martes, 28 de octubre de 2008

Sé que llego varios años tarde, pero “Máscaras de Matar” es un título que perseguí desde el momento de su lanzamiento, allá por el 2004, cuando ganó la primera edición del Premio Minotauro (que por cierto este año ha recaído en Federico Giordano por El Libro de Nobac). Lo primero que cayó en mis manos sobre el argumento era tan prometedor que no podía esperar a leer esa novela que parecía traer nueva luz a la literatura fantástica en español. Por diversas razones esa lectura se fue retrasando, no volví a saber nada de Arsenal y me pregunté si “Máscaras...” habría sido flor de un día y si merecería realmente la pena. Ahora que miro con nostalgia su última página puedo decir que sí, la merece.

En un mundo que recuerda muy vagamente al nuestro, una serie de pueblos de nombres enigmáticos y costumbres férreas y sanguinarias viven, guerrean, se odian y se respetan. Entretejidas en lo más profundo de su cultura existen las máscaras, representaciones animales que no son meros adornos sino entes con personalidad propia. En ellas se mezclan retazos de la personalidad de anteriores portadores y de su propia naturaleza mítica. Una máscara convierte al que la lleva en otra persona, ya que no sólo le otorga un rango y unas habilidades que no son las suyas, sino que le dota de pensamientos y razones diferentes para actuar. Hay máscaras centenarias o milenarias en las que se confunden el objeto y el portador, creando semidioses que caminan entre los hombres con la seguridad del que nunca envejece. ¿Cuánto hay de magia y cuánto de superstición en esas transformaciones? No podemos saberlo.

León Arsenal nos presenta en “Máscaras de Matar” un momento convulso para un continente que es un mosaico de pueblos con nombres y jerarquías difíciles de recordar en un primer vistazo. Ésta es la crítica más habitual que se le hace, su apariencia de memorias escritas por un nativo de la región, que resultan oscuras para nosotros, los extranjeros. La mayoría coinciden también en que ese es parte de su encanto: nadie puede negar que las extrañas denominaciones son lo que hace a esta novela diferente y le dan mucha de su fuerza. A medida que uno lee se acaba acostumbrando y cuando aparecen palabras como “altacopa”, “gargal” o “pandalume” se siente un estremecimiento, como si se conociesen de toda la vida.

Quizá lo que no llegó a convencerme es que los pueblos y sus nombres se presentasen en el prólogo, junto con una lista de los protagonistas, a la manera de las obras de teatro. No sé si es algo achacable a mi edición o pasa también en las demás, pero creo que por una parte la explicación podría estar integrada en la narración y por otra la lista era innecesaria. Los “actores” principales destacan casi desde la primera página y aunque sean muchos, para un lector que opta por el género fantástico no debería haber problema (pensemos en el elenco de “Juego de Tronos”, por ejemplo).

La historia es multifacética. Seguiremos las andanzas de Corocota, portador de la máscara de matar del lobo, que cruzará la tierra de los Seis Dedos para cumplir el encargo de cobrar la cabeza de la bruja Tuga Tursa, marcada por haber incendiado un santuario. Por el camino se cruzará con diversos personajes, como Taravusa, el ogro, Palo Vento, el hombre serpiente o Te-Cui, el estudioso, que escribirán sus propias andanzas, tanto o más importantes que la suya. De fondo estarán los vientos de guerra que hablan del regreso de la Máscara Real, forjada antaño para unificar a todos los pueblos y renacida ahora debido a la ambición de los reyes-brujos. Pero no esperemos un comienzo, desarrollo y final al uso, ésta es una crónica de hechos que se entremezclan para que podamos captar una instantánea -con todas las carencias que ello supone- de un mundo ajeno al nuestro.

La intensidad, el salvajismo y la sensualidad impregnan cada párrafo de “Máscaras de Matar”. Hay guerreros cubiertos de tatuajes rituales que recuerdan a los pictos, bailarinas desnudas enjoyadas que agitan sus espadas en medio de la batalla para incitar a sus enemigos, peleas, pasión y sangre, mucha sangre. Las normas de etiqueta son esenciales para estos bárbaros paradójicamente tan refinados. Una mala mirada en el mercado puede suponer chocar los aceros e incluso perder la cabeza, porque aquí nadie se toma a la ligera el lugar que ocupa y ante quién debe inclinarse. Pero no sólo hay violencia (retratada de manera espectacular, eso si) entre la Cordillera del Bal-Bartan y las Llanuras Orientales, sino también una galería de personajes, carismáticos, misteriosos o simplemente crueles, que reflexionan sobre su propio mundo y las fuerzas que enfrentan en él.

Es impresionante lo que León Arsenal ha logrado con “Máscaras de Matar”. Hay pocos libros que tengan como éste la capacidad de arrastrar al lector a un mundo fantástico, nuevo y sorprendente, un mundo con tanta fuerza y magnetismo que sientas dejarlo al llegar al final. Supongo que esa sensación de querer volver allí, con toda esa gente extraña y brutal, y el deseo de releer sus páginas para hacer saltar la magia una vez más es lo que diferencia una novela corriente de una excepcional. Que nadie la deje escapar.

¿Y quién se atreve a convertirla en un juego de rol?

2 comentarios:

  1. La verdad es que coincido bastante contigo en la apreciación de Máscaras de Matar. Y digo bastante porque para mi no es una novela sino dos con dos finales distintos. Ambas unidas por un marco geográfico-histórico común, casi un tratado de antropología fantástica, pero dos. No soporto los dos finales y como la segunda novela se desinfla sin pausa hasta al final. Algo frustrante si tenemos en cuenta el magnifico ritmo de la primera. Es una obra que recuerdo terminar con un sentimiento de frustaración y enfado. Tres ideas rondaban y todavía rondan mi cabeza: ¡no puede terminar así!, pide a gritos una segunda parte donde arregle el desaguisado y ¡por fin una ambientación de fantasía original!. Sí, un juego de rol sobre Máscaras de Matar sería muy interesante. A titulo personal dirigi dos veces a dos grupos las dos novelas que en realidad son Máscaras (usando un sistema de mi propia cosecha) y la verdad es que el resultado fue bueno en ambas ocasiones.
    Saludos.

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  2. La verdad es que esta novela resulta tan grande como decepcionante. Grande por lo que nos presenta y por lo que se aleja de los cliches comunes, y decepcionante por lo que abandona y deja por explicar Leon Arsenal una vez termina la novela corta (casi relato largo).

    Casi da pena que Arsenal no sea un autor yanki, si lo fuese tendriamos ya la decima novela del mundo de Mascaras que seria un bestseller, pero como no se llama Martin tenemos que aguantar con esta solitaria novela y el con un discreto premio.

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