lunes, 29 de septiembre de 2008

La segunda entrega en cines de las andanzas de Hellboy era para mí lo más esperado de este verano, mucho más que El Caballero Oscuro, otra segunda parte que prometía ser impresionante. Guillermo del Toro y Mike Mignola repetían como director y escritor respectivamente, así que al menos había cierta garantía de que serían fieles al personaje y habría una buena historia detrás. Los primeros resúmenes del argumento parecían confirmarlo:


Un antiguo príncipe de los elfos decide regresar de su exilio y romper la tregua que su reino tiene desde tiempos inmemoriales con los hombres. Para ello reclama el liderazgo del Ejército Dorado, una fuerza legendaria e indestructible sellada en las bóvedas del inframundo. Hellboy, junto con el resto del BPRD, tendrá que impedirlo antes de que ponga en peligro a toda la humanidad.

Guillermo del Toro es junto con Tim Burton uno de los pocos directores que sabe trasladar historias fantásticas a la gran pantalla sin que se vean falsas o sobrecargadas de imágenes por ordenador, aportando además un punto de vista original a todo lo que toca. Hellboy II es un paso más allá desde “El Laberinto del Fauno”, y supone también un cambio de enfoque a las aventuras del gigante rojo. Un cambio que no ha gustado a todo el mundo: un amigo explica muy bien los puntos flacos en su reseña en Área 42.

Este Hellboy tiene pareja, Liz Sherman, está más ansioso que nunca por salir a la luz pública y se enfrenta a retos mayores, tanto personales como profesionales. Sigue siendo el mismo gamberro sin respeto por la autoridad que vimos en la primera película, pero ahora se encuentra de bruces con las consecuencias de sus acciones y debe decidir que camino seguir, lo que marcará su vida (y es de suponer que también lo que ocurra en los siguientes episodios de la saga). Abe también dejará de lado su papel de psíquico y enciclopedia anfibia para explorar su lado más humano, al igual que su compañero. Es una pena que hayamos perdido en el camino a John Myers, que daba el punto de vista de alguien “de fuera” de la organización y hayamos ganado a un ectoplasma en escafandra algo cargante.

Lo mejor de "El Ejército Dorado" está en el escenario y la caracterización de personajes y criaturas, sin duda. Personalmente me quedo con el Príncipe Nuada, que es como muchos fans habrán imaginado alguna vez a Drizzt Do'Urden, rápido, mortal y con una presencia imponente. Su primera aparición en los túneles del metro de Nueva York es como para enmarcarla, y sus enfrentamientos a espada o lanza son las mejores escenas de acción de todo el metraje. Es una lástima que se quede en un villano obcecado más y no se aproveche la parte fatalista y predestinada de su personalidad, que en mi opinión es lo que le hace luchar hasta la muerte (y no el ser un malo de película, de esos que no se rinden nunca).

La aparición del elemental, en otra gran escena, también sirve para reforzar esa idea de que la historia no habla simplemente de una lucha del bien contra el mal, sino que el mensaje de fondo es otro, aunque al final quede un poco escondido en la carrera por llegar al final.

Entre los puntos oscuros y empezando por lo más simple, me pareció un error que Krauss estuviese doblado por Santiago Segura con ese acento tan horrible, que hacía saltar la ambientación a cada palabra. Al menos en Blade II se le soportaba sólo durante un par de escenas y sin tanto diálogo. Sólo espero que Del Toro se canse de dar trabajo a su amigo en todo lo que filma.

Tampoco el enfrentamiento final es lo que cabría esperar, aunque venga precedido por un combate espectacular contra gigantes mecánicos. El Príncipe Nuada es un oponente excepcional pero el escenario, una cripta perdida en medio de Escocia, queda algo pobre después de haber visitado la corte del rey de los elfos y el Mercado de los Trolls y haber estado rodeados de seres fantásticos de todo tipo.

Tomando ideas
Llego un poco tarde para recomendar usar el mundo de Hellboy como ambientación para un juego de rol: ya existe una versión para GURPS y en internet se puede encontrar alguna más hecha por fans.

De esta película sacaría varias lecciones importantes, sobre todo para los prefieren, como yo, hacer partidas de género sobrenatural / fantástico en la época actual:

Por un lado Del Toro hace creíble y palpable lo increíble, por otro consigue que el día a día pueda tener detalles fantásticos y que la transición entre ambos mundos sea natural. Bajo el Golden Gate puede esconderse un bazar mágico y grotesco, por nuestras aceras caminan disfrazados los elfos y el hada de los dientes es algo mucho más siniestro de lo que pensábamos. Lograr presentar de forma cercana el "otro lado", tan mezclado con el nuestro que de un significado nuevo a las leyendas, es una tarea que autores como Mignola o Neil Gaiman hacen muy bien, y debería ser nuestra aspiración.

El director repite en ésta un recurso de la primera: la escena introductoria en un museo. Aunque ahora sea una casa de subastas los elementos se repiten, incluido el momento en el que Abe echa mano de los libros para averiguar a qué criatura se están enfrentando. En la primera la aparición de Rasputín la vemos con un flashback, mientras que la del príncipe Nuada es en “tiempo real”. Si ambas funcionan tan bien es porque permiten al guionista encarrilar a los protagonistas hacia la trama principal, a la vez que presenta a los que serán sus enemigos. En el caso de una partida de rol, podemos lograr el mismo efecto con un interludio (hablamos de ellos hace tiempo en un par de artículos, I y II) en el que los jugadores no intervengan pero sean espectadores de excepción.

Más ventajas de empezar así la historia: hay acción desde el principio -la investigación no tiene por qué ser aburrida- y como decíamos antes, logramos ese ambiente mezcla de cotidiano y sobrenatural. Un museo o una casa de subastas son lugares adecuados porque contienen objetos de todo tipo de culturas, muchos de ellos escondiendo todavía secretos no explicados por la ciencia.

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