Conan el Bárbaro es uno de esos remakes innecesarios que salpican la cartelera cada cierto tiempo, otro clon bastardo de una familia a la que se unirán en breve
Robocop,
Desafío Total o
El Cuervo... . No merecería la pena reseñarla si no fuera porque sirve muy bien como ejemplo de qué hacer y qué no hacer en el género medieval fantástico, tanto en cine como en los juegos de rol.
(Aquellos que tengan intención de verla es mejor que no sigan leyendo.)
La película arranca con una narración en off que nos cuenta cómo en el pasado fue creada una máscara que confería un poder casi absoluto. Cuando el tirano que la llevaba fue derrotado (vaya poder absoluto más patético, la primera en la frente), la máscara fue dividida entre los líderes de las tribus bárbaras, para evitar que alguien pudiese reunir los pedazos e intentase de nuevo conquistar el mundo. Hasta aquí, nada nuevo, queda la duda de por qué no tiraron los pedazos al mar, si querían quedarse tranquilos. Misterios de la mente bárbara.
La reliquia dividida en X partes es un clásico que se lleva usando desde hace muchos años, llegando a su máximo exponente con los videojuegos, que a menudo mandan al protagonista a recuperar los cinco fragmentos de la espada mística, que lleva engarzados los siete rubíes de poder, etc. En el Manual del Master de AD&D 2ª ed. uno de los artefactos de ejemplo era la Vara de las Siete Partes, que daba pie a crear una campaña en la que los personajes tuviesen que ir en busca de cada fragmento aventura tras aventura, dungeon tras dungeon... como para acabar odiando las varas y todo lo que se les parezca.
El recurso de la máscara es manido, pero puede salir algo aceptable de él. Sobre la presentación, personalmente las narraciones en off no me gustan (si estás viendo una película, lo que esperas es que te muestren las cosas, no que te las digan), pero también es un recurso clásico. Si ya lo hacía Star Wars, ¿por qué no? Esa primera parte de
Conan recuerda mucho al comienzo de
El Señor de los Anillos, salvando las distancias.
Conan nace en un campo de batalla y es criado en un poblado un poco destartalado por su padre, Corin. Es una lástima que con un presupuesto de 90 millones de dólares no puedan mostrarnos algo mejor que cuatro chabolas mal montadas. Con una fracción de ese dinero la película de 1982 presentaba una Cimmeria mucho más creíble.

Ya como un muchacho, pasa un rito de iniciación en el que se enfrenta a varios salvajes con un extraño aspecto mohicano. Quizá sea una de mis escenas favoritas de la película, puede que la única: superado en número, demuestra que a pesar de su corta edad ya es un guerrero implacable y acaba con todos sus enemigos de manera brutal y expeditiva. Una demostración de personalidad que más adelante se echará en falta.
Como no podía ser de otra forma, el villano de turno, Khalar Zym, interrumpe la paz del poblado en busca del fragmento de la máscara que le falta. En esos momentos Corin debía estar pensando que tirarlo al mar no habría sido tan mala idea, después de todo. Zym encuentra lo que busca ayudado por su hija, una bruja en potencia en todos los sentidos, y arrasa el lugar, también como era de esperar. Villanesco del todo. Al padre de Conan le reserva una muerte creativa, que dejará marcado al niño de por vida.
Pasan los años. Llegados a este punto hay que reconocer que la elección de Jason Momoa como protagonista adulto es un acierto, al menos físicamente. Puesto al lado de Arnold Schwarzenegger, Momoa da una impresión más salvaje y "cimmeria", y aquí hablamos de un bárbaro, al fin y al cabo. Siguiendo con las comparaciones, su caracterización como Khal Drogo en
Juego de Tronos era más amenazadora, al menos para mi gusto. A nivel de interpretación su personaje por desgracia es bastante plano, no hay desarrollo ni diálogo con el que podamos identificarnos, pero eso es algo de lo que pecan todos los personajes. Incluso las frases que se suponen lapidarias sobre el secreto del acero o el sentido de la vida suenan huecas.
Huecas también deben ser las espadas, una verdadera vergüenza que debería hacer huir avergonzado al encargado de atrezzo. Alguien debió leer demasiados manuales de Warhammer Fantasy y llegó a la conclusión de que lo mejor era darles a los personajes mandobles descomunales que parecen sacados del Todo a Una Pieza de Oro: filos imposibles, guardas bastas y simplonas al más puro estilo "made in China" de la era Hyboria. O peor, ¡cimitarras dobles desmontables!
A esto último no hay que buscarle mucho sentido. ¿Por qué hace las cosas Khalar Zym? Porque le da la gana. Si quiere usar un par de espadas ridículas, las usa. Si quiere llevar un barco tierra adentro hasta las montañas, lo lleva. Algo tiene que hacer para demostrar que es un megalómano con planes de conquistar el mundo, porque el resto de su actitud es tan gris que no es raro que su hija, la bruja de los dedos con cuchillas y peinados retorcidos (una especie de Princesa Leia psicópata) resulte mucho más carismática que él. Zym debió saltarse las clases de la Academia de Señores Oscuros, le falta presencia, decisión, actitud. Casi es derrotado en el primer enfrentamiento contra Conan... ¿cuándo se ha visto algo así? ¡Un verdadero lord maligno no se mancha las manos! Lo que cabría esperar es que llenase el sitio de esbirros, faltando a su palabra de ir solo -obviamente- o mandase unos cazarrecompensas malencarados al por el bárbaro que intenta hacerte chantaje. De acuerdo, en esa escena aparecen hombres de arena y hay combates acrobáticos que están muy logrados, pero aun así mandaría un mensaje a los guionistas, en dos palabras: muertos vivientes. Que
Jasón y los Argonautas es de 1963 y ya tiene esqueletos con espada y escudo. Hombres de arena contra zombis, no hay color.
El problema general de Conan el Bárbaro es que los personajes son poco más que siluetas de cartón y el guión va dando tumbos desde el principio. No se trata de que sea predecible, que lo es, sino que da la sensación de que muchas escenas iban en una dirección y fueron cambiadas en el último momento, un signo inequívoco de reescritura descuidada. ¿Por qué Tamara primero parece que va a ser un personaje de acción y luego pasa a damisela desvalida? ¿Y qué ocurre con ese amigo ladrón (o el amigo pirata) que aparece y desaparece? ¿De qué sirve el asalto al barco de los piratas? Lo lógico sería que secuestrasen a la chica en ese momento, no que la capturen cinco minutos más tarde cuando va por bosque mirando las musarañas, que también es para echarse las manos a la cabeza. Te persigue el Lord Oscuro para sacarte la sangre y tú te paras a coger setas. Más sangrante todavía, ¿por qué tanto hablar de la máscara y de la resurrección de la bruja suprema... si al final no ocurre? Ya era bastante sospechoso que Khalar Zym tuviese todos los pedazos en los quince primeros minutos, pero al menos esperábamos ver al artefacto, o a la hechicera, o a quien fuese, en acción invocando un demonio o algún monstruo primigenio, o convirtiéndole en un semidios.
Pero no, lo que hay es un final metido a toda prisa con calzador, los malos mueren casi por accidente y no hay clímax en absoluto. Para lo que hace Conan para acabar con Zym lo mismo podría haberse tropezado con los cordones de sus botas y caído a la lava. ¿Lleva la máscara del poder supremo pero no sabe dónde pone los pies? Terrible es decir poco.
Resumiendo, dos horas de película en la que te entretienes viendo a un tipo enorme melenudo dando espadazos y haciendo que vuele sangre de mentira, con presupuesto y efectos, pero más cercano a
Xena, la Princesa Guerrera de lo que le gustaría. Un amigo comentaba que
Solomon Kane parece mejor a su lado. Eso no es lo preocupante, lo preocupante es que
El Señor de las Bestias parezca una obra maestra en comparación.