martes, 26 de octubre de 2010

Los Propagadores de la Plaga
Aparecen sin previo aviso, surgiendo de noche o entre la niebla, arrastrando sus pesados ropajes por el barro, con paso lento y renqueante. Al poco de su llegada deja de oírse a los animales e incluso calla el zumbido de los insectos, sólo queda el sonido chirriante de su incensario, que se balancea inundando el aire con su mortal carga.

A simple vista el aspecto de los Propagadores hace pensar a los habitantes de las zonas afectadas por la peste que pertenecen a alguna orden monacal de las muchas que intentan socorrer a los enfermos. Sin embargo cuando se aproximan las diferencias saltan a la vista: su hábitos negros están sucios y raídos, cubren sus manos con vendas manchadas y la amplia capucha está deformada por el elemento más extraño de su indumentaria, una jaula cuadrada de hierro que cubre su cabeza a modo de yelmo. El rostro tras los barrotes siempre queda en las sombras y por mucho que uno se aproxime sus pálidas facciones resultan confusas y desdibujadas. Ni siquiera acercando un antorcha es posible tener una imagen clara, ya que rehuyen cualquier fuente de luz directa. El incensario que portan deja escapar un vago olor a flores marchitas y pantano: el hálito negro. También suelen llevar un recipiente y un hisopo con el que salpican lugares y personas mientras musitan una incomprensible letanía.

Hace mucho tiempo los Propagadores fueron seres humanos, pero ahora tan solo su forma lo recuerda. Caminan sin descanso de pueblo en pueblo esparciendo la enfermedad y la podredumbre mientras ocultan su verdadera naturaleza bajo sus mantos. Lo que nadie sospecha es que los Propagadores son poco más que cadáveres que se sostienen gracias a burdos remiendos, clavos y correas que sujetan sus maltrechos cuerpos, hinchados y semidescompuestos. No están muertos pero tampoco vivos. Un enfermo terminal, un cirujano infectado mientras cumplía con su labor, un sacerdote corrupto, quizá incluso un príncipe que buscaba escapar para siempre de la muerte, cualquiera puede recibir la visita del Envenenador, con una propuesta simple: salvación a cambio de una eternidad de servidumbre. Si hubieran sabido lo que les esperaba, la mayoría habrían preferido perecer antes que firmar el siniestro pacto.

Su manera de actuar es siempre la misma, tratarán de pasar desapercibidos mientras infectan calles y casas, marchándose antes de que los primeros síntomas del hálito negro se manifiesten. Sin embargo algunos sacerdotes y estudiosos han aprendido reconocerlos a simple vista y darán la voz de alarma en cuanto perciban los signos de su presencia.

Si se ve forzado a combatir, un Propagador intentará agarrar a su oponente y acercar su rostro a los barrotes de su jaula, para consumir su energía vital. La víctima envejecerá varias décadas en unos pocos segundos, marchitándose hasta morir si no logra apartarse. Éste es su ataque preferido si se enfrentan a un único enemigo y lo emplearán sin dudar sobre cualquiera que sospechen que puede delatarles. Contra varios contrincantes el Propagador intentará abrirse paso golpeando con sus manos garrudas que terminan en uñas afiladas como el acero y están cargadas de enfermedades. La sangre de un Propagador es venenosa y si se le mata contaminará de forma permanente el suelo donde caiga, al igual que cualquier fuente de agua cercana. Si la criatura es anciana, su cuerpo hinchado puede estallar en una nube negra tóxica capaz de cubrir un barrio entero. Se sabe que el fuego es especialmente efectivo contra estos seres.

PROPAGADOR DE LA PLAGA
Fuerza: Alta
Destreza: Baja
Carisma: -
Inteligencia: Media

Ataques:
Consumir Vida
Garras (Daño agravado por enfermedad)

Habilidades Especiales:
Propagar Enfermedad
Sangre venenosa
Inmune a conjuros que afecten a la mente
Inmune a venenos y enfermedades
Inmune a conjuros de envejecimiento o muerte mágica
Sigilo Sobrenatural (Moverse en silencio y esconderse en las sombras)

Vulnerabilidades Conocidas:
Fuego
Incapaz de pisar terreno sagrado

Cazadores de brujas, inquisidores y exorcistas hablan además de cierta jerarquía entre los Propagadores. Cuentan que existen algunos perversamente inteligentes,llamados Flagelantes o Señores de la Epidemia, (no se sabe con seguridad) capaces de utilizar conjuros y que se defienden con látigos o negras espadas curvas. Su determinación es inquebrantable y no retroceden ante las antorchas ni se arredran al verse acorralados por las muchedumbres enfurecidas. Queda saber si estas historias son reales o simples fabulaciones que se intercambian en torno a una hoguera.


(Continuará...)

5 comentarios:

  1. Mis respetos, la idea te ha quedado genial. :)

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  2. GUAU, te felicito. Has descrito a los bichos de tal forma que se me han puesto los pelos de punta. Imaginándolos avanzar silenciosos por los arrabales de la ciudad.. Magnífico! ^^

    Saludos

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  3. nada mal en realidad. y si fueran los portadores en realidad un culto que proclama que la plaga es la separacion debiles y fuertes? y que solo la matanza los slavara?. harian motives y revueltas por doquier.

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  4. Hey, me gustan estas criaturas, sabes, existen unas criaturas de concepto parecido en Aquelarre, tienen el nombre de "Agotes", que, a parte de sufrir la peste d enacimiento, son ademas el antecedente del hombre del saco o el "sacamantecas". te lo comento si necesitas un nombre para estas criaturas.

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