miércoles, 6 de mayo de 2009

En un corto espacio de tiempo hemos tenido en cartelera dos versiones muy diferentes del mito del vampiro: por una parte, el pastiche rosa de Crepúsculo, adaptación de la novela de Stephanie Meyer y de la que tendremos entregas hasta aburrir durante unos años. Por otra, basado en la novela sueca Låt den rätte komma in de John Ajvide Lindqvist, jame entrar, un cuento que podría ser la versión siniestra y cruda de "El Pequeño Vampiro". No hay duda de cual de los dos enfoques me provoca más simpatía.
Estocolmo, principios de los 80. Oskar es un chico tímido y retraído que sufre el acoso de varios compañeros de colegio y sueña con vengarse. Las cosas cambiarán cuando Eli, una extraña niña que sólo sale de noche, se mude al piso de al lado y trabe amistad con él.

Déjame entrar es fría, oscura y sangrienta, pero de un modo desapasionado, sin efectismos. No hay hemogloblina salpicando la pantalla para que saltemos en nuestra butaca ni espectaculares decapitaciones a chorro. Mucha de su fuerza está en lo que sólo se deja entrever. También parece que está "pasada de moda" a propósito. El aire ochentero, que desubica un poco al principio, recuerda a viejas películas y series de televisión. Esa distancia temporal, que se vuelve psicológica, da más credibilidad a la historia. Todos estos elementos se combinan para dar un resultado realista y en algunos casos, hasta de documental.

Los protagonistas dicen poco pero transmiten mucho, haciendo eso que en Hollywood da tanto miedo: mostrar las cosas dejando que el espectador saque sus propias conclusiones y rellene los silencios y los espacios vacíos con su imaginación. A veces sorprende lo que podemos llegar a querer u odiar a un personaje (el líder de los gamberros, por ejemplo) presentado de forma tan minimalista. Lo única pega es que debido a esa economía en la narración uno puede quedarse con ganas de saber más del antes y el después de Eli. Algunas de las respuestas las da la novela en la que está basada la película, pero tampoco es indispensable leerla. De hecho el director y el guionista, que es el propio escritor, hicieron un esfuerzo por sintetizarla sin que se pierda nada de lo realmente relevante.

No estamos ante la enésima historia de amor entre humano y vampira, o viceversa, y es una suerte. Déjame entrar huye de los clichés, usa elementos tradicionales del folclore vampírico pero con un tratamiento personal y diferente. Lo sobrenatural no es aquí un telón de fondo "cool" para esconder un pseudo-romanticismo barato de telenovela, sino una pieza más de lo que se cuenta, con su propia entidad y su trascendencia. La mejor prueba de ello es que no importa que el protagonista sea humano o vampiro, ambos tienen algo interesante, o inquietante, que contar.

En definitiva una gran película, atípica dentro del género y de lo que se estila hoy en día, pero que no defraudará a los que busquen algo más en su cine. Y cómo no, ya se habla de un remake americano.

2 comentarios:

  1. La única pega que le vi es que llega a hacerse tediosa, con tanto silencio en el que no pasa nada. Pese a que tengan su objetivo, son demasiado abundantes.

    Aun así, la vampiresa es un poco inocente demás, si se supone que lleva mucho tiempo teniendo 12 años.

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  2. Muy buena entrada, me ha picado la curiosidad, a ver si le echo un ojo.

    Gracias por la información.

    Un saludo

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