miércoles, 22 de agosto de 2012

"Los cuentos de hadas son más que ciertos. No porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser derrotados." - G.K. Chesterton

Es difícil que exista una criatura más icónica en los juegos de rol, y quizá en la propia mente humana, que el dragón. Ha dado nombre al padrino indiscutible del género, Dungeons & Dragons, y durante años ha representado la máxima amenaza a la que podían enfrentarse los aventureros. Páginas y páginas de los bestiarios, incluso tomos enteros como el Draconomicón, lo describen y catalogan. Quizá por eso ya queda poco en ellos del monstruoso saurio de las leyendas.

Spined Wurm - Carl Critchlow
La historia está llena de relatos sobre dragones gigantescos, dragones alados, dragones cuadrúpedos o largos como serpientes interminables. Los hay emplumados, marinos, de múltiples cabezas. Escupen fuego, tienen mordiscos venenosos o púas dorsales. Su sangre cura todas las enfermedades, funde el acero o vuelve invencible a aquel que se baña en ella. En todas sus formas, el dragón infunde respeto y provoca terror.

Porque el dragón es un monstruo y debe ser un monstruo. Es un símbolo, una metáfora de todos los temores, de lo desconocido. Es la marca en los mapas que nos reta a llegar más lejos, el límite en el cual las personas normales pasan a convertirse primero en aventureros y después en héroes. Es el Desafío. Es la Criatura.

Al empezar a escribir Midnord tenía claro que quería algo más cercano al folclore que a la fantasía medieval clásica. No me interesaba un refrito tolkieniano ni la enésima versión del D&D básico. Deseché a elfos, orcos y monstruos tradicionales. Para algunos como el dragón, busqué una imagen más acorde con el espíritu de la ambientación: un continente norteño, duro, salvaje y en gran parte inexplorado necesitaba amenazas con esas mismas características.

Craw Wurm - Richard Sardinha
Me puse en el lugar de los aventureros, caminando a través de un bosque milenario, y escuchando de repente, a lo lejos, el crujir de la madera que se parte. La primera impresión sobre el dragón sería su cuerpo gigantesco y alargado, sin alas, deslizándose entre los árboles, las escamas de color verde oscuro, la cresta ósea de la cabeza y su morro picudo. Moviéndose más rápido de lo que cabría esperar para una criatura de su tamaño. Todos estos detalles me remitían a un dragón serpentino, parecido al lindworm del norte de Europa. Lo imaginé en otros entornos, sujeto con sus cortas pero fuertes patas a las estribaciones de una cordillera montañosa, enroscado en los salientes, con las escamas grisáceas confundiéndose con las rocas. Vigilando el valle, a punto de caer sobre una manada de bueyes lanudos, aturdiendo a su objetivo con un coletazo y rompiendo todos sus huesos en una presa mortal.

Algunos apuntes para su descripción:
        De entre 15 y 20 metros de largo, más de 10 toneladas de peso y cubierto de gruesas escamas, el dragón serpentino es un depredador inteligente, territorial y agresivo, una fuerza de la naturaleza capaz de arrasar una aldea en una noche o emboscar al paso a una caravana, devorando a todo aquel que se ponga en su camino.
Se cuenta que tras alimentarse arrastra al resto de sus capturas hasta su guarida, excavada en la ladera de las montañas o en profundos túneles en el bosque. Pasados los años, ropas, armas, armaduras o joyas desechadas se acumulan al fondo de estos cubiles. Pocos se atreven a seguir a los dragones para comprobarlo y muchos menos se deciden a cazarlos, a pesar del alto precio que se paga por su sangre, huesos o escamas, componentes indispensables para remedios y ungüentos de todo tipo.

Como material de los cuentos que son, sus habilidades y su comportamiento serán un misterio: ¿respiran un gas verde venenoso? ¿Se aparean en las noches de luna llena? ¿Existen cementerios de dragones? Los buhoneros hablan de una ciudad en el norte en el que príncipes corruptos los alimentan con sangre hasta que sus escamas adquieren un tono rojizo y sus ojos un brillo perverso...

5 comentarios:

  1. A mí me gustan los dragones gloranthanos. Más que criaturas son accidentes geográficos, dado su tamaño. Los "dragones típicos" a los que te puedes enfrentar no son más que sus sueños materializados en el plano mundano.

    ResponderEliminar
  2. Yo prefiero a los dragones de siempre los que tienen alas, pero todo es cuestión de gustos. Y menos bestias y más sabios y terribles. Los imagino un poco como MdT hizo con los vampiros, ellos dominan la sociedad actual aunque su forma real es disfrazada para no alertarnos y recordad: Nunca pactes con un dragón.

    ResponderEliminar
  3. "Dispara a matar, ahorra munición, y nunca hagas tratos con un dragón"... Muy bien, muy bien... Por cierto, Haco, en "Bestiario de Antaño" de Mundo de Tinieblas, para Changeling y Mago la Cruzada, se da una descripción de los dragones que te encantaría.

    Sinceramente, me encanta esta "vuelta a los orígenes" que está realizando JKeats con los dragones. Espero, JKeats, que con otros personajes fantásticos que pueblen Midnord tomes la misma decisión.

    Más rebuscar en legajos (o al menos en Borges) y menos en D&D, que ahí, por mucho que haya tantos que no se den cuenta, ya está todo el pescado vendido (parece a los juegos de Rol lo que Marvel a los cómics) si se quiere captar cierta esencia mítica. Por cierto, en un texto del siglo XVI de un cronista llamado Johannes Stumpf se habla del Drache de montaña y del serpentino Lindwurm de valle. ¿Lo conocías? ¿No habrás sacado el nombre de ahí?

    ResponderEliminar
  4. Materia prima para la leyenda. Me encanta!

    ResponderEliminar
  5. Me gusta el artículo, pero veo un pequeño fallo en la descripción:
    Si tienen forma de sierpe (sin patas) o cortas patas de lagarto no puedo imaginarme cómo podrían excavar una guarida, y si miden más de 15 metros no habrá apenas refugios naturales de los que puedan valerse... A menos que exista algún fenómeno geológico o criatura especial que creen cavernas suficientemente grandes.

    ResponderEliminar