jueves, 5 de mayo de 2011

El manual de un juego de rol puede ser muchas cosas: referencia, herramienta, narración, obra de arte visual. A diferencia de otros libros, debe diseñarse pensando no sólo en que cuente algo sino también en que se venda a sí mismo, que no canse al lector y que apoye el contenido.

Maquetar es distribuir el texto de manera adecuada, teniendo en cuenta las peculiaridades del "entorno" (tamaño de la página, columnas, presencia o ausencia de imágenes) y tratando de lograr un efecto estético.

Ya hablamos en artículos anteriores sobre la división en columnas y sus motivos. Existen otras variables que pueden influir en que nuestro texto se lea mejor o peor: el interlineado, la separación entre palabras, el kerning (separación entre letras) y la alineación son algunas de ellas. Antes de plantearnos qué medidas son adecuadas y obsesionarnos contando sílabas, hagamos un pequeño experimento. Abramos una página de nuestro manual de rol favorito y echémosle un vistazo entrecerrando los ojos, hasta que su contenido quede reducido a formas genéricas. Si lo que vemos son bloques uniformes y bien organizados, no es por casualidad.

Una de las primeras cosas que descubriremos es que en los manuales se utiliza una fuente más pequeña y un interlineado menor del que estamos acostumbrados si hemos publicado documentos por nuestra cuenta. Usar un tipo 10 e interlineado sencillo es bastante habitual, puede parecer algo reducido pero da un aspecto compacto y profesional. Si además usamos una alineación justificada (es decir, que fuerce a todas las líneas a tener la misma anchura)  conseguiremos ese efecto de "bloque" tan familiar.

Un problema habitual que puede surgir al justificar el texto es que las palabras se distribuyan de forma incorrecta, dejando "ríos". Los ríos se producen cuando los espacios verticales de las diferentes líneas coinciden y provocan calles vacías, que destacan y estropean la composición. Lo habremos visto en muchos blogs, ya que los navegadores por ahora justifican los textos de forma muy imperfecta.



Los programas de autoedición suelen estar preparados para solucionarlo usando la separación silábica, es decir, haciendo que las líneas terminen con palabras partidas por guiones y reacomodando así el texto. Si maquetamos con un procesador de texto descubriremos que por defecto este tipo de separación está desactivada. En OpenOffice sólo hay que ir a la sección Formato > Párrafo > Flujo de texto para ponerla en marcha. Otra opción en esa misma sección es el ajuste de líneas viudas y huérfanas.

Una línea viuda es aquella del final de un párrafo que queda sola al principio de una página.


La línea huérfana por el contrario es la del comienzo de párrafo que queda sola al final de la página.


Ambas son antiestéticas, así que deberíamos procurar eliminarlas. Si nuestro programa no las corrige automáticamente habrá que hacerlo a mano jugando con el espacio entre párrafos o reescribiendo el texto (aunque personalmente no soy partidario salvo en casos extremos, en mi opinión la forma debe servir al contenido y no al revés).

En los finales de párrafo también deberíamos evitar las líneas con una única palabra, que no son estrictamente un error pero quedan visualmente "descolgadas".



Ya que hablamos del espacio, es importante no descuidar los márgenes, las separaciones entre párrafos y la distancia entre columnas, en definitiva todo lo que da "aire" al diseño y lo hace menos cargado. Una página llena hasta los topes de texto quizá nos ahorre unos cuantos pliegos a la hora de imprimir, pero lo pagaremos en cansancio de los lectores. Mi punto de vista es que añadir un poco más de espacio en blanco es una forma sencilla de ganar en elegancia. Cuando hace años maqueté mi traducción de Commonplace Book de H.P. Lovecraft (PDF), (de forma muy simple, todo hay que decirlo), quise jugar con ese efecto en la presentación, a una única columna.



Muchos manuales de la "vieja escuela" juntaban bloque tras bloque de texto uniforme en páginas con ilustraciones escasas y pequeñas. Antes quizá todo era novedad y el público aceptaba ciertas carencias en la presentación, pero con el paso de los años el listón se ha puesto muy alto. Como creadores tenemos que estudiar detenidamente el material del que disponemos y crear una estructura visual atractiva que responda a lo que contamos. Si hubiera que ponerle un nombre diríamos que hay que "atomizar" el texto y que pase de ser un caudal interminable de información a una sucesión manejable de conceptos que podamos diferenciar. Para ello contamos con una variedad de herramientas, desde dividir grupos de párrafos en subsecciones encabezadas por un título, hasta añadir cuadros con ejemplos, crear listas diferencias para las enumeraciones, tablas de una columna o de anchura completa... lo que sea por romper la monotonía.

Una buena muestra de todo lo anterior es el manual de Pathfinder, un ejemplo de variedad a todos los niveles:


En próximos artículos pasaré a dar consejos más concretos, orientados sobre todo al uso del programa Scribus, aunque pueden servir para otros, y usando como caso práctico la maquetación de un suplemento propio.

8 comentarios:

  1. Como siempre, magistral.

    Da gusto leer lo que vas comentando y se agradece esa preocupación que das por una parte desconocida del mundo de los libros.

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  2. Me ha gustado el post. Estaba esperando con impaciencia el siguiente de la serie :-) Con todo, me ha sabido a poco. Ya me tarda que escribas el próximo :-)

    De lo que has escrito, me quedo con lo del espacio en blanco. Leía hace poco en algún otro sitio (alguna página aleatoria de Internet) algo parecido: la marca del novato es que no usa suficientes espacios en blanco, como si quisiera volcar toda la información en una sola página. A mí me pasa mucho, y las veces que he probado a "derrochar" espacio y dejar grandes huecos en las páginas he quedado bastante contento con el resultado. Luego, como la cabra siempre tira al monte, he vuelto a apretujar el contenido al estilo de los metros japoneses. Pero al menos empiezo a tener claro que el espacio en blanco es una cosa buena :-)

    Por otro lado, me he bajado el ejemplo que has puesto (el "commonplaces" de Lovecraft). Hay grandes ideas ahí. Alguna de ellas me suena mucho, como la de la persona que viaja a un mundo en sueños y cuando vuelve han pasado miles de años (¿El segundo libro de Narnia?). Supongo que se le ocurrieron a más gente, o a lo mejor cada uno les encuentra parecidos según su experiencia.

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  3. Yo sigo pidiendo un ejemplo práctico con un texto, el que sea paso a paso!!
    Pero genial!!

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Un esfuerzo loable mister Keats (no puedo evitar imaginar a una gigantesca criatura verde con unos pequeñisimos anteojos redondos maquetando en un apple II)
    XD

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  6. Respecto a los espacios en blanco:

    Una de mis maestras de la Universidad solía decirnos que los malos diseñadores suelen recurrir a lo que ella llamaba "El Estilo de Diseño de la Pared de la Abuelita". Esto es, siempre que te "sobra" un espacio vacío, agregas un elemento más, sin otra justificación que "para que no quede vacío". Al final esa obsesión por cubrir cada posible espacio con algo perjudica más de lo que ayuda, pues el mensaje se pierde entre todo el ruido visual, tantos mensajes distractores y un exceso de variables gráficas. (Yo le llamo "cariñosamente" a ese problema "Barroquismo visual".) No se trata, pues, de diseñar caprichosamente y sólo por cubrir "toda la hoja". ¡Los espacios vacíos también tienen su función y su utilidad!

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  7. Excelente explicación sobre la edición textual. Da gusto leer tus artículos, por tu generosidad y brillantez.

    Saludos

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