jueves, 21 de junio de 2012

En 1991 un par de turistas alemanes que ascendían a los Alpes italianos, muy cerca de la frontera entre Austria e Italia, se toparon a más de tres mil metros de altura con lo que creyeron eran los restos congelados en el hielo de un alpinista extraviado. El cadáver se encontraba en un risco, fuera de la ruta habitual por las montañas, lo que explicaría por qué no había sido localizado antes. La policía lo extrajo al día siguiente y lo llevó a la universidad más próxima, donde lo reconocieron como lo que realmente era: la momia de un ser humano que vivió en la zona miles de años atrás, conservada por las frías temperaturas.

El cuerpo de Ötzi, bautizado así por la región donde se halló, los Alpes de Ötztal, ha ofrecido una perspectiva única de la vida de los habitantes de Europa durante la Edad del Cobre, hace más de 5000 años. Su fecha de nacimiento se ha datado en el año 3300 AC aproximadamente, cuando todavía no se había desarrollado la escritura y  faltaban más de 700 años para que comenzase la construcción de la Grán Pirámide.

Según los estudios forenses, Ötzi rondaba los 45 años, aunque se le representa algo avejentado, medía 1.65 m, pesaba 50 kg y era originario de una zona de valles al norte de Bolzano. Sus piernas acusaban los efectos de largas caminatas, por lo que se especula que pudiese ser un pastor de alta montaña. Su pelo muestra trazas químicas que apuntan a que trabajó en la fundición del cobre, o al menos que estuvo relacionado con ella. En su piel se han encontrado tatuados al carbón grupos de puntos y rayas, en zonas en las que aparentemente habría sufrido de dolores articulares, lo cual sería una de las primeras muestras de acupuntura medicinal jamás registradas.

Entre los artefactos encontrados a su alrededor, los más significativos son:

  • Un hacha con cabeza de cobre.
  • Un cuchillo de pedernal.
  • Herramientas, incluyendo una para fabricar puntas de flecha.
  • Un arco largo, de casi 2 metros de alto, a medio montar.
  • Un carcaj con 14 flechas, de las cuales sólo 2 están terminadas.
  • Ropa de piel, incluyendo un gorro y un manto.
  • Botas de piel con forro de hierba, tal vez raquetas para la nieve.
  • Yesca y pirita para hacer fuego.
  • Hongos medicinales.
El hacha era todo un lujo para una época en la que las herramientas eran en su mayoría de piedra. El grado de pureza del cobre empleado y su acabado hacen pensar que se trataba de un trabajo especializado que no acabó en manos de Ötzi por azar. Poseer un objeto de ese tipo le identificaría como una persona de alto rango, quizá un jefe de clan o como mínimo alguien con prestigio entre los artesanos del lugar.

Durante años se pensó que Ötzi había muerto de frío, atrapado por una tempestad al intentar cruzar las montañas. Sin embargo en 2001 un investigador descubrió una punta de flecha alojada en su hombro, lo que apunta a un final más violento. Otros indicios se sumaron a ese para pintar un escenario mucho menos plácido para sus últimas horas: en sus manos había heridas defensivas y sangre de al menos cuatro personas en sus armas y sus ropas.

Con tan pocos datos, sólo se puede especular. Pudo tratarse de un intento de robo que se complicase. El hacha de cobre por sí misma habría sido tentadora para cualquiera. Sin embargo una persecución que termina a más de tres mil metros de altitud en los Alpes, no parece motivada por algo tan trivial. Si el hacha era un símbolo de estatus y Ötzi realmente una persona importante en su clan, quizá una enemistad entre tribus o una lucha de poder pudo derivar en una emboscada y la subsiguiente huida.

Tampoco sabemos si el hombre de los hielos iba solo. Se piensa que la sangre de su manto pudo ser en realidad de un compañero herido que él cargó hasta las montañas. De ser así ¿dónde está ese cuerpo? ¿Hubo tal vez más acompañantes que consiguieron cruzar el paso y ponerse a salvo?

Los restos en las armas de Ötzi nos hablan de un hombre experimentado, que acabó con dos enemigos como mínimo con su arco (la flecha fue recuperada dos veces) y que se defendió con su cuchillo en un combate cuerpo a cuerpo. Se llevó algunos tajos, sobre los que aplicó un emplasto curativo, pero salió victorioso. Al menos pudo escapar para combatir otro día.

El contenido de su estómago indica que comió carne de venado ocho horas antes de su muerte, es probable que cazado en un valle cercano. Sin embargo no se han hallado restos congelados de la misma en forma de raciones para el camino. Es difícil de creer que un viajero tan preparado como él no partiese con agua y comida suficientes para semejante travesía. Tampoco tuvo tiempo de terminar su impresionante arco largo nuevo -¿perdería el anterior en el combate?- ni de emplumar y fijar las puntas a todas las flechas que llevaba. Estaba reponiendo su equipo pero algo, la proximidad de sus perseguidores probablemente, le hizo dejarlo todo a medias y ponerse en marcha de nuevo.

Menos de 24 horas más tarde se escondía en un saliente rocoso, con su hacha y su cuchillo a mano. Había recibido un flechazo en la espalda y todo pintaba mal. La herida era mortal, perdía mucha sangre pero aun así aguantó horas a la intemperie, demostrando una resistencia fuera de lo común. No se sabe si fue la hemorragia o un traumatismo en la cabeza lo que acabó finalmente con su vida. Puede que se desplomase, exhausto, y se golpease contra una roca. Después de 5000 años sus cosas seguían a su lado, lo que parece descartar que sus enemigos llegasen hasta él, pero presenta nuevas incógnitas. ¿Realmente intentó el viaje en solitario, armado de forma precaria y sin provisiones?

Es posible que la historia sea otra y lo que faltaba en el lugar de su muerte sea tan revelador como lo que los arqueólogos hallaron. En su espalda sólo se encontró la punta de la flecha que le hirió, no el astil, que tampoco estaba en los alrededores. Alguien estuvo a su lado y se la quitó, alguien que no se llevó su hacha, por lo que podemos suponer que era un aliado. Si a Ötzi le acompañaban otros miembros de su clan, familiares o incursores en retirada, es lógico pensar que al sentirse herido de gravedad les entregase comida y armas suficientes para continuar, mientras él se quedaba atrás para no ser una carga. Se apostó junto a la pared rocosa, se envolvió en su capa y soportó la ventisca, listo para pelear contra cualquiera que se hubiese atrevido a seguirles. No hay otros cuerpos en la zona así que probablemente ese enfrentamiento nunca llegó y al cabo del tiempo el hombre de hielo, débil y viendo cumplida su última misión, se dormiría para no volver a despertar.

6 comentarios:

  1. Fue un valiente, y no me he vuelto a encontrar a alguien tan duro. Gracias a él pudimos los demás poner al príncipe-niño de la tribu a salvo... Pero yo fue ver el flechazo y decirme: Esto no tiene cura, por lo menos aquí en mitad del monte. Y con los orcos detrás, la cosa se complicaba muchísimo...

    ¡¡Así que esto es lo que le ocurrió al final!!

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  2. Jejeje, muy bueno Luis.

    Ötzi, antepasado de Boromir, está claro.

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  3. Magnífica historia! Un inventario "de libro", llevaba el hombre... imagino que el hacha sería +2 por lo menos XD

    Es increíble lo que aún se puede encontrar en la "completamente explorada" Tierra...

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  4. Ja, ja... Sí, es que es tal cual...
    Y además en el neolítico los orcos aún no eran raros.

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  5. Creo que lo leí en el National G. Estos hallazgos me parecen fabulosos, mucho mejores que los de tumbas, porque son casi una foto voyeurística de 7000 años, sea cual fuera el acontecer de los sucesos de ese día, ese fotograma en 3d de su cadáver, es algo sin manipular, ¡una foto de una escena real del pasado remoto!.
    En cuanto al asta de la flecha, es posible que se perdiese o desprendiese en el camino hasta el refugio y quedase la punta dentro, yo creo que murió solo, con su preciada hacha...

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  6. esta historia es interesate para todos

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