martes, 15 de septiembre de 2009

De profesión, asesino

Una amplia galería de tipos duros y carismáticos, desde Charles Bronson en The Mechanic (1972) a Clint Eastwood en Licencia Para Matar (1975) han interpretado a este arquetipo que aunque en la vida real no pasa de ser un sicario de gatillo fácil, gracias a la magia de la gran pantalla adquiere los tintes épicos del guerrero solitario o el antihéroe trágico. La figura icónica del asesino a sueldo merece por méritos propios una categoría especial dentro del cine. Metódico, audaz y expeditivo, provoca en cierta forma la misma fascinación que los psychokillers, aunque a diferencia de ellos, uno siempre espera que el asesino conserve algo de su humanidad y no ceda a su lado oscuro, protegiendo a los débiles y haciendo lo correcto. En ocasiones alguien como él es la única esperanza, tal y como aprendimos en El Último Hombre (1996) / Yojimbo (1961).

El asesino es un planificador excepcional, capaz de anticiparse no sólo a su presa sino a sus perseguidores. Uno de los mejores ejemplos es Chacal (1973), basada en la novela del mismo título de Frederick Forsyth y que tuvo un remake mediocre protagonizado por Bruce Willis y Richard Gere en 1997. Resulta escalofriante darse cuenta de que el impulso natural del espectador es ponerse del lado de ese enigmático hombre que prepara el asesinato de DeGaulle -o cualquier otro- con tanta precisión. Quizá se deba a que el "uno contra muchos" siempre despierta simpatías, o a la perversa diversión que obtenemos al comprobar que todas las piezas de la maquinaria encajan.

Incluso hay subgéneros: el del experto francotirador es uno de los más recurrentes, donde podemos encontrar Shooter (2007), con Mark Wahlberg como ejército de un solo hombre, o las más sobrias En el Corazón de la Jungla (1993) y Soldado (1996), esta última con Dolph Lundgren, directa a videoclub, sólo para los más acérrimos.

Pero el asesino a sueldo no es sólo una máquina de matar, lo que le hace interesante es que debajo de su máscara de imperturbable indiferencia por la vida o la muerte también es una persona. No es raro que tenga sus propios principios, un resquicio de luz en la oscuridad que lo envuelve: León El Profesional (1994) no acepta encargos sobre mujeres y niños mientras que Ghost Dog (1999) sigue el código del samurái y es fiel a su señor incluso cuando el mismo respeto no le es devuelto.

Tampoco es extraño que el corazón se les ablande, quizá debido a la excesiva soledad autoimpuesta. The Killer (1989) de John Woo, es un canto a la amistad y a la necesidad de redención que a la larga casi todos buscan. Tener a alguien con quien hablar, aunque sea al otro extremo del cañón de una pistola o en medio de un tiroteo, se vuelve una necesidad ineludible. Lo mismo le ocurre a Sylvester Stallone en Asesinos (1995), aunque su interlocutor sea un sobreactuado Antonio Banderas, o al hierático Agente 47 en Hitman (2007). Stallone ya venía de un papel similar en El Especialista (1994), aunque en este caso era la venganza y Sharon Stone lo que le llevaban a arrasar con todo, explosivos en mano, algo parecido a lo que ocurre en El Caso Slevin (2006), con la salvedad de que el "hombre de negro" es más excusa e hilo conductor, que protagonista.

Aquel que llega a asesino sin desearlo, como Nikita (1990) (el original de Luc Besson, no el soso remake con Bridget Fonda) o Hinomura en Crying Freeman (1995) tienen más posibilidades de sufrir dudas, remordimientos o tentaciones de abandonar la vida que llevan. Otros, como Vincent en Collateral (2004), parece que tienen muy claro que esa es la vida que han elegido, aunque la película de Michael Mann, especialmente su final, es la que mejor ha retratado qué es lo que queda después de tanta perfecta planificación y realización impecable: sólo vacío.

Los asesinos sobreviven, más que viven, y aunque muchos directores recurren a su lado más espectacular y pirotécnico, como Joe Carnahan en Ases Calientes (2006), los mejores títulos son aquellos que ahondan en el factor humano o imperfecto de la ecuación. La ácida Matador (2005), con un Pierce Brosnan dando lo mejor de sí, es una joya para aquellos que prefieran la visión menos "heroica" y más irreverente del asunto. Personalmente, más merecedora del Oscar que la sobrevalorada No Es País Para Viejos (2007)

Seguramente se quedarán muchos títulos por mencionar, pero por hoy es suficiente con este repaso que tenía desde hace tiempo en el tintero.

5 comentarios:

  1. ¡Excelente artículo!

    Una nota: El nombre en español de "The Mechanic" es "Fríamente... sin motivos personales". Es una de mis películas favoritas, y facilmente la mejor película de Charles Bronson en un papel protagonista.

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  2. Vaya... No soy el único que no adora "No es país para viejos". Creo que debieron dar más tiempo al personaje de Woody Harrelson, y la verdad es que me faltó nada para quedarme dormido en el cine justo en la escena final.

    Yo incluiría también una categoría que no has metido: El vengador. No algo tan cutre como en la película "Daño colateral" del gobernador de california, sino algo más del estilo de "Venganza" de Luc Bessom, o esas "Deathwish" de Charles Bronson.

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  3. Buen repaso de peliculas

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  4. Interesante artículo que hará que mas de uno se plantee porque hace a sus personajes de rol tan "chungos" ^^

    La verdad es que la figura que describes y sobre la que ahondas es uno de los estereotipos preferidos de los jugadores.

    Un saludo

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  5. Buen artículo, en el tema de la soledad de la vida del asesino, y el miedo que esta provoca, llevando hasta la última cosecuencia el querer evitarla o el no aceptarla, tambien sería una buena inclusión "Kill Bill".

    Un saludo,

    yelier

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