martes, 31 de julio de 2007

Hablando con un amigo sobre los tipos de personajes que solemos interpretar en las partidas, llegamos a la conclusión de que normalmente cada cierto tiempo se repite "el personaje", un arquetipo recurrente al que tenemos especial cariño. Puede ser por multitud de razones, porque nos sintamos identificados o porque represente lo que nosotros desearíamos ser en un mundo de fantasía. A veces la identificación llega hasta tal punto que incluso lo recreamos en los videojuegos (yo lo hice en el "Neverwinter Nights").

Usando una clasificación al estilo del sistema Fate, diría que mi personaje recurrente es el guerrero acrobático, de oscuro pasado y con una misión desconocida. Normalmente tiene poderosos enemigos y arrastra una maldición u horrible secreto. Silencioso, taciturno pero en el fondo de buen corazón, no llega a ser un antihéroe, pero casi. Prefiere el enfrentamiento "casi" directo, combinando habilidades de luchador con otras de subterfugio. Como armas suelo elegir llevar dos espadas (aunque en mi etapa AD&D prefería el clásico elfo equipado con arco y espada), además de una armadura ligera que no estorbe. El Príncipe de "Prince of Persia: El Alma del Guerrero", es una buena versión de ese arquetipo.

Eso, claro está, en una ambientación medieval fantástica o similar. Para otras elijo personajes que pueden tener algún rasgo parecido, por ejemplo un cazarrecompensas o contrabandista para las de ciencia ficción. En el lado opuesto, casi nunca interpreto personajes que utilicen magia o poderes, o que sean claramente malvados.

Hasta aquí "mi personaje recurrente" los que se animen pueden comentar cuáles son los suyos, o aquellos por los que tengan especial predilección.

5 comentarios:

  1. Mi personaje recurrente, es sin duda alguna, un mago. Inteligente, callado, misterioso. Un personaje que habla sólo cuando tiene algo importante que decir, y lo que dice lo dice con las palabras justas. Ni mas, ni menos.
    Físicamente débil por haber pasado la mayor parte de su vida estudiando sus libros de magia, rehúye cualquier tipo de combate físico.
    Generalmente lo interpreto como un personaje neutral/bueno.

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  2. En mis partidas hay dos personajes recurrentes. Uno de ellos es un mago que siempre lo pasa fatal. Si consigue un libro de conjuros, el barco en el que va se hunde y lo pierde en el mar. Lanza una bola de fuego a traves de una puerta... justo despues de que la cierren. Es el que abre la puerta que no debe. El que indica el camino que no toca. Y lo mejor es que no lo hace a proposito.

    El otro personaje recurrente es un ladron. Pillo. Incosciente. Simpatico. Y es amigo intimo del mago anterior, asi que os podeis imaginar las partidas que salen cuando se juntan los dos.

    En entornos no fantasticos, el ladrón sigue cogiendose un ladron / ratero, mientras que el mago cambia la magia de lo arcano por la magia de la ciencia. El resto... no cambia.

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  3. En mi caso, mi personaje recurrente es un tecnicista (la costumbre de anima :P ) o un pícaro armado con dos dagas largas/estoques. Se caracteriza por ser especialemente distraido, abstraído e independiente. Es un soñador que ignora lo que ocurre a su alrededor ya que siempre se encuentra ensimismado,

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  4. Pues mira tú por dónde, me acabo de dar cuenta de que en mi Tierra Media ya han aparecido tres tipos (de los trascendentes para la historia) que:

    Arrastran la culpa de un crimen o falta, son bastante silenciosos y/o no aparentan la fiereza que en realidad tienen. Mi personajillo recurrente sorprende normalmente de alguna manera por el singular tamaño de sus bíceps o alguna otra capacidad relacionada con dicho crimen o falta, y la capacidad de manejar un arma fabulosa o esgrimir una capacidad temible que ha venido bien o fatal en algún momento de necesidad.

    De una manera o de otra, al cruzarse (o no) con mis PJ´s, si anda con ellos, suele acabar, forzado por las situaciones en que le ponen, llevando a cabo alguna acción extrema de vileza u honor, que acaba de enloquecerle o le redime. Extremos en general, siempre, en el amor y en el odio.

    En realidad no me identifico exactamente con ellos, ni tampoco creo que fuese agradable, que digamos, estar en sus atormentadas pieles.

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  5. Un sacerdote sin duda, que pone su fe por encima de sus intereses personales, de preferencia de algun dios no tan extremo y que el origen de esta fe tan profunda sea un episodio relacionado con la pérdida que lo hizo encontrar el camino sagrado.

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