martes, 23 de mayo de 2006


Desconcertante, visualmente impactante y onírica, así se puede definir esta película, dirigida por Mark Foster (Monster's Ball, Descubriendo Nunca Jamás) y escrita por David Benioff (Troya, La Última Noche y las futuras Wolverine o El Juego de Ender). En los papeles protagonistas, haciendo un trabajo excepcional, encontramos a Ewan McGregor, Ryan Gosling y Naomi Watts. "Stay", el título original, es más adecuado que el que se ha elegido en castellano, como suele ser habitual.

No se puede contar demasiado de Tránsito porque en el descubrimiento, paso a paso, del gigantesco puzzle que conforman sus imágenes y escenas, es donde está su mayor interés. Tampoco puedo compararla con otras películas (hay algunas muy evidentes), porque sería estropearla igualmente. Tan solo diré lo que ya se ha podido leer en otros lugares: el psiquiatra Sam Foster (McGregor) recibe el encargo de ocuparse del caso de Henry Letham (Gosling), que amenaza con suicidarse el día de su 21 cumpleaños, emulando así a su artista preferido. La carrera para evitarlo llevará a Sam a través del mundo de Henry, haciéndole plantearse su propia cordura.

Se ha dicho que sólo destaca por sus recursos visuales (hay escenas que me dejaron con la boca abierta, otras admirando la habilidad del director para construir ambientes y secuencias encadenadas), pero para mí también su historia atrapa de una forma especial. Y entre Ewan McGregor y Ryan Gosling, el que creo que borda su personaje es el segundo, aunque el papel de desequilibrado enigmático y emotivo pueda parecer el más fácil.

¿Qué es y qué no es Tránsito? ¿Es suspense, es drama, es fantástica? Yo llegué a ella pensando que se trataba de una historia de fantasmas. La conclusión final debe extraerla cada uno. En definitiva, la recomiendo.

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