domingo, 31 de marzo de 2013

Escribir es una tarea solitaria que consume tiempo y fuerzas, habitualmente las de toda una vida. Si tu vocación es llenar la hoja en blanco, asúmelo, no saldrás vivo de ésta.

Te esperan noches sin dormir en las que con suerte obtendrás prosa mediocre, personajes endebles y una trama aún peor. Da gracias por ello. Si el día es de los otros, de los malos, te pasarás horas inmóvil frente al teclado, devanándote los sesos para encontrar un hilo que seguir o una manera de contar aquello que bulle en tu cabeza. Escribirás y borrarás párrafos una y otra vez, frustrado porque nada se acerque a esa visión perfecta que flota en algún lugar de tu subconsciente. Aprenderás mil forma de hacer café, te pasarás al té, lo cambiarás por cerveza, pensarás que si a Hemingway y tantos otros les funcionó algo un poco más fuerte, ¿por qué no? Despertarás al día siguiente habiendo obtenido poco más que un dolor de cabeza y un montón de hojas arrugadas.

El perro negro de la inspiración te visitará en los momentos más insospechados, en la ducha, escondido en la niebla de los sueños que se disipan justo al despertar, en mitad una película o mientras hojeas la novela del nuevo, joven y prometedor genio de las letras que promociona esa maldita editorial a la que mandaste tu último manuscrito. Las ideas se arremolinarán y parecerán formar algo coherente, saldrás empapado, agarrarás una libreta, buscarás el móvil para tener algo donde apuntar, te lo repetirás mil veces para no perderlo. Pero en cuanto lo pongas en el papel la magia parecerá desvanecerse, la ocurrencia ya no tendrá ese brillo especial y te asaltará la duda ¿tan solo era esto? ¿Nada más? En tu fuero interno te convencerás de que no llegaste a atrapar la verdadera esencia y esperarás a que, más pronto o más tarde, el perro te muerda de nuevo el tobillo y entonces, entonces sí, logres fijarlo como debe ser.

Los grupos de terapia para escritores, si existiesen, deberían comenzar como los de los alcohólicos o los ludópatas, con un reconocimiento público de lo que somos. Esclavos autoimpuestos del mundo de ficción, que nos usa caprichosamente como portales para asomarse a nuestra realidad. Intérpretes de las andanzas de personajes fantasmagóricos que nos eligen cuando a ellos les apetece para que narremos lo que fue o será de sus vidas inventadas. Aun así, a pesar de su insufrible tiranía, no podemos dejarlo. Dar con la palabra correcta es forjar la llave a esos universos y mucho más, es la promesa de ser espectadores -o protagonistas- de todo tipo de historias, de que todas nuestras preguntas serán respondidas y todos los secretos revelados. No es casualidad que las páginas de los libros se asemejen, de lejos, a intrincados laberintos.

Te empeñas en seguir tecleando a escondidas, robándole tiempo al sueño y si alguien te pregunta a qué te dedicas, tus labios forman la frase "trabajo en un videoclub" pero por dentro tu cerebro lo tiene muy claro "estoy aquí de paso, en realidad soy escritor". Te ves muy lejos, donde ya ha estado toda esa gente que admiras, en el país legendario del reconocimiento y el éxito editorial. Imaginas cómo será tener tu foto en una contraportada, ser leído por millones de personas, o quizá simplemente que alguien te pida que firmes uno de tus libros y te diga que le ha gustado tu obra. Te intriga saber cómo lo lograron otros pero no importa lo distantes que parezcan, sientes que formas parte con ellos de la misma y trasnochada orden de caballería, tan antigua como secreta.

Porque escribir, al fin y al cabo, es una batalla que libramos solos. Y aunque la derrota parezca amenazarnos siempre, no elegiríamos otra obsesión, otra vocación ni otra pelea. Seguiremos ahí un amanecer más, convirtiendo con palabras lo trivial en mágico, sin detenernos por nada ni por nadie.

A todos los que estén ahí, yo os saludo, camaradas.

13 comentarios:

  1. Robert E. Howard al parecer decía que sus personajes le decían cómo y cuándo iban a pasar sus aventuras, también al parecer afirmaba que sabía que Conan iba a ser rey pero no cómo lo consiguió porque aún no se lo había dicho.

    Ánimo y sigue así.

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  2. Inspirador, descarnado, Magnifico.

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  3. Perseverancia, esa es la clave. No todos tenemos talento.

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  4. "Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo: lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu."
    Juan Pablo II

    No hace falta ser cristiano para aceptar la verdad de esta afirmación.

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  5. Como dijo Borges "El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta 'el modo imperativo'. Yo siempre aconsejé a mis estudiantes que si un libro les aburre lo dejen. Que no lo lean porque es famoso o porque es moderno o porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz."

    Y yo añado... y sin escritura no habría lectura por lo que sin un tú, no habría un yo.

    Gracias.

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  6. ¡Ah escribir...! Tan bueno y tan malo a la vez.
    Yo me inspiro en la ducha, afeitándome y aunque suene un poco raro planchando. A veces me dan ganas de ponerme a dar consejos sobre cómo escribir una novela por alguién que no ha escrito nunca una, pero que anda en ello desde hace muchos años.

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  7. XD
    Keats... espero que no sea un grito desesperado... desde que le cortaron el grifo, miserables esbirros y Judas, sé poco de usted... Espero verlo deificado el domingo, con todas las respuestas a todas las preguntas, aunque el lunes vuelva a ser solo un humano aporreando un teclado, atrapado en una carcasa carnosa y limitada que coarta una mente libre, con sus caprichosas necesidades de comida y bebida...
    Escribir no puede ser un deseo, ha de ser una necesidad.

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  8. Un maestro muy querido me dijo hace tiempo que escribir es un camino solitario, siempre se está sólo, hasta cuando llega el éxito.

    Ánimo, las palabras puede que no sean tan importantes como el efecto que producen; una fórmula para la auténtica magia que poseemos en nuestro mundo.

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  9. Cuánta verdad hay en esta entrada. Genial, como siempre.

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  10. Saludos Camarada... saludos desde el cono de luz que ilumina este teclado desgastado de palabras fantasmas por su efímera presencia en el blanco lienzo.
    Saludos...

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  11. Gracias a todos por vuestros comentarios, veo que muchos compartimos este inhóspito territorio siempre por explorar. Para mí no hay nada mejor que soñar con otros mundos y contarlo, aunque a veces sea difícil.

    Un saludo, nos leemos.

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  12. El Bombero de las bombas24 de julio de 2013, 17:32

    Jopé, cuánta verdad hay en todo este artículo, cuánta familiaridad. Me he sentido totalmente identificado. Me ha ayudado mucho. Gracias. En serio, gracias.

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