jueves, 5 de febrero de 2009

Como decía un amigo, parece que ahora está de moda hacer versiones steampunk de todo, desde los personajes de Star Wars hasta Iron Man. El estilo retrofuturista se ha vuelto lo más cool, aunque a veces resulta difícil explicar el por qué de su éxito. El desarrollo de Leviatren ha sacado a la luz la cuestión de ¿por qué vapor y no algo nuclear, post-apocalíptico y más moderno?

Es una impresión personal, pero el steampunk transmite algo muy diferente a la ciencia ficción convencional y al cyberpunk, más allá de que se usen engranajes y carbón en vez de microchips y blasters. Uno podría pensar que son fácilmente intercambiables, como un disfraz que se pone por encima sin mayor trascendencia para la historia. ¿No sería igual de interesante Blade Runner ambientada en un Londres victoriano, con Deckard persiguiendo a un grupo de autómatas rebeldes armado con su revolver multitubo remachado? Por desgracia (o por suerte) no es tan sencillo. Aunque resulte tentador, cambiar el asfalto por adoquines y los spinners por carruajes automotrices no es suficiente.

Primero habría que definir los territorios que tocamos: por un lado el cyberpunk, que para mí siempre simbolizó la frustración del ser humano, desubicado en una sociedad hipertecnificada e incapaz de asumir los cambios provocados por la tecnología. La realidad virtual, los implantes y las luces de neón confunden en vez de ayudar, aumentando la sensación de pérdida y la desconexión con los demás y con uno mismo. Son elementos ajenos, fríos e incomprensibles para los profanos, creados en serie, despersonalizados. Las calles lluviosas y oscuras llenas de gente que no se mira, el brillo de las pantallas gigantes, bloques de apartamentos claustrofóbicos... . Para muchos es un género superado, pero sigue proporcionándonos imágenes evocadoras y muy realistas de a lo que podríamos llegar.

No toda la ciencia ficción es así, está claro, pero el final del siglo XX dejó un trauma y un poso de oscuridad, cinismo e ironía del que pocos autores han sabido librarse. Puede que fuese por la sensación de que a estas alturas ya no se podían contar cuentos como antes.

El steampunk nos hace retroceder en el tiempo y sirve de refugio a todos aquellos desencantados con ese futuro sombrío y de cine negro. No se trata únicamente de un cambio en la tecnología a nuestro alrededor, sino también en la conducta y en la forma de ver la vida. En el mundo steampunk las máquinas son comprensibles y cercanas, no despiertan recelo ni provocan alienación, sino orgullo en el que las crea y el que las usa, como demuestra el hecho de que se decoren y sean cuidadas con tanto mimo. Al fin y al cabo son piezas únicas. Por otro lado, los protagonistas no son antihéroes que arrastran terribles cargas morales y dudas existenciales, sino aventureros que salen al exterior en busca de tierras inexploradas y secretos enterrados. Pero no de cualquier manera, sino fieles a sus convicciones, honorables y con principios. Todo es posible de nuevo.

Hay temas comunes a ambos enfoques, como la rebelión contra el orden establecido (lo victoriano está bastante lejos de una utopía idílica), la simbiosis hombre/máquina o el efecto que produce la tecnificación de una sociedad, pero las diferencias de fondo son más fuertes. El cyberpunk es una metáfora del futuro deprimente que arrolla al individuo, mientras que el steampunk simboliza la pregunta ¿y si pudieramos cambiar de rumbo?

3 comentarios:

  1. A mi el steampunk es algo que visiblemente me agrada mucho...pero el mensaje, me quedo con el cyberpunk. Ese toque deprimiente y oscuro de Blade Runner (por poner un ejemplo) es algo que siempre me ha llamado poderosamente la atencion.
    En el steampunk lo dicho, la estética es lo que me apasiona, jamás había pensado en un analisis mas profundo como el que has hecho.

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  2. Lo irónico del Steampunk es la manera en que se enfoca en una proyección idealizada de la misma Revolución Industrial, y sin embargo en principio resulta una "contracultura" de tal revolución, pues en lugar de volverse "industrial", artificial y "hecho en masa" (como tú ya bien decías), lo verdaderamente valioso es el aspecto artesanal, único, auténtico, personal. Es una lucha, pero no contra la apatía, sino contra la falta de libertad.

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  3. Por desgracia estos últimos meses, justo han coincidido con un periodo crítico en el trabajo, y a veces, pese a ser unos soñadores, unos más cuadrados que otros pero soñadores al fin y al cabo, no había visto esta entrada de tu blog… así que reflexiono sobre el tema:
    En mi opinión, en las historias sean del tipo que sea, tiene que existir una columna vertebral sobre la que se hilvana todo el mundo que se recrea, en especial desde la CCFF en su más puro estilo, esta trama se suele cuidar mucho, pero también en los temas fantásticos, creo que es un pecado moderno, que tan mal cine está produciendo, primar la estética sobre la coherencia.
    Como diría Yoda, la “coherencia” nos rodea, está en esa piedra y en aquel árbol, y la produce todo lo que existe. Cuando se prima la estética sobre la coherencia, termina por haber una sensación extraña en el que recrea esa historia, que según sea la anomalía, es mayor o menor en su grado.
    Por ejemplo, en KillBill, una película con un peso “estético” central, y sin embargo, todo el mundo se queda con la escena en la que nuestra muy querida Umma se rehabilita a si misma diciendo dedo muévete en la coñoneta, y nadie piensa en esos saltos o esas espadas jamoneras, porque eso está dentro de la coherencia de la historia, son ninjas son maestros con secretos sobre el forjado de las espadas, sin embargo, después de verla e un hospital postrada, arrastrándose por el suelo, que se rehabilite así, en un momento, rompe la coherencia con el hecho inconsciente que nos ha transmitido antes en la camilla, invalida, sufriendo… pero Tarantino necesitaba a la Novia en pie ya mismo, así que se saltó la norma un segundo, rechina, pero no para empañar la peli.
    Por ello creo que si quieres ambientar un mundo en un futuro relacionado con nuestro presente, tienes que andar con pies de plomo, la gente tiene conocimientos fuera del juego que no se pueden olvidar sin una justificación.
    En mi opinión, un reactor nuclear en un tren da más ventajas que inconvenientes, pues es una máquina que no abunda, no sería el tipo de tren más frecuente, puede que existan seis siete diez en todo el mundo, tiene potencia para remolcar una ciudad, y en si mismo puede ser tremendamente “retro” y si no piensa en las pelis de “20000 leguas de viaje submarino” (bueno, y más cosas que creo que pueden ser interesantes) Creo que aporta ese toque “mágico” pero que el jugador sabe que tiene una explicación aunque tampoco sepa cuál es.
    Por otra parte, esto abre espacio a pequeños trenes a vapor, más rápidos y manejables, más fáciles de cuidar, en manos de pequeñas casas nobles o de piratas, trenes para los que se pueden construir con rapidez nuevas vías con las que atacar los leviatrenes o atajar entre la inmensidad generando miles de pequeños capilares que tendrán como nexo común las estaciones del leviatren, facilitando el comercio o lo que se quiera.
    En fin… no me enrollo más, tengo algunas ideas sobre eso, a ver si las podemos comentar un día por si te gustan y te convenzo.

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