martes, 26 de junio de 2012

La Víctima Perfecta es una película de terror de la Hammer estrenada en 2011. Escrita y dirigida por Antti Jokinen, tiene a Hilary Swank y Jeffrey Dean Morgan en los papeles principales y a Christopher Lee en un papel secundario bastante desaprovechado. Aunque está rodada de manera correcta, a nivel de guión tiene tantos agujeros y está tan mal construida que merece la pena utilizarla como material para ver qué se debe hacer y qué no en una historia del género. Analizaremos la trama punto por punto así que aquellos que no la hayan visto (adelanto que es pésima) es mejor que dejen de leer a partir de aquí.

La (desastrosa) trama
La historia arranca con varias secuencias de la doctora Juliet Devereau en su vida cotidiana. Es médico de urgencias, vive en un hotel, hace footing por el parque y en general la sensación que nos transmiten las imágenes es de aislamiento y de que sufre las secuelas de algún problema familiar o personal que le ha ocurrido no hace mucho. Sin que haya una sola línea de diálogo ya nos formamos una idea de cómo es ella y de que algo malo ocurre o ha ocurrido hace poco en su vida, lo cual es todo un logro. No hay conversaciones innecesarias y se nos da pie al desarrollo posterior. Hasta ese momento no hay ninguna queja con el oficio del director/guionista.

Juliet da el siguiente paso lógico, buscar un apartamento, cosa que en Nueva York es harto complicado. Después de algún intento infructuoso visita un edificio antiguo, en respuesta a una llamada de alguien que ha visto su anuncio. Allí conoce a Max, el casero, que está arreglando un apartamento espacioso que le ofrece a buen precio.

Todo parece perfecto y durante la mudanza Juliet conoce a August, el abuelo de Max (interpretado por Christopher Lee). Más adelante, Max le contará que antes trabajaban en el edificio a medias, tomaban las decisiones y hacían todo juntos, según sus propias palabras, pero desde su embolia ya no es así. En un paseo por el parque será ella la que se sincere hablándole de cómo nunca tuvo una verdadera familia. Con ello se forma una conexión emocional entre ambos, se les da profundidad y se conecta con el espectador. Los protagonistas tienen que importarnos o el desarrollo posterior perderá sentido ya que no temeremos por su suerte.


Hasta este punto la trama va en un dirección clara, se han presentado varios personajes principales y podemos sospechar que no todo es lo que parece. El apartamento parece demasiado bueno para ser verdad y el abuelo del casero tiene un aire poco tranquilizador. Por si fuera poco, durante la mudanza cruza una dura mirada con Max que sólo el espectador ve y que puede significar... ¿un aviso o una advertencia respecto a ella? ¿Le estará diciendo, no vuelvas a hacer lo mismo, no mates a ésta también? No lo sabemos de momento, pero es un detalle que aumenta la tensión.

Al poco tiempo nuestras sospechas se confirman: alguien espía a Juliet desde las sombras del apartamento y a través de agujeros estratégicamente colocados en las paredes. El primer candidato es el casero, que ha remodelado el piso hace poco y debe conocer cada rincón. Ella todavía no sospecha nada y el acosador no deja ninguna pista, permaneciendo en el anonimato. Es lógico, porque si ya conociésemos su identidad la historia perdería mucha fuerza.

Con los personajes bien establecidos, comienza una relación entre ambos que rápidamente va a más. Por algunas escenas anteriores hemos visto que hay alguien a quien Juliet no quiere coger el teléfono. También vemos a un hombre espiándoles desde el otro lado de la calle. Finalmente es ella misma la que le dice a Max que no puede olvidar a su ex-novio, sugiriendo que necesita algo más de tiempo. Este es el punto de inflexión en el que el guión se tuerce y parece escrito por una persona diferente.

En un flashback nos enteramos de que Max vio a Juliet en urgencias y la acosa desde entonces. Su llegada al apartamento no fue fortuita sino que lo preparó todo para que ella se quedase. Esta revelación no es mala por sí misma, pero sí el momento en el que llega, que no beneficia a la historia. Lo tradicional en el género es recapitular al final, junto con la "gran revelación" de la identidad del asesino, no en la mitad del desarrollo.

En primer lugar la identidad del hombre entre las sombras queda revelada: es Max, al que vemos destrozado por el rechazo de Juliet. Ese rechazo se confirma cuando ella recibe una llamada de su ex-novio Jack... ¡y decide quedar con él! Por tanto no sólo el guionista torpedea la historia en lo más básico, revelando la identidad de la amenaza, sino que tira por tierra todo lo que sabíamos de ambos protagonistas. Max no es el casero maduro, atractivo y seguro de sí mismo, sino obsesivo y pusilánime, tal y como se lo recuerda su propio abuelo. Juliet pasa de intentar rehacer su vida, viviendo en un piso por su cuenta y comenzando una nueva relación, a darle una nueva oportunidad a su ex-novio.

No sólo estos cambios rompen con todo el desarrollo anterior, sino que convierten a los protagonistas en dos individuos con los que es imposible empatizar. El espectador puede elegir ponerse del lado de ella, que vuelve con el hombre que la engañó y la hizo sufrir -según vimos en el arranque de la historia-, o de él, el manipulador que la espía sufriendo de celos infantiles. Para poner un clavo más en su ataud, Juliet pronuncia las palabras fatídicas: "Qué suerte tener un amigo como tú."

A partir de este punto el espectador intuye lo que va a ocurrir, Max pasea por el interior del apartamento, muerto de celos. Le vemos matar a su abuelo para "llevar su propia vida", según sus palabras. Opta por drogar a Juliet y hacer con ella lo que le apetece, como una especie de amante nocturno desquiciado. Ella sólo nota que le cuesta despertar, pero aun así decide instalar varias cámaras ocultas para saber qué pasa cuando se acuesta. Con todas las piezas sobre la mesa, sólo queda esperar el desenlace previsible en el que su engaño sea descubierto y se enfrente a Juliet. No hay ningún elemento de sorpresa así que para el espectador la tensión va cayendo a toda velocidad y ya sólo queda que el desenlace acelere un poco el ritmo.

Cuando la revelación se produce y Juliet ve a Max abusar de ella en las grabaciones de seguridad la situación degenera en una persecución bastante sosa por el apartamento y sus pasadizos ocultos. El final ni siquiera deja en el aire si el asesino vive o muere, otro recurso clásico del género de terror. Aquí le vemos muerto y bien muerto. Quizá el director se dio cuenta de lo bajo que había caído y no quería que hubiese posibilidad de una secuela.

Reescritura: Elementos clave y posibles alternativas
La Víctima Perfecta no tiene pretensiones de ser un hito del terror, ni siquiera de culto, pero con unos pocos cambios quizá sería una película más entretenida y con más ritmo. Para ello bastaría con recurrir a los ingredientes habituales del thriller-slasher:

  • Mantener la identidad del asesino en secreto y revelarla en el último momento, a ser posible con un giro inesperado, es lo más básico.
  • En caso de que no podamos o no queramos, porque la nuestra sea una historia más centrada en los crímenes que en la investigación, el asesino debe ser carismático. Los mejores títulos del cine de terror tienen asesinos con nombres y apellidos que provocan el pánico con su sola presencia.
  • Inspirar miedo en el espectador es una tarea laboriosa y uno de sus trucos es hacer, aunque suene crudo, que los crímenes sean sangrientos y retorcidos.

Hay varias maneras de incorporar estas ideas a La Víctima..., en primer lugar el espectador no debe saber que Max es la amenaza. Él es el sospechoso más probable, pero debemos dejarlo así, sin concretarlo ni mostrarle haciendo nada realmente "malo". Podemos mantener la identidad de la sombra que pasea por el apartamento en secreto o dejar que el espectador sepa que es Max, pero preparando una sorpresa al final que cambie nuestra impresión sobre él.

En segundo lugar, si queremos que sea terrorífico, hay que darle un trasfondo más tétrico e inquietante a la situación, quizá Juliet no sea la primera mujer que ocupa del apartamento, ¿qué pasó con las anteriores? ¿Por qué nunca vemos a más inquilinos? ¿Hay alguien realmente habitando el edificio? Juliet ha aceptado con facilidad que Max y August son los dueños ¿pero qué sabemos de ellos?

Por último, si hacemos un repaso a la película veremos que sólo hay dos muertes, la de August y el novio de Juliet. Una es muy aséptica y la otra ni siquiera aparece en pantalla. El asesino no tiene estilo ni firma, es tan convencional que no transmite una verdadera amenaza física. Podemos cambiarlo aprovechando alguno de los personajes secundarios, como la amiga de Juliet, introduciéndolos en la acción y haciendo que sufran un destino terrible.


Alternativa A: Cosas de Familia
En esta variante, la historia transcurre como ya sabemos, pero ellos no llegan a intimar, sólo mantienen una relación agradable que va yendo poco a poco a más. En un momento dado Juliet descubre que está siendo espiada por alguien, que resulta ser Max. El espectador ya le ha visto asesinar a su ex-novio y su mejor amiga Sidney, que se acercaron demasiado a la verdad. Cuando huye por los pasadizos primero da con sus cadáveres y luego con los restos de las anteriores inquilinas con las que él se obsesionó. Desesperada, llega al apartamento de al lado y pide ayuda a August que le promete sacarla de allí... pero en realidad la entrega a Max, diciéndole que "siempre se han dedicado a aquello juntos".


Alternativa B: El Invitado Inesperado
En este caso de nuevo la relación entre Juliet y Max va avanzando progresivamente, su ex-novio Jack intenta una reconciliación pero no surte efecto. El espectador sabe que alguien la vigila desde las sombras del apartamento. Ella misma siente una presencia extraña así que instala las webcams en su dormitorio y los pasillos. Su mejor amiga deja de acudir al trabajo sin previo aviso, lo cual la altera aún más. Al revisar las primeras grabaciones unos días más tardes descubre que Max la vigila mientras duerme y aterrorizada llama a su ex-novio. Cuando llega le muestra las imágenes pero al llegar a las últimas, las que no ha visto todavía, contempla cómo fue Jack -despechado y furioso por su rechazo- y no Max el que se coló un día en su apartamento y asesinó a su amiga, que llegaba sin previo aviso en ese mismo momento. Al saberse descubierto, el ex-novio ya totalmente psicótico intenta matarla pero Max se lo impide.

De las dos, la primera alternativa es la más siniestra (personalmente es la que más me gusta) y se le pueden dar más vueltas de tuerca. Por ejemplo, en su huida por los pasadizos del edificio, Juliet puede descubrir que ningún piso está habitado realmente y que las siluetas que vio a través de las ventanas eran maniquíes, colocados por el casero como parte de su gigantesca trampa para ella. Si consigue escapar matando a August e hiriendo a Max  con la pistola de clavos, la policía le dirá que nadie ocupa ese inmueble desde hace años. Al final de los títulos de crédito Max puede reaparecer en otra ciudad, alquilando un piso a otra chica indefensa. No hay que subestimar el poder de un buen cliché usado a tiempo.

3 comentarios:

  1. El problema de La víctima perfecta desde luego es sobre todo el guión. No creo que su solución hubiera sido hacer cosas más convencionales como que la identidad del psicópata se muestre al final. Psicosis demuestra que con talento se puede hacer una película que a la mitad pegue un giro de 180 grados. Lo que hubiera necesitado el guión de esta película es talento, ¿y qué hubiera resultado? Pues lo más parecido a cómo hubiera sido La víctima perfecta si se hubiera hecho bien habría sido algo como la espléndida Mientras duermes.

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  2. XD
    El guión, ese gran desconocido... cuando veas Prometheus podrás hacer una crítica de cómo con efectos especiales, director de renombre, recuerdos de una obra de arte remota, se puede salsear un guión ridículo y que aún haya un montón de personas que digan que es una obra maestra.
    Tristemente, lo fundamental de una peli, su corazón, se descuida demasiado a menudo, he visto telefilms de media tarde con guiones más solventes que muchas peliculas afamadas en cartelera. Guiones que cumplen perfectamente con lo que se espera de ellos y que cuentan la historia que pretenden... es cierto que esa historia no nos interesa, pero al menos lo hacen bien.

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  3. No soy fan del cine de terror (de hecho, me cuesta mucho verlo, porque me meto demasiado en la película y sufro mucho :-)), pero me gusta mucho la primera opción. La segunda no está mal, pero el personaje del nuevo-amante-salvador está un poco trillado de más.

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