jueves, 18 de mayo de 2006


Antes de ponerme con ese artículo sobre cómo escribir guiones para aventuras que llevo posponiendo desde el mes pasado, voy a hablar sobre un recurso narrativo que ha servido como base a algunas de las mejores películas de la historia: el MacGuffin. No es el apellido de nadie sino la manera de llamar a un objeto o una persona que sirve para poner en marcha la trama y empuja a los protagonistas, pero que no se muestra en ningún momento y que cuando todo acaba, no tiene mayor importancia. No es nada más que una excusa.

El nombre surge de las películas de Hitchcock (se lo puso él o alguno de sus colaboradores), y él es el maestro de su uso, aunque también hay otros ejemplos clásicos: la estatuilla de El Halcón Maltés o más recientemente el maletín de Pulp Fiction, del que nunca vemos su interior pero hace que conozcamos a Vincent y Jules. Y a partir de ahí, al resto de personajes.

Un MacGuffin tiene sentido cuando lo que nos interesa no es tanto la resolución de dilema que se plantea sino lo que pueda haber de por medio. Si alguien llama al despacho de nuestro grupo de investigadores y les encarga recuperar un sobre con documentos de la embajada china, lo que realmente importa es la investigación, el plan, los imprevistos, etc. Lo que contenga el sobre es indiferente (aunque a posteriori pueda servirnos para iniciar otra aventura).

Lo opuesto a un MacGuffin es una trama progresiva, en la que los objetivos sí que tengan trascendencia para el fin de la misma. Imaginemos que los jugadores son un grupo de espías en Alemania Oriental durante la Guerra Fría y tienen el objetivo de encontrar a un matemático, el profesor Matthias Kruse. Si sólo dan con él al final, después de superar problemas y despistar a espías enemigos, el pobre individuo sería un MacGuffin, con la relevancia de una silueta de cartón: tanto podría haber sido él como el collar de diamantes de Maria Antonieta. Sin embargo, si le localizan durante la primera parte de la misión y les cuenta que sólo huirá con su familia, ya deja de ser una excusa para transformarse en un nudo de la trama. Un simple rescate deriva en una búsqueda de su mujer y sus hijos por las comisarías de la ciudad y luego, al no poder usar la ruta de escape prevista, en un arriesgado vuelo con un planeador improvisado sobre el Muro de Berlín.

No hay que pensar que el uso de MacGuffins hace peor o mas simple una aventura. La mayoría de los libros y películas los usan, y como decía al principio, Hitchcock era un gran defensor de este recurso. Da igual lo que haga arrancar la acción, que atrape, tenga ritmo y sea de calidad depende de muchos otros factores, de los que ya hablaremos.

2 comentarios:

  1. Invito a todo el mundo a ver este video http://www.nachovigalondo.com/videos/leccion1.mov

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  2. Muy bueno, un ejemplo estupendo. Yo ví una vez uno similar con una bomba y Alfred Hitchcock.

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