantes ni menos vergonzosos, y que llevamos ya marcados a fuego en el cerebro como buenas reses consumistas.
    Va permeando este asunto de la "visión de lo local" pero aún lejos de la pura ficción o el puro entretenimiento.
    Tampoco hay que olvidar el factor propaganda del cine anglo, especialmente en los EEUU, como factor cohesionador social, aquí rechina mucho poner a un poli como lo ponen ellos, o a un militar o a un senador o ¡al presidente! ¿te imaginas una peli de éxito llamada "Fuerza aérea española 1, el avión del presidente" XDDD.

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  5. Si sirve de algo mi vaga experiencia personal, yo hace tiempo acepté el consejo para evitar la documentación, tarea ardua que requiere mucho tiempo y recursos, y que no siempre está al alcance del escritor principiante que tiene que dedicarse a trabajar y a cuidar de su familia.
    Dado este primer paso y si la suerte ha sido propicia, quizás el autor pueda disponer de tiempo y medios para documentarse y desarrollar esas ideas de ambientación no tan cercana. Así lo veo yo.

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  6. También se puede, sin paños calientes, ambientar el relato en Eurovegas, reuniendo el naturalismo con el policiaco, lo gañán con lo noir, lo ultramontano con lo cyberpunk, etc...

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  7. Yo en mi humilde opinión dividiría el asunto en dos: la ambientación trasfondo y paisajes de fondo y lo que se cuenta propiamente.

    Si bien es cierto que una búsqueda rápida en Google te puede dar algo de ambientación respecto a una locación o ciudad en general, dificilmente el escritor tendrá puntos de referencia en cuanto lo que se cuenta (espionaje internacional a lo james bond, apariciones vampiricas, etc)

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  8. Hay un montón de buenos ejemplos de serie negra apañola que mola, de las novelas de Juan Madrid a las pelis de Enrique Urbizu... Pero mi ejemplo favorito de coger un género mas manoseado por los anglosaxons y traerlo pacá para pervertirlo fue, es y será.... ACCIÓN MUTANTE!
    Que grande es el Álex... que grande...

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